Pilar Fatás: «La nueva cronología del arte rupestre no supone un demérito para Altamira»

La conservadora, que mañana visita Ferrol, señala que el valor de las pinturas reside más en su calidad que en su antigüedad

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Ferrol | La Voz

Hasta hace poco tiempo, la comunidad científica pensaba que las pinturas de Altamira, en Santillana del Mar (Cantabria), se encontraban entre las más antiguas del arte rupestre europeo, pero un reciente estudio publicado en Science ha demostrado que los neandertales ya pintaban y que hay pruebas de ello en varias cuevas españolas. ¿Le resta eso importancia a las figuras del famoso monumento cántabro? Para Pilar Fatás (Zaragoza, 1971), directora del Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira, la respuesta es un rotundo no, puesto que la cueva posee una serie de valores que la siguen haciendo «única» dentro del arte rupestre. «Es como si dijéramos que el arte renacentista es mejor que el barroco por ser más antiguo», advierte Fatás, que mañana ofrecerá una charla en el camps universitario de Ferrol (a las 19.30 horas, en el salón de actos del campus) dentro del ciclo de la Cátedra Jorge Juan.

-El estudio publicado por «Science» ha revolucionado el marco cronológico del arte rupestre, pero dice usted que eso no afecta a la relevancia de Altamira. ¿Por qué?

-Ese hallazgo no supone ningún demérito para Altamira, porque el principal valor de la cueva no es tanto su antigüedad como la gran calidad artística y el valor simbólico de sus pinturas, que las hacen únicas dentro del período del Paleolítico superior. De hecho, el principal tesoro de Altamira es el techo de los polícromos, cuyas pinturas son de hace unos 15.000 años, cuando en la cueva hay figuras anteriores y la más antigua es de hace 36.000 años. Lo que se valora de Altamira es la belleza y calidad artística de las pinturas, la forma en la que se aprovechó el volumen de la roca para hacerlas, el uso del color... Todas esas características son las que la hacen excepcional. Por otra parte, estamos encantados con los avances que se están dando en cuanto a la datación de del arte rupestre en general, ya que eso nos va a permitir establecer un marco cronológico más preciso. Hasta ahora siempre pensamos que fue el homo sapiens el primero en desarrollar el arte y con estas dataciones se ha empezado a valorar que nuestros primos neandertales también pintaban y tenían pensamiento simbólico.

-¿Sigue habiendo aún misterios por descifrar en Altamira?

-No podemos decir que haya muchos misterios por descubrir, pero sí que quedan cuestiones en las que seguir avanzando. Por ejemplo, hace solo cuatro años, en el 2012, pudimos reordenar cronológicamente las figuras de Altamira gracias al método de datación de uranio-torio, que es el mismo que se ha utilizado ahora para datar las pinturas neandertales de las cuevas españolas a las que hace referencia la revista Science. Pues bien, gracias a ese método pudimos saber que la cueva se empezó a pintar hace 36.000 años y no hace 22.000, como se pensaba antes.

-¿Cuál es el estado de salud actual de la cueva?

-La cueva está bien, está controlada, pero es muy frágil y está en permanente estado de observación. Nuestra principal preocupación es mantener estables las condiciones medioambientales, de ahí la necesidad de limitar las visitas al máximo.

-¿Llegaron a correr peligro las pinturas en algún momento?

-Sí. Eso ocurrió en los años 70 y hasta principios de los 80, cuando se llegaron a contabilizar casi 180.000 visitas al año, una auténtica barbaridad.

-¿Actualmente cuántas personas pueden visitar la cueva al año?

-Solo lo hacen cinco personas a la semana, lo que supone 250 al año. Las visitas se realizan los viernes y ese día, mediante un sorteo, se elige a los seleccionados entre las personas que visitan el museo. Además, el recorrido se hace con un calzado y un traje especial para evitar cualquier contaminación exterior y solo dura 37 minutos.

-Quienes no tienen la suerte de ser seleccionados pueden visitar la neocueva. ¿Qué nos ofrece esta réplica de Altamira?

-Aunque obviamente la emoción no es la misma, la neocueva es el mejor vehículo de información para conocer Altamira, porque reproduce exactamente cómo era la cueva cuando estaba habitada, que no es igual a como está hoy en día, ya que en la primera mitad del siglo XX se hicieron algunas modificaciones para garantizar la estabilidad geológica y para mejorar la accesibilidad de un turismo todavía incipiente entonces. Por ejemplo, en la neocueva el techo de los polícromos se ve mucho mejor, porque el suelo está a menor distancia ya que no fue excavado como en la original. Y también es posible acceder al fragmento final de la cavidad, que en la cueva real está cerrada a las visitas.

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