De «Los últimos Jedi» esperaba más profundidad, más elegancia, más sutileza
16 dic 2017 . Actualizado a las 17:02 h.Comentar una de Star Wars equivale a caminar sobre el alambre porque te pueden soplar de un lado o del otro para que te la pegues. Si renuncias a sacar el aguijón, es que eres un fan irreductible. Si lo sacas, es que no te enteras, Contreras... Así que pongámonos equidistantes, sin entrar en los matices del culto porque la saga ya es una religión. Con franqueza, esperaba de Los últimos Jedi más profundidad, más elegancia, más sutileza. Vaya por delante que a priori Rian Johnson, que asume la dirección y el guion -George Lucas solo pasó por allí y se marchó-, no inspiraba demasiada confianza por su filmografía bastante común, exceptuando tres episodios para Breaking Bad. Podemos hablar del esquematismo de algunos personajes, los vaivenes de otros -el piloto Oscar Isaac es como algo veleta-, el tratamiento dado a Luke Skywalker... en fin, que si buscamos las costuras del traje, encontramos también un metraje excesivo y, váyase a saber si es premeditado, una cierta infantilización para satisfacer a las nuevas generaciones para las que ya se está trabajando, que hablamos de Disney, no lo olvidemos.
Es ese público -el etiquetado como teen- quien se encontrará muy cómodo con este Episodio VIII, en donde la malvada y poderosa Primera Orden se propone aniquilar a la Resistencia y borrar de «una galaxia lejana» a cualquier rastro de los Jedi. Ensordecedoras batallas a mazo -con el sonido Atmos están al límite de lo soportable-, y alguna escena de lucha salpican un metraje al que sobra media hora. A fieles y nostálgicos les dan el subidón de la marcha inicial de John Williams y la emoción de despedir a Carrie Fisher como Leia Organa, para sumirlos en la sensación de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Sin duda la franquicia se rinde al mainstream palomitero, sobre todo ahora que conviene hacer caja para afrontar esos más de 50.000 millones de dólares que Disney pagó por el catálogo entertainment de la Fox. Con todo, confiemos en J. J. Abrams para que en el 2019 ponga el punto final para que los fieles más fieles se suban por última vez al Halcón Milenario. Con dignidad.