Con encanto de otro tiempo

«El gran showman» aspira a varios Globos de Oro y se codea con las mejores películas


Lo que menos te esperas es que a estas alturas del siglo XXI, con las macrocifras de Hollywood volcadas al mainstream de superhéroes, derroche de CGI y posproducción a mazo, la muy poderosa Fox se entregue a un debutante para servir un producto que habría quedado estupendo a mediados de la pasada década. De guinda, en clave musical, un género que todos los años intenta repuntar pero se mantiene como veneno para la taquilla… Como lazo del envoltorio, el biopic de un fulano del XIX al que casi nadie conocía. Vamos que, a priori, tenemos la madre de todos los fracasos reunidos en El gran showman. Pero para fiasco de economistas sabiondos, críticos relamidos y directivos de estudio más cortos que el rabo de una mosca, la película está teniendo una muy aceptable taquilla en su país, aspira a varios Globos de Oro codeándose con las mejores y no se descarta alguna propinilla para los Óscar. Al final, resulta que el público es soberano, y hasta aquellos despistados que entran a verla por Hugh Jackman o que fueron seducidos por su tráiler, dejan la sala con indisimulado gesto de sorpresa.

Y es que les contaron una buena historia en tono casi disneysiano, pero bien trufado de coreografías vistosas y letras pegadas a la trama. Este crítico es uno de ellos, aunque reconoce que pasó a verla dejando los prejuicios en el perchero. De Phineas Taylor Barnum (1810-1891), estoy seguro, sabíamos tanto como de la cría de marsupiales en cautividad, y resultó ser un visionario metido a empresario y fundador del que sería el mejor circo del mundo, partiendo de un concepto novedoso que pasaba por reclutar a lo más raro del ser humano -mujer barbuda y enanos incluidos-, junto a los inevitables leones y elefantes, para exhibirlo al público bajo el prisma de un espectáculo original y vistoso. Vamos, aquello del hombre que tiene un sueño, lo del tipo hecho a sí mismo, y lo de luchar contra mareas y tempestades. Sin olvidar el respeto a la diferencia, la dignidad de la persona, etcétera. Es también cine familiar, un filme como los de antes que aspira a entretener sin renunciar a la honestidad.

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