Gijón

No todos los hombres con grandes fortunas tienen también grandeza de iniciativa, miras y espíritu. El banquero alsaciano Albert Kahn (Marmoutier, 1860-Boulogne-Billancourt, 1940) dispuso de todo ello en abundancia y lo aprovechó hasta donde el crac del 29, los desmesurados costos de sus sueños y el tiempo de su vida se lo permitieron. Su vena filantrópica y humanista concibió un proyecto casi condenado a quedar inconcluso desde el principio: elaborar un atlas visual del mundo de su tiempo utilizando las técnicas de reproducción de imagen más punteras de la época. Atrapar en imágenes toda la piel del planeta tal y como era al inicio de un periodo de cambios acelerados e irreversibles. Naturalmente, no consiguió completarlo. Pero aun así el empeño dejó un legado imponente. Los llamados Archivos del Planeta son una colección de más de 72.000 placas autocromas -realizadas sobre placas de vidrio, y la mayor colección de fotografía en color del mundo-, más 4.000 placas estereoscópicas y 200.000 metros de película cinematográfica en 35mm en su mayoría en blanco y negro. Una pequeña muestra de ese descomunal fondo -450 fotografías- está desde ayer abierto al público en el Centro de Cultura Antiguo Instituto Gijón; y a su vez, una parte de la selección tiene a la Asturias de principios de siglo en unas fotos que, como todas las de la colección, funden con singular fuerza la mirada documental y la pura belleza. Es una de las escalas en la primera muestra dedicada al Archivo del Planeta en España por iniciativa del Círculo de Bellas Artes, con el comisariado de Alberto Ruiz de Samaniego y José Manuel Mouriño.

En su mayor parte son imágenes de Oviedo y su entorno con un siglo justo a sus espaldas. Prestan una especial atención a la catedral y alrededores, a algún grupo humano y sobre todo a los monumentos del prerrománico, mirados con evidente fascinación y amor por el detalle por el geógrafo Jean Brunhes y el fotógrafo Georges Chevalier. Ambos recalaron en Asturias en una de las muchas expediciones que recorrieron 50 países de cuatro continentes desde que en 1912 Albert Kahn encargase al primero una misión colosal: elaborar con un equipo de casi una veintena de fotógrafos de primera categoría «una suerte de inventario fotográfico de la superfcie del globo ocpado y habitado por el hombre, tal como se presenta en los inicios del siglo XX». España fue uno de los destinos del año 1917, y de las 1.775 fotografías que se guardan de aquel viaje, 30 fueron realizadas en Oviedo como única representación asturiana, en una de las escalas con más documentos de aquel viaje.

La exposición está organizada en siete partes, una de las infinitas posibilidades de organización del archivo: geografía humana, aspectos urbanísticos, guerras y conflictos, paisajes, retratos, simbolismos culturales y el añadido de las imágenes asturianas expresamente aportadas para la escala de la muestra en Gijón. Esa treintena de testimonios asturianos en esta exposición dejan patente el espíritu que animó a Kahn y su equipo, que Alberto Ruiz Samaniego describe como «la última mirada virgen» sobre un mundo de cuyo final el filántropo era plenamente consciente: el mundo previo a los albores de la globalización y las sucesivas revoluciones tecnológicas que laminarían diferencias culturales. La mirada -explica el comisario- de un «occidental poscolonialista» que sin embargo advirtió la necesidad de documentar «formas no occidentales de existencia que tenían que ser puestas en el mismo nivel» de su cultura, persuadido de que «la única forma de conocernos a nosotros mismos es conocer a otros». El atlas de Kahn quiso ser, por tanto, una forma de buscar «la familiaridad por la imagen» entre los seres humanos de todas las culturas. Un empeño quimérico, a la vista de la historia de un siglo que Kahn abandonó justo cuando los nazis entraban en París.

Con todo, el depósito de imágenes acumulado es sobrecogedor. Y además, plenamente accesible, a través de la tecnología Open Data, con todas las imágenes geolocalizadas: un testimonio que invita a «viajar por las diferencias» con criterios antropológicos, etnográficos, geográficos o geopolíticos. Y también artísticos y estéticos, porque -como destacan José Manuel Mouriño- los fotógrafos de Kahn «estaban curtidos también en la tradición artística» y concentraron una enorme potencia plástica en estas pequeñas imágenes, muchas de ellas exquisitas.

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El Oviedo de hace cien años visto con «la última mirada virgen» de la historia