«Los nazis crearon una imagen de poderío militar superior al real»

El historiador James Holland desmonta en su trilogía numerosos mitos sobre la Segunda Guerra Mundial que aún subsisten


Historiador, director y presentador de programas y series televisivos de divulgación histórica, reputado especialista en la Segunda Guerra Mundial, James Holland (Salisbury, 1970) publica en España El auge de Alemania (Ático de los Libros), el primer tomo de su monumental trilogía que revisa «la mayor catástrofe de la historia moderna». «Gran parte de lo que creemos saber sobre la Segunda Guerra Mundial se basa más en percepciones y mitos que en hechos reales», asegura. Pese a la avalancha de libros publicados, «aún falta mucho por decir», añade. El autor británico sostiene que Hitler no tuvo prácticamente ninguna posibilidad de ganar la guerra, que la Wehrmacht, el ejército alemán, no era tan poderoso como se ha dicho y rechaza la imagen de que la batalla entre Gran Bretaña y Alemania fue como la de David contra Goliat, ya que los británicos tenían el Imperio más grande del mundo y dominaban los mares con su poderosa flota, lo que le permitía disponer de grandes recursos.

-¿Cuál es el principal mito que aún subsiste?

-El más importante es el de la invencible maquinaria de guerra alemana, fruto de la propaganda nazi. A nadie se le daba tan bien la propaganda como a los nazis, eran los mejores spins doctors del mundo. Crearon la imagen de un poderío militar muy superior al que realmente era. Goebbels, que era un genio del mal, se lo inculcó a los propios alemanes. Pero, por ejemplo, de las 135 divisiones que Hitler empleó para invadir Francia y los Países Bajos en 1940, solo 16 estaban mecanizadas. Hitler perdió la guerra porque Alemania no tenía recursos suficientes para ganarla. El bloqueo al que lo sometió la armada británica le hizo mucho daño.

-Si no era tan fuerte el ejército alemán, ¡cómo los aliados tardaron tanto en derrotarlo?

-En primer lugar, la gran victoria que obtuvieron en 1940 se debió en un 50 % a la incompetencia francesa y en otro 50 % a la eficacia alemana. Esa victoria obligó a Gran Bretaña a crear un ejército totalmente nuevo porque hasta ese momento esperaba que Francia contribuyese con el grueso de los soldados. Estados Unidos no entró en la guerra hasta finales de 1941. Se perdieron dos años. Creo que vencer a los alemanes en cinco años no está nada mal. Además, hay que tener en cuenta que los aliados querían ganar la guerra, pero no a cualquier coste en vidas humanas. La razón por la que los ejércitos británicos y estadounidense eran tan pequeños en comparación con el alemán en cuanto al número de divisiones es por su mecanización, preferían utilizar acero que carne humana.

-¿Gran Bretaña hubiera perdido la guerra si hubiera luchado en solitario contra Alemania?

-No estoy seguro de eso. Ni Alemania ni Gran Bretaña podían ganar la guerra por su cuenta. Pero no creo que la Unión Soviética salvara a Gran Bretaña, porque si la guerra se hubiera prolongado, Alemania no contaba con los efectivos necesarios para derrotar a Gran Bretaña, que se habría dedicado a bombardearla una y otra vez. Hay que preguntarse por qué Alemania invadió la Unión Soviética en junio de 1941 cuando tenía previsto hacerlo en 1943 o 1944. La respuesta es porque no disponía de los recursos que necesitaba y fue allí a buscar combustible, alimentos y de todo, que le permitieran continuar la guerra en dos frentes. Hitler tenía solo dos opciones: o buscar la paz o invadir la URSS. Perseguía la victoria total, la aniquilación de sus enemigos, pero era imposible porque no tenía los recursos necesarios. Su ideología y su mesianismo le hicieron adoptar decisiones catastróficas. El Holocausto, por ejemplo, fue un desastre para sus propios intereses porque detrajo muchos recursos para el esfuerzo bélico.

-¿Fue decisiva la participación soviética para que los aliados ganaran la guerra?

-No. Los aliados habrían ganado a la Alemania nazi sin la participación soviética, aunque la guerra se habría prolongado. El motivo por el que Alemania estaba en ruinas al final de la guerra fue por los bombardeos de la RAF y de Estados Unidos, no por los cañones soviéticos.

«Los historiadores olvidan el nivel operativo de la guerra»

Además de uno de los componentes más brillantes de la nueva generación de historiadores británicos, Holland es un popular divulgador de la historia a través de múltiples medios. Desde rigurosos libros de investigación de gran fuerza narrativa -también es autor de novelas bélicas- a programas de televisión que ha dirigido y presentado en la BBC, National Geographic, History o Discovery.

-¿Cómo cree que se divulga mejor la historia?

-Sin duda, a través de televisión. Mis documentales de Megaestructuras nazis de National Geographic, que va por su cuarta temporada, los ven unas 40 millones de personas en 172 países. Para mí hacer televisión es un gran privilegio porque me da la oportunidad de viajar por todo el mundo y ver sitios extraordinarios a los que la mayoría de los historiadores no tienen acceso. Me ha permitido conducir tanques, meterme en búnkeres, disparar ametralladoras, ver el lujoso tren privado de Goebbels, que incluso tenía una bañera incorporada, e ir a muchos campos de batalla.

-¿Qué aporta su trilogía al relato de la Segunda Guerra Mundial?

-En los últimos 40 años los historiadores se han concentrado solo en los niveles táctico, que tiene que ver con la lucha en el frente y el modo de llevarla a cabo, y estratégico, los objetivos globales y las altas esferas del poder. Han olvidado el nivel operativo de la guerra, que trata de los medios que permiten que se concreten la estrategia y la táctica, es decir, del equipo, el armamento, la munición, la logística, los recursos, los suministros o el traslado de los soldados. Cuando lo tienes en cuenta, la perspectiva cambia radicalmente. Los historiadores se han dejado seducir por la acción bélica en el frente, las decisiones de los generales, lo que ocurría en Berlín, Londres y Washington o las memorias personales. Los soldados británicos y estadounidenses que escriben sobre sus experiencias han construido un relato que se toma por la única verdad. Recuerdan, por ejemplo, el tanque alemán Tiger como una bestia terrible y amenazante. Pero la realidad es que era tremendamente complejo, muy caro y poco fiable, difícil de mantener, reparar y transportar e insaciable en el consumo de combustible, cuando el petróleo era un recurso escaso para los alemanes. De nada sirve un tanque que no se puede arreglar si se estropea o no puede moverse porque no tienes gasolina. Los Sherman de los aliados eran más útiles. También se ha exagerado sobre la ametralladora MG-42, que tenía una increíble velocidad de disparo, pero se recalentaba. El historiador debe tener todo esto en cuenta.

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