Cuando los juegos eran «de palma», no digitales

J. C. Gea GIJÓN

CULTURA

Una donación particular aporta al Pueblu d'Asturies casi 3.000 piezas de cromos troquelados, el popular juego que entretuvo a la infancia durante un siglo

16 feb 2018 . Actualizado a las 10:37 h.

Antes de los videojuegos fueron, por ejemplo, los cromos de palma. Lo digital era puramente manual en diversiones infantiles como esta, que sonará casi neolitica a los actuales forofos de los e-sports y jugones on line. La cosa era como sigue: cada jugador tenía su propia colección de cromos, de tamaño y calidad variables; se formaba un montón de cromos, se daba un golpe con la palma de la mano sobre él -de ahí el nombre- y el jugador se quedaba con los que caían boca arriba, aumentando su colección. Tenía su misterio. Había técnicas, se cruzaban apuestas, había piezas más o menos de relleno y otras muy codiciadas. Y ahora que han pasado a la historia, son también pieza de museo. El del Pueblu d'Asturies, siempre atento a rescatar y conservar cualquier rescoldo de la vida cotidiana en otro tiempo, incorpora ahora a sus colecciones una numerosa colección de estos cromos troquelados donados por los coleccionistas Marisa Barrios Moro y Rubén Menéndez Álvarez,

El interés del Pueblu d'Asturies en esta peculiar colección se explica desde su atención a las artes gráficas, una de las manifestaciones industriales y culturales mejor tratadas en el centro, tanto por su valor artístico como por su valor testimonial y su vinculación a la memoria de varias generaciones. Como otros materiales de artes gráficas, se consideran englobados en los denominados Ephemera: técnicamente, una «extensa y variada gama de representaciones gráficas elaboradas con un propósito específico que no pretenden sobrevivir a la actualidad de su mensaje» a la que se presta cada vez más atención. El repertorio es muy amplio: felicitaciones, recordatorios y estampas devocionales, invitaciones, programas, carnets de baile y ofrecimientos de orquestas, almanaques de bolsillo, calendarios murales, paipais, etiquetas y envoltorios de productos comerciales, postales, juegos recortables, teatros de papel, naipes, facturas y papel de carta... y por supuesto, cromos de palma.

Entre el XIX y 1980

La donación acogida por el Pueblu d'Asturies comprende de 2.851 piezas, de las cuales 1.703 son cromos individuales y 1.148 son pliegos de cromos. Esta presentación, en pliegos en los que las piezas iban unidas por pestañas de los que se desprendían, era la habitual. Muchos de los cromos fueron cromolitografiados, con barnices o con relieve, mientras que los más modernos son ya de offset. Su datación es la del largo periodo en el que se mantuvieron entre las preferencias de la infancia, no solo la española, sino también la europea y la norteamericana (donde se los conocía como scraps): desde finales del XIX hasta 1980, cuando entraron en su definitiva decadencia. Su temática era muy variada: retratos, imágenes de parejas, niños, escenas navideñas, animales y plantas, transportes, ciudades, deportes, música, circo, juguetes o banderas. También los hay que se refieren a cuentos infantiles y religiosos.

La alta demanda de este juego infantil dio mucho trabajo a imprentas, especialmente en Gran Bretaña, Alemania, Austria y Francia, así como en Estados Unidos. Entre las españolas, EVA, Editorial Vasco Americana, hacia 1950-1960; BOGA; Editorial Roma, de  Madrid, y SIMA fueron algunas de las más activas en esta producción. Además, en España, fue muy habitual el uso publicitario de este tipo de producto gráfico, fundamentalmente por las empresas chocolateras que los incluían como obsequio. Juncosa, Amatller, Compañía Colonial, Maner, Jaime Boix, S. Antón, José Gómez Murias, Matías López o La España fueron algunas de esas populares marcas.