Tal como sospechabas antes de contemplarla, la película no te dejará indiferente aun con su aire a «Los viajes de Gulliver»
26 dic 2017 . Actualizado a las 08:13 h.Sabes que Alexander Payne nunca te ofrecerá un bodrio, ni siquiera un palomitero bien empaquetado, porque su trayectoria lo avala desde que en 1999 despuntara con Election, a las que seguirían otras, sobre todas Nebraska (2013) y antes Entre copas (2004). Con esta última y Los descendientes (2011), se llevó sendos Óscar compartidos al mejor guion adaptado. Es un tipo normal, que en los primeros años ochenta, estudiante veinteañero, residió en Salamanca y desarrolló un fino sentido del humor que califica de «español» y admira a Buñuel. Una vida a lo grande no podía ser menos y, tal como sospechabas antes de contemplarla, no te dejará indiferente aun con su aire a Los viajes de Gulliver… Saldrás consciente de haber visto un filme que pervivirá y dará mucho juego por su propuesta temática, pero que quizá adolezca de redondeo narrativo, esa sensación de haber embuchado un montón de interesantes ideas sin suficiente desarrollo, o incluso la contraria, de haber alargado demasiado el pilar central. Pero también ocurre que dejada atrás la proyección, con el paso de las horas algunas de aquellas reflexiones, apenas esbozadas, evolucionan al estadio de singulares.
Cuenta el propio Payne que pensó en Matt Damon porque es un tipo normal en lo personal y muy convincente para encarnar a un personaje común -al estilo del vestido en la sugerente Suburbicon, todavía en cartel-, con el que el espectador no tenga reparo en identificarse. La ciencia ya puede reducir a los seres vivos y una multinacional ofrece la posibilidad de una civilización paralela, de modo que con el precio actual de un café podrás comer una semana y en apenas tres metros cuadrados dispondrás de una mansión cuyo coste es de risa... Además, la posibilidad de ajustarse a un modelo de sociedad mejor organizado. Realmente, todo eso en la teoría porque ocurrirán cosas y la utopía comenzará a revertir en toda su crudeza. Payne y su guionista Jim Taylor aprovecharán para hurgar en algunas heridas del modelo social y económico actual, tirando de ironía y humor negro. Lo dicho, tan brillante como difusa.