En «Molly's Game» Sorkin logra en la forma su incuestionable cuota de notabilidad
07 ene 2018 . Actualizado a las 09:15 h.Aaron Sorkin no es un extraño a la ficción audiovisual de calidad. Lo fue con sus guiones para directores como Rob Reiner, Mike Nichols, David Fincher, Danny Boyle… O con sus memorables creaciones televisivas, la más recordada El ala Oeste de la Casa Blanca (1999-2006) y tampoco estaba mal The Newsroom (2012-2014), sobre los avatares de un informativo. A los 56 años dirige su primer largo y se pega el gustazo de filmar su propio guion, ahorrándose el suplicio de que otro lo recree, no siempre como te habría gustado. Con estas credenciales, Molly´s Game ya tenía medio camino andado, pero además tenía que dotarle de su impronta, sobre todo en los diálogos y en el parloteo inteligente. No solo cumple expectativas con su crónica de la vida real de Molly Bloom, organizadora de millonarias timbas de póker, primero en Los Ángeles y después en Nueva York, hasta que el FBI se cruza en su vida… Un caramelo que Jessica Chastain -puede que una de las mejores actrices de su generación-, saborea con deleite y ofrece un registro memorable gracias también a su pulsión dramática.
Ya sabemos que Sorkin nos va a contar la frustrada carrera de una brillante joven esquiadora de élite a causa de un accidente, su tirante relación con su padre -Costner, cada vez mejor actor-, la búsqueda de una oportunidad lejos de casa, el éxito económico y su posterior batacazo. En el fondo nada que no hayamos visto en otras ocasiones, pero es en la forma en donde logra su incuestionable cuota de notabilidad. Incluso en cuanto a estructura narrativa, con unos minutos iniciales que son pura adrenalina para ponernos al tanto de la peripecia vital previa de Molly, y continuar después al más puro estilo Sorkin, con el drama y no poca ironía, dando paso a ingredientes de thriller, evitando caer en lo más fácil: extenderse con la crónica judicial, aspectos que, sin rechazarlos, dosifica para no saturar al espectador. Se habla mucho en el filme, pero se habla bien. Sin dejar de anotar que Sorkin deberá pulir su sentido del ritmo, estamos ante cine con mayúsculas, que del otro vamos sobrados.