«Echar la comedia» es un arte

El Principado tramita la protección de los Sidros y Comedies de Valdesoto como BIC y abre la senda al resto de «les Mazcaraes d'Iviernu» de Asturias, que viven una nueva juventud

Iván G. Fernández y Pablo Canal, en la exposición de fotos «Mazcaraes».Iván G. Fernández y Pablo Canal, en la exposición de fotos «Mazcaraes»
Iván G. Fernández y Pablo Canal, en la exposición de fotos «Mazcaraes»

Redacción

¿Qué son en realidad Les Mazcaraes d'Iviernu en Asturias? «Se trata de una manifestación cultural que usa las máscaras para el festejo y que se celebra entre la Navidad y el Antroxu, aunque la característica diferencial del Principado es que todas suelen ser en los primeros días del año. El elemento común son las fechas. El resto es muy diferente. Para vestirse unos usan pellejos de oveja, otros rabos de raposo, trajes vegetales con mazorcas de maíz,... ». El que responde es Pablo Canal presidente del colectivo El Cencerru (Asociación Cultural pola Recuperación de los Sidros y les Comedies de Valdesoto), probablemente uno de los mayores expertos en la materia del Principado. Su recuperación de los Sidros y les Comedies en Siero ha sido un ejemplo para rescatar del olvido otras celebraciones asturianas muy similares, que en su origen servían para pedir el aguinaldo y de las que no quedan demasiados testimonios escritos. Esa labor de preservación de la tradición oral es lo que también ha inspirado la petición de reconocimiento como Bien de Interés Cultural (BIC). El Principado ya ha incoado el expediente y ha iniciado los trámites para que los Sidros y les Comedies sean BIC. Aunque el plazo legal es de 18 meses, el trabajo está muy adelantado y se espera que antes de un año esté resuelto. Sería la primera Mazcará d'Iviernu protegida y la que abriría camino al resto. Solo el dossier elaborado para la administración, con la recopilación de fotos, documentos, personajes y comedias, supone ya una victoria en esa batalla contra el olvido.

Una nueva juventud

Mazcaraes d'Iviernu, en Asturias; entrodio, en Galicia; antruejo en León y Zamora. La tradición del Principado está entroncada con otras manifestaciones culturales de todo el norte de España y Portugal y llega incluso a zonas de Bulgaria. Existe, de hecho, un mapa interactivo, actualizado por todos los amantes de estos festejos que señala cada una de las celebraciones, las que todavía se organizan y las que han desaparecido. Es una de las herramientas que utiliza el periodista y fotógrafo Iván G. Fernández, para planificar alguna escapada al año. A través del objetivo de su cámara, está contribuyendo a la protección de estas manifestaciones culturales. Sin embargo, mantiene una pelea interior. Sabe que sus fotos son un testimonio único pero, por otra parte, teme que la popularidad que están alcanzando termine dañando su esencia. Pone como ejemplo los desfiles o las representaciones en las que todo el público eleva sus móviles y sus cámaras para grabar en tiempo real y es difícil conseguir una imagen sin un objeto tecnológico por el medio. «La representación tiene que ser mezclada con el público. Aquí no sirven las vallas. Pero hay momentos en los que entorpecemos, así que me quedo siempre con ese sentimiento de contradicción dentro», explica.

La mascarada de la que se ha descubierto un testimonio escrito más antiguo es precisamente la de los Sidros, de Valdesoto. La archivera de Siero, Rosa Villa, encontró un documento fechado en 1857. Se trata de un informe del entonces alcalde de Siero, Cesáreo Agüeria, dirigido al Gobernador Provincial de Oviedo en el que defiende a unos vecinos de Valdesoto que el día de Reyes pasaron por delante del cuartel de la Guardia Civil de La Pola, disfrazados con máscaras y ataviados con medallas militares, y que fueron denunciados por el cabo de la Guardia Civil. Señala en la misiva que es una representación popular que él mismo disfruta y que se organiza desde hace tiempo sin que los guardias civiles hubiesen presentado ninguna denuncia. Aunque ese primer documento es de mediados del siglo XIX, lo cierto es que esta manifestación popular ha ido apareciendo y desapareciendo a lo largo de las décadas. A mediados del siglo XX, un vecino llamado Luis Rodríguez, apodado Asaúra por un accidente en la mina en el que se quemó, la mantuvo durante más de 10 años. También en los 80 hubo otro intento de recuperación que apenas duró cuatro años. El actual impulso -El Cencerru espera que el definitivo- data del 2005 y ha seguido un camino cultural que va mucho más allá de la pura fiesta.

Una foto de San Xuan de Villapañada (Grado), en la exposición«Mazcaraes», del fotógrafo Iván G. Fernández.Una foto de San Xuan de Villapañada (Grado), en la exposición«Mazcaraes», del fotógrafo Iván G. Fernández
Una foto de San Xuan de Villapañada (Grado), en la exposición«Mazcaraes», del fotógrafo Iván G. Fernández

El testimonio escrito más antiguo es el de los Sidros pero El Guirria de Ponga es el más duradero, es decir, el que durante más tiempo se ha representado sin interrupciones. En su caso, sale cada año el día 1 de enero. La nómina de mascaradas actuales es mucho más amplia. Además de Ponga y Valdesoto, están Os reixes, de Tormaleo y Valledor; los Mazcaritos de Oviedo y los Mazcaritos de Rozaes, en Villaviciosa; Agilandeiros de San Xuan de Villapañada, en Grado; los Guilandeiros, de Tineo; y Xiegré, en Cangas del Narcea. Algunos se han rescatado recientemente. Otros, en cambio, tienen detrás una ardua labor de recuperación que ha durado años. La antropóloga Cristina Cantero, autora del informe con el que se ha iniciado la tramitación del BIC para los Sidros y les Comedies de Valdesoto, reconoce que hoy en día, la denominación popular de Mazcaraes d'Iviernu siempre va seguida del topónimo del lugar en el que se representan, pero matiza que «este fenómeno es, en realidad, fruto de la escasez de este tipo de rituales». Pablo Canal interpreta este nuevo boom de les Mazcaraes como un «rebrote cultural tradicional más amplio y muy apegado a la tierra».

El camino hacia el BIC

Pese a este amplio florecimiento de las representaciones, Valdesoto ha iniciado el expediente del BIC en solitario. Pablo Canal explica que la idea de promover una figura de protección surgió en el año 2008 en Pamplona, cuando se encontró con colectivos de Navarra que le contaron que ya habían conseguido este reconocimiento. Canal volvió al Principado y habló con los portavoces de los partidos, porque el trámite que entonces se necesitaba requería del apoyo de todos. También lo puso en conocimiento del resto de colectivos con el objetivo de que se pusieran en marcha de la mano. Pero el proyecto se queda parado. Al principio le habían dicho que era mejor que lo presentara como una Fiesta de Interés Turístico. Canal se negó en redondo. Los Sidros y les Comedies es más que una fiesta. Es una representación artística popular. Así que solo cabia reconocerlo como un BIC.

Hubo otro intento infructuoso en 2013 pero no fue hasta el 2016 cuando recibió el impulso definitivo. Canal recibió en su despacho profesional a una clienta que le hizo una consulta sobre un edificio de su propiedad que era BIC. Realizando esta gestión regresó a la Consejería de Cultura y comprobó que era el momento de relanzar el expediente de los Sidros. Habló con el jefe de servicio de Patrimonio, Enrique Escudero, que le ayudó a rescatar la documentación. La contribución de Cristina Cantero con un completo informe histórico, descriptivo y de interpretación simbólica también ha sido determinante.

Los Sidros van en solitario, en primer lugar, porque son el colectivo con un trabajo de documentación más adelantado. También porque existen diferencias representativas entre todas las representaciones, ya sea por personajes, por el tipo de representación, la indumentaria y la fecha. Hay otros precedentes que también les echaron atrás. Por ejemplo, lo que sucedió en Cantabria. En enero, el Gobierno regional cántabro desestimó el expediente de declaración de las mascaradas en global de Cantabria como Bien de Interés Cultural Etnográfico Inmaterial. Una de las excusas era que una de las celebraciones era más una fiesta que una manifestación cultural, por su elevada popularidad.

Una imagen de los Sidros y Comedies de Valdesoto, en la muestra Mazcaraes, de Iván G. Fernández
Una imagen de los Sidros y Comedies de Valdesoto, en la muestra Mazcaraes, de Iván G. Fernández

El fotógrafo Iván G. Fernández, rebate este argumeno esgrimido por la Administración cántabra. Ha recorrido con su cámara muchas de ellas y sabe que cada una es diferente y que en muchas de ellas la fiesta está íntimamente ligada a la tradición cultural. Eso no les resta valor. Habla de casos concretos, en los que se montan escenarios de orquestas sin ningún problema, porque su origen estaba liado a la música, aunque no fuese precisamente pachanguera. Siguiendo ese mismo hilo argumental, Pablo Canal explica que lo importante es respetar al máximo la esencia, tanto en la puesta en escena como en la indumentaria. «No hay que matarlas de éxito ni tampoco conformarse con caretas de los chinos para el disfraz», bromea.

En todo caso, la vía asturiana para la protección no es excluyente y no se cierra con Valdesoto. Más bien, abre un itinerario al resto de las mascaradas que podrán iniciar el proceso cuando quieran. Tendrán como referencia los pasos que se han dado desde Siero, el tipo de informe que ha elaborado la antropóloga Cantero y el afán con el que han tejido redes por media Europa.

Iván G. Fernández cayó en la red en un viaje a Lisboa con los Sidros, para participar en un multitudinario desfile con representación de gran cantidad de países. Incluso hubo una época en la que trabajaron en una Red de la Máscara Ibérica que terminó languideciendo. «Ten cuidadín que engancha», advierte Canal. Esto confirma la conexión existente y los buenos frutos de la colaboración.

Mucho más que un disfraz

Para los que no conozcan les Mazcaraes d'Iviernu, estos dos amantes de la cultura tradicional insisten en que es mucho más que un disfraz. Hay personajes fijos, vestuario tradicional y en el caso de Valdesoto una comedia escrita y bien representada. Este es también un elemento que la diferencia del resto de representaciones. Señala precisamente Cristina Cantero en su informe para el BIC que los Sidros y les comedies  es «la única donde la farsa que representan los personajes de la comparsa terminó adoptando la hechura formal de una obra de teatro, con su libreto y con lo que implica de esfuerzo por la memorización del texto, los ensayos, la introducción anual de nuevos personajes según el tema de la obra, etcétera». En las demás, lo más habitual es que improvisen interpretando de forma exagerada un personaje. En ocasiones recitan versos o reproducen escenas de alta carga simbólica. Por ejemplo la historia de la vieja que siente malestar, consulta a un médico incapaz de diagnosticarla y finalmente da a luz un gato o muñeco. «Pero en ningún caso superan el estadio parateatral, ni llegan al grado de especialización dramática señalado para el concejo de Siero», comenta.

El documento de 1857 refleja que en Valdesoto, tal y como hoy sucede, les comedies ya se representaban el día de Reyes. Pero entonces no se limitaban a un día. Pablo Canal explica que en el pasado había muchas comedias -grupos- diferentes, cada uno con su propio sidro y sus propios personajes. En realidad, pedían el aguinaldo por las casas y los bares y allí donde se les ofrecía unas monedas «echaban la comedia». El día señalado de Reyes se juntaban todas. Los sidros saltaban y el que conseguía mayor altura permitía a su grupo iniciar la representación. 

Los sidros son personajes que, según manda la tradición, visten camisa y pantalón blancos. El pantalón está adornado en los costados y la bragueta con dos franjas longitudinales de cordoncillo rojo. La cintura se ciñe con una faja encarnada, con los extremos colgando sobre el costado izquierdo. Por encima, ata un cinturón ancho para los cencerros. Los zapatos y las polainas son negros. Pero lo que de verdad les caracteriza, y lo que todo aquel que les ha visto recuerda son lo que denominan «les melenes»: dos pieles de oveja cosidas de forma cónica, gracias a un capirote de unos 60 centímetros de altura sobre el que se apoyaban. «Les melenes» cubren el pecho y la espalda casi hasta la cintura. La figura se completa con una pértiga de unos tres metros de altura, que es la que les ayuda a coger impulso para dar su característico salto. El toque final es «la garapiña», un recipiente de madera con tapa agujereada de rosca, a modo de tabaquera, en el que normalmente los hombres llevaban tabaco en polvo o rapé. La asociación El Cencerru es la dueña de los cuatro trajes de sidros disponibles en la actualidad. El colectivo compra los materiales, contrata a los artesanos que los elaboran y los restaura con paciencia todos los años, entre otras cosas, para evitar que el cuero pierda flexibilidad y el pelo se desprenda. 

Sidros en Valdesoto
Sidros en Valdesoto

La versión actual ha sufrido más de una modernización. Los libretos reflejan temas cotidianos, económicos, políticos y sociales del siglo XXI -de hecho, en la actualidad las obras las escribe el premiado José Ramón Oliva, reconocido dramaturgo del teatro tradicional asturiano-. Pero la auténtica revolución ha llegado de la mano de las mujeres. En origen, todos sus protagonistas eran varones. Ellos representaban los papeles femeninos. La mujer estaba ausente del escenario, aunque entre bambalinas era una pieza importante. Esa ya no pasa. Todos se meten en la piel de esos personajes arquetípicos que resumen de forma ácida los acontecimientos más importantes del año. Junto a los sidros están los vieyos (el vieyu y la vieya), las damas, los galanes, los tontos, el pecau y, por supuesto, el ciegu y el criau. 

Literatura, encuentros y exposición

La intensa labor de recuperación de los últimos años ha permitido la edición de libros, la organización de festivales, la programación de intercambios e, incluso, esa fallida Red de la Máscara Ibérica. Cabe destacar dos obras publicadas por el Museo del Pueblo de Asturias y firmadas por Luis Manuel Iglesias Cueva, Vicente Rodríguez Hevia y Jesús Suárez López. La primera, del año 2014, realiza una introducción a lo que son los Sidros y les Comedies, se centran en José Noval y realiza una recopilación de obras totales o parciales antiguas. La segunda, de 2018, amplia la información, cita a más autores e incorpora obras diferentes. Una es Comedies de Sidros (1876-1932) y la otra Otres Comedies de Sidros. 

La fotografía ha sido otro gran aliado de la recuperación. Iván G. Fernández acumula miles de imágenes tomadas en sus viajes. Ahora se ha animado a seleccionar una pequeña muestra para montar una exposición. Es un trabajo hecho con mimo y guiado no solo por los ojos sino también por las emociones. La exposición estará en El Manglar (Oviedo) hasta mañana, lunes, 2 de abril. Pero el fotógrafo ya negocia nuevos espacios. No se atreve a concretar nada pero reconoce que está hablando con varios ayuntamientos para sacarla de gira por Asturias. Así que es posible que la troupe inicie un viaje diferente esta vez a través del papel (fotográfico).

   

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