«La respuesta del Estado no siempre cubre las expectativas del donante de arte»

El jefe de Pintura Española de El Prado habla mañana en el Bellas Artes sobre la donación Arango, «un premio bien merecido» para el museo asturiano

Javier Portús
Javier Portús

La onda expansiva de la llegada al Museo de Bellas Artes de Asturias de la donación de Plácido Arango afecta, como estaba previsto, a toda la programación del centro de arte asturiano. En esa estela se sitúa la conferencia que ofrecerá mañana, jueves, a las 19 horas, Javier Portús, Jefe del Departamento de Pintura Española hasta 1700 del Museo Nacional del Prado; un nuevo lazo, además en esta mitad de año en las exclentes relaciones entre el museo y la pinacoteca nacional, que estos días muestra una parte esencial de sus fondos sobre temas mitológicos en el Bellas Artes. Portús se centrará, sobre todo, en seis de las piezas donadas por el mecenas asturmexicano, que amplían aún más uno de los tramos cronológicos más ricos de los fondos asturianos.

-¿De qué modo se inserta la donación en el discurso del museo? ¿Qué le aporta?

-Desde hace décadas, y a diferencia de otras instituciones similares en España, el museo de Asturias ha ido creciendo de una manera continua y en una dirección muy homogénea, especializándose en arte español y fundamentalmente en pintura española; y dentro de ese discurrir, esta donación viene a confirmar esa tendencia tan homogénea. Si uno lo ve con un poco de perspectiva, en cierto sentido parece es un premio bien merecido para una institución que lleva ya un tiempo preocupándose por ir creciendo en una dirección con bastante sentido. Dentro de eso, es una aportación importante por el rango cronológico de la donación, que va desde la Edad Media hasta nuestros propios días, por la gran variedad de artistas representados y por el interés y calidad de todas y cada una de las piezas, todas las cuales aportan algo al discurso del museo.

-¿Y respecto a las seis obras concretas que va a comentar?

-Están datadas entre 1640 y 1675,  uno de los puntos fuertes de la colección del museo. Dentro de eso, son obras que aportan desde varios puntos de vista; desde luego, el de la calidad de todas y cada una de ellas, pero también desde la representatividad de escuelas y de pintores. A través de Jerónimo Jacinto de Espinosa, la pintura valenciana está ya presente, se añaden a la colección nombres importantes como Valdés Leal y Claudio Coello y se refuerza la presencia de Zurbarán. Además, desde el punto de vista temático, estas seis obras suponen una aportación más que apreciable. Una de ellas es una obra de carácter histórico -la representación de Bustos de Lara, uno de los Siete Infantes de Lara- un tema claro de la pintura española de la época. Con el cuadro de Francisco Gutiérrez, un subgénero de la pintura española de ese momento, como es el del capricho arquitectónico, entra también en la colección del museo. También hay aportaciones desde el punto de vista de los soportes pictóricos, como la obra de Claudio Coello, pintada sobre cobre.

-Un soporte bastante infrecuente...

-En efecto. A partir de los inventarios de bienes, sabemos que en las colecciones particulares eran relativamente frecuentes las 'láminas', como las llamaban entonces: pinturas realizadas sobre soporte de cobre. Pero son muy pocas las realizadas en España que han llegado hasta nuestros días, y son todavía más escasas las que han sido pintadas por artistas de la categoría y del interés de Claudio Coello. De modo que desde todos estos puntos de vista, la donación supone una aportación concreta; y todo ello sin obviar la calidad de todas y cada una de esas pinturas.

-Sin ánimo de caer en ránkings, ¿en qué situación queda el Bellas Artes de Asturias en el conjunto de los museos españoles tras esta donación?

-Es muy difícil situar a un museo dentro de clasificaciones que siempre son complicadas, dudosas y opinables. Pero lo que sí puedo recalcar es que el museo de Asturias es uno de los escasos que en las últimas décadas han tenido una política muy concreta de lo que quiere ser, y llevados por esa conciencia han ido estableciendo también una política de adquisiciones o de propiciar actos como otra donación. A diferencia de otros muchos museos españoles que nacieron en el siglo XIX como consecuencia de las desamortizaciones y beneficiándose de las obras que procedían del patrimonio eclesiástico, el Museo de Bellas Artes de Asturias es una institución que se ha ido haciendo a sí mismo; y, en ese sentido, es una institución ejemplar. Y esta donación, que se nutre de la colección de un coleccionista que, al igual que el museo, ha ido formando poco a poco su colección teniendo en mente una idea de lo que le gusta y quiere ser esa colección, constituye la guinda de lo que ha sido la historia en muchos sentidos ejemplar del museo de Asturias, y constituye también un lugar en el que confluyen un museo que ha sabido lo que quiere ser y un coleccionista que ha sabido que colección quiere formar.

-Siempre sorprende una generosidad como la de Plácido Arango. Pero, ¿basta con la generosidad para completar un gesto así? ¿Encuentra el coleccionista que quiere hacerlo más barreras que facilidades?

-Yo creo que, en general, no hay barreras a la generosidad. Lo que  pasa es que hay distintos grados de generosidad y también está la cuestión de la respuesta que le da el Estado. En otras tradiciones, el Estado ofrece respuestas más satisfactorias a los coleccionistas que quieren hacer una de estas donaciones en forma de beneficios fiscales; en la tradición española, esa respuesta es diferente a la que existe en otros lugares. También, en otros sitios la relación entre lo privado y lo público es también distinta a la que estamos acostumbrados a establecer en España. Pero, digamos que a la generosidad en sí hay pocas cortapistas. El problema es la respuesta a esa generosidad, que no siempre cubre las expectativas del posible donante.

-El Prado está ya en el horizonte de su bicentenario, el próximo año. ¿En qué se trabaja al respecto? ¿Cómo será la celebración?

-El museo entero está trabajando en ello. Es un empeño colectivo en el que está implicado todo El Prado. Lo que se va a hacer en realidad es reforzar todavía más el diálogo con la sociedad. El museo es una institución que solo tiene sentido en función de la sociedad a la que sirve. La única manera a través de la cual una institución como esta se puede celebrar a sí misma es multiplicando las ocasiones de encuentro con la sociedad, y eso es lo que se va a hacer en este bicentenario. En algún caso, saliendo al encuentro de la sociedad fuera de los muros del museo, como se hará a través del programa por el cual una serie de obras se van a exponer en otras ciudades españolas, y en otros casos, simplemente reforzando el programa de exposiciones, publicaciones, conferencias y actos afines, y dando a todas esas ocasiones un carácter todavía más público y más introspectivo, en la medida en que lo que se va a potenciar es que esta celebración nos sirva a museo y sociedad para reflexionar lo que han sido estos doscientos años de vida en común.

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