El filme evita sutilezas y se centra en el retrato de unos personajes que no tienen nada que perder y gracias a eso consiguieron prender una brecha que inició el cambio
26 ene 2018 . Actualizado a las 07:27 h.Francia, 1989. La sombra del sida acosa a una comunidad (especialmente la homosexual), que se siente desinformada y desprotegida por el Gobierno. Miedo y dudas son el día a día de enfermos y grupos susceptibles al contagio, mientras la sociedad en general mira hacia otro lado, catalogándola como enfermedad de minorías, siempre con un halo de marginalidad. Ese año nace el Act Up, movimiento en el que un grupo de activistas pretendía dar visibilidad al problema, despertar y concienciar a la sociedad, y atacar a unas farmacéuticas llevadas por intereses económicos.
Esta lucha, ambientada a principios de los noventa, es la que evoca Robin Campillo con pulso firme y conciencia clara, en un filme en el que evita sutilezas y se centra en el retrato de unos personajes que no tienen nada que perder y gracias a eso consiguieron prender una brecha que inició el cambio.
La película se compone en su conjunto en torno a una dualidad; la de la palabra frente a la acción. Las reuniones asamblearias donde se discute (a veces interminablemente, como en la vida misma) y se toman decisiones, frente a la puesta en marcha de la guerrilla urbana.
Pero mientras en las secuencias de las asambleas -donde tanto se nota el trabajo previo de Campillo con Laurent Cantet en La clase- el filme acaba perdiendo fuelle, es en cambio en sus acciones, así como en la pista de baile donde los cuerpos en estado febril lo dan todo al límite, y especialmente en un tramo final dotado de una secuencia de duelo de esas que conmueven de verdad, donde este mejor funciona, y donde reside su verdadero espíritu.
Y aunque el metraje quizás sea excesivo, y la transición de lo grupal (el movimiento) a lo individual (la historia de amor) demora en demasía, estamos ante una película combativa que da voz a una enfermedad que dista de estar erradicada hoy día, y que nos recuerda qué es la lucha en las calles en una época donde la rebeldía no pasa del mostrar indignación vía redes sociales.