La peripecia del secuestro del nieto de Getty, caso real en la Italia de 1973, se adscribe al cine de género con una elegancia incuestionable
09 mar 2018 . Actualizado a las 08:25 h.Se podría titular de otras maneras, pero es una de las ofertas temáticas de Todo el dinero del mundo. Más allá de la rentable polémica de sustituir al defenestrado Kevin Spacey por Christopher Plummer, con el consiguiente esfuerzo económico y logístico para volver a rodar sus escenas, el retrato del multimillonario Paul Getty queda niquelado en los 88 años del actor canadiense, nominado a un Óscar que finalmente ganó Sam Rockwell. Magnetiza la pantalla y es la coartada perfecta para que Scott celebre sus recientes ochenta año sirviendo uno de sus thrillers mejor perfilados, alejado de la parafernalia fantástica tan de su gusto y que, si no ocurre nada raro -como rodar la anunciada La batalla de Inglaterra-, se materializará este año en otro Alien: Covenant, que ya huele a chamusco sin haber asomado su primera claqueta. La peripecia del secuestro del nieto de Getty, caso real en la Italia de 1973, se adscribe al cine de género con una elegancia incuestionable.
Aunque el guion de David Scarpa -sobre libro de John Pearson- es también coartada para dar un zasca a la cara más odiosa del capitalismo, ese dinero que no entiende de valores emocionales, zona por otra parte, en la que Scott se mueve con dificultad para anudarte la garganta. Más allá de un impoluto ejercicio de estilo, de impecable acabado y magistral manejo del ritmo -sus dos horas y pico llevan velocidad crucero-, en su estructura hay dos partes bien balizadas, con el último tercio, electrizante. También dos niveles dramáticos, el principal en torno al sénior Getty, avaro de trazado modélico, un auténtico cabronazo al que, sin embargo, casi llegas a comprender por momentos… Y el de su nuera, una muy contenida Michelle Williams a la que secunda convincente un actor tan rácano de matices como Mark Wahlberg. Ella desesperada por la negativa del magnate a aportar el importe para liberar a Paul Getty III; él, progresando desde su profesionalidad muy bien pagada, hasta una toma de conciencia nada impostada. En todo caso, si no es el mejor thriller de Scott -American Gangster, quizá-, sí está entre su cine más granado.