Sabino Méndez: «Una canción como 'La mataré' hoy sería un escándalo»

Es uno de los mejores letristas de los 80, autor de temas míticos como «Cadillac solitario», «El ritmo del garaje» o «La mataré», personaje clave de La Movida y autor de «Corre, rocker», libro de referencia sobre aquella explosión de libertad


Este cincuentón que ahora viste traje y corbata y parece un ejecutivo no recuerda a aquel joven arrogante y desatado que fue compositor y guitarrista de Loquillo y Los Trogloditas, personaje clave de la Movida madrileña y yonqui. Sabino Méndez (Barcelona, 1961) ha evolucionado, fue fundador de Ciutadans y se ha convertido en un reputado escritor, autor de libros como Hotel Tierra o Literatura universal. Ahora se reedita Corre, rocker. Crónica personal de los ochenta (Anagrama) publicado en el año 2000. «Para los jóvenes es un descubrimiento de una época que no conocen y les impresiona», asegura.

-En su libro hace una crítica demoledora de Loquillo, que era su amigo desde la adolescencia, al que retrata como falso, misógino y prepotente.

-El Loquillo de aquella época era así, pero es que yo también lo era. En aquellos tiempos el mundo era mucho más machista que ahora, hasta las mujeres lo eran. Yo me trato de la misma manera implacable que a él. Me pongo de narcisista, egoísta y mucho más estúpido de lo que creía. El Loquillo actual y yo somos muy diferentes. Ahora tenemos una relación estupenda, somos amigos, vamos a cenar, hacemos cosas juntos. Creo que describirnos en el libro con tanta dureza, crueldad y honradez nos sirvió para ser conscientes de nuestros defectos y cambiar.

-¿Usted creó a Loquillo?

-Intelectualmente creé el concepto, pero luego él lo hizo suyo, porque es muy instintivo y ahora hace letras y canciones siguiendo ese patrón. Yo interpretaba los datos que él me daba, su pinta, su figura, su forma de moverse y le daba la palabra. Pero también mis canciones sin Loquillo no habrían sido lo que son. Aporté la faceta literaria y él la icónica y escénica, porque Loquillo es como el Johnny Halliday español, el icono del rock de cierta época.

-Carlos Zanón dice en el prólogo que usted es el mejor compositor de rock de los 80 junto a Antonio Vega.

-Yo incluiría a Jaime Urrutia, Santiago Auserón, Kiko Veneno, al tándem Martín-Casas, de Burning... Era muy agradable sentirte rodeado de gente que tenía mucha capacidad para contar historias en el formato breve de la canción popular, cada uno con su estilo, lo que lo hacía muy interesante. Nos veíamos y charlábamos en los bares, estábamos atentos a qué iba a hacer el otro, era como una competición deportiva, a ver si hago algo mejor y los supero, una balada mejor que Cuatro rosas. Eso nos realimentó a todos y explica aquel florecimiento.

-¿Le gusta el término Movida?

-De alguna manera habrá que llamarlo. Si ha habido un pacto convencional entre los hablantes habrá que denominarlo así. Al principio casi todos los que componíamos esa escena odiábamos la palabra, porque nos considerábamos Nueva Ola, como la Nouvelle Vague del cine pero en la música popular. Luego la palabra hizo fortuna y le pierdes la manía. Sirve para describir aquella época.

-¿Qué diferencias ve entre aquellos años 80 y la época actual?

-Nosotros protagonizamos una década prodigiosa que se caracterizó por una exploración de la libertad total. No es ponerme en plan abuelo protestón, pero lo de ahora nos parece pacato, neopuritano y mojigato a nivel político institucional, aunque en la calle haya las mismas ansias de libertad. Hay una pelea entre el lenguaje políticamente correcto y la realidad de la calle.

-¿Qué le parece que se condene a la cárcel a raperos?

-Desproporcionado. Pero el rap es lo de menos, a Valtonyc se le condena por amenazas, no por rapear. Si en una letra amenazas o pides la muerte de alguien porque lo cantes no es menos amenaza. Lo que considero desproporcionado es que por eso te condenen a tres años y medio de cárcel. Pero la libertad de expresión no peligra en absoluto. El artista que cree que el arte está por encima de la moral o de la ley se equivoca.

-¿Una canción como «La mataré», que compuso hace más de 30 años, habría provocado hoy un escándalo y habría sido censurada?

-Censurada no. Pero probablemente sufriría un proceso de linchamiento. Se habría montado un escándalo. De hecho, cíclicamente, cada dos o tres años, tengo que escribir un texto porque la incluyen en una lista de canciones machistas, y tengo que explicar el sentido de la canción. Cuando íbamos a los pueblos y le preguntabas a una chica si quería venir al hotel a pasar la noche contigo muchas te contestaban que sí, sin complejos ni vergüenzas, pero otras te decían que le gustabas mucho pero que si se enteraba su novio la mataba. Se nos ocurrió tratar el tema y yo como escritor pensé que la manera de hacerlo con más fuerza y emotividad era intentar meterme en la mente de un maltratador, pero en la letra queda claro que ella no tenía ninguna culpa. Una facción de las feministas en los 90 la interpretaron mal como una apología, aunque otras la veían como una denuncia. Frente a eso siempre he sido muy claro, directo y poco diplomático, yo no tengo la culpa de que la gente no sepa leer e interpretar las canciones. Para luchar contra el maltrato hay que describir al maltratador. La parte más sectaria del feminismo la denuncia, pero hay quien no tiene ningún problema con La mataré.

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