Receta para todos los paladares

CULTURA

«C'est la vie» es una película sin riesgos, de entretenimiento puro, sin gran derroche de creatividad pero con buenos actores y un puñado de buenas intenciones

01 feb 2018 . Actualizado a las 08:05 h.

Olivier Nakache y Eric Toledano, realizadores franceses conocidos por ser los artífices de la exitosa Intocable (2011), cuentan con una fórmula que emplearon en esta cinta y en la posterior Samba (2014), y que es la esencia de su cine: realizar películas amables, comerciales y para todos los públicos, con una vertiente social pero siempre desde un trasfondo de optimismo buenista.

C'est la vie, su nuevo filme, responde a estos preceptos, pero dejando (en este caso, acertadamente) más de lado el tema social para volcarse sin remilgos en la vis cómica. A lo largo de una sola jornada, asistimos a la organización y celebración (con su correspondiente debacle y resurgimiento) de una boda de alto copete en un antiguo castillo de la campiña francesa. Sobra decir que todo lo que podría salir mal para aquellos que llevan a cabo el evento, saldrá peor, mientras el espectador asiste a una ilación de gags más o menos afortunados, pero con buen ritmo y coherencia.

Ciertamente, su argumento no es excesivamente original, y su reparto coral reproduce todos los arquetipos que en esta situación podamos imaginar (novio repelente, fotógrafo gorrón, ayudante de mal carácter...), pero cuando menos cuenta con buenos actores que consiguen darle mayor relevancia. A destacar, especialmente Jean-Pierre Bacri, que borda sin mucho problema su papel de dueño de empresa y organizador de eventos que sobrevive a toda la locura que le rodea, o Gilles Lellouche derrochando ego de cantante de orquesta.

En resumen, es C'est la vie una película sin riesgos, de entretenimiento puro, sin gran derroche de creatividad pero con buenos actores y un puñado de buenas intenciones, y como tal resulta una recomendable comedia fácilmente adaptable a todos los paladares.