«Lo mejor que se puede hacer con la música es entregar algo real, ser sincero»

J. C. Gea GIJÓN

CULTURA

Fee Reega, en un fotograma del videoclip de 'Solo es trabajo'
Fee Reega, en un fotograma del videoclip de 'Solo es trabajo'

La cantante alemana afincada en Asturias Fee Reega actúa esta noche en la Plaza Mayor como parte de la programación del Gijón Sound Festival

13 abr 2018 . Actualizado a las 07:15 h.

La segunda jornada del Gijón Sound Festival que anoche abrieron con brillantez los norteamericanos Mercury Rev saca esta tarde al Espacio Mahou la Plaza Mayor el inconfundible toque de Fee Reega en estado de plenitud. La alemana afincada en Gijón actúa respaldada por su banda al completo ofrecerá un concierto basado sobre todo en canciones de su último álbum, Sonambulancia, en el que también se echará la mirada atrás para dar cuenta de su repertorio. Será a las 20,30, antes de la actuación de Viva Suecia en el mismo escenario a las 21, 45.

-¿Qué Fee Reega es la que vamos a ver en el GSF?

-Sobre todo, la versión con la banda completa, con los músicos que llevamos tocando un año y pico, desde que salió el último disco. En las buenas presentaciones estamos todos: dos guitarras eléctricas, Javi Bejarano y Dani Donkeyboy, el bajo de Dolfo Montes e Ibán Pérez a la batería. El concierto no será exactamente de festival, pero tampoco del todo de sala: una mezcla de canciones del último disco y de 'grandes éxitos' (ríe) de otros discos.

-La banda de luxe.

-Sí, porque no tenemos siempre la posibilidad de estar juntos en los viaje, cada uno tiene sus compromisos y proyectos. Así que está bien cuando podemos estar todos y en condiciones, como aquí.

-Y jugando en casa. Aunque con usted nunca se sabe. Tiene sangre nómada. ¿Podemos contar con que se quedará aún una temporada?

-¡Sí, claro! En principio, para siempre. Cuando llegué a Asturias no pensaba instalarme aquí de forma tan fija, pero ahora, cuando hago planes, como mucho hago los de mudarme a un pueblo de Asturias, no más allá. Me han adoptado. Es como si fuese de aquí.

-¿Qué es lo que le hace quedarse? Hay una cierta sensación generalizada de fin de época, de pesimismo, de que no es el mejor lugar para dedicarse a lo que usted se dedica...

-Es verdad que yo lo veo desde la perspectiva de quien viene de fuera, que quien lleva aquí toda la vida lo ve de otra manera porque has visto la ciudad en otros tiempos, así que eso no lo puedo juzgar, pero para mí las cosas no son así. Ha sido una sorpresa llegar aquí, especialmente a Gijón, una ciudad relativamente pequeña, y que haya tanto movimiento cultural en comparación con otros sitios. Hay gente muy distinta haciendo cosas aquí. Cada músico de los que conozco tiene su propia historia sobre por qué está aquí, porque es verdad que no es un sitio fácil en cuanto al trabajo. Los que han venido o los que se han quedado suelen tener razones muy fuertes y muy interesantes, y para mí personalmente, este sitio me conviene por todo lo que me da de inspiración.

-¿Qué la inspira de este lugar?

-La naturaleza, vivir al lado del mar. Veo el mar desde mi ventana, que es algo que no pensaba que me fuese a pasar nunca. Eso influye mucho en mi trabajo. Aquí tengo todo a mano, puedo ensayar aquí al lado, estoy en contacto con músicos muy brillantes que he ido conociendo por ahí, por los bares, y para mí es bastante fascinante que en una ciudad de este tamaño pueda haber tanta calidad en la creación y la cultura. Yo viví en Berlín mucho tiempo y en Madrid un par de años, y nunca hice amigos tan buenos, gente tan de mi rollo en cantidad y en calidad.

-Y experiencias que llevarse a las canciones o a los poemas, supongo.

-Claro, sí. Eso me pasa a muchos niveles aquí en Asturias. Por un lado, me alimenta todo lo que tiene que ver con la naturaleza como decía. He empezado a hacer espeleología, porque mi bajista es muy aficionado a las cuevas, y eso es algo que me influye muchísimo. Escribo mucho sobre ello. Luego está el rollo de los chigres y los viejos, que a mí me encantan. Me encanta hablar con la gente mayor y escuchar y conocer sus historias, y eso fue también algo nuevo para mí. También la escena musical con la que me encontré… Asturias y Gijón me han dado muchas cosas. Me ha resultado muy fácil quedarme a vivir aquí.

-No sabía lo de la espeleología, pero me parece que casa bien con su música y sus textos...

-Sí, sí. Ha sido algo totalmente fascinante encontrarse con una nueva forma de entrar en el mundo; entrar en las montañas, en el mundo subterráneo es algo muy intenso.

-Sobre todo para alguien que ha hablado de lo que hace como música «freudiana».

-Es que además, bajando a esos sitios se aprende mucho sobre la propia cabeza. Es algo físico y psicológico a la vez. El pasado fin de semana estuvimos en una cueva donde había que entrar con traje de neopreno y meterse en cataratas y en corrientes de agua, y es algo que está muy bien.

-¿Hasta qué punto ha contribuido a esas letras tan personales el hecho de escribir -y vivir- en un idioma distinto al materno?

-Mucho, claro. Justo hace un mes empecé a apuntar todas las palabras que me he inventado en una especie de diccionario personal de castellano. Es una actitud que quizá aplico a más cosas en mi trabajo desde siempre porque siempre he enfocado la creación como algo lo más libre posible; un rollo también un poco freudiano: una forma de dejar salir todo lo que viene y confiar en que haya algo ahí, corregirlo y comprobarlo, pero siempre después de haber dejado que fluya. Es la forma en la que mejor trabajo. Tampoco aprendí a tocar la guitarra, a cantar o esas cosas. Cuando empecé a hacer canciones no sabía si lo que estaba haciendo tenía algún tipo de sentido o era lo peor: simplemente compuse canciones, sin pensar en la estructura o en lo que duraban, en lo que podía luego hacer con ellas. Ahora es distinto, me encuentro con límites que tengo que solucionar y es un buen momento para aprender algo más de técnica. Pero, para componer y para escribir, como también para aprender un idioma, siempre me ha resultado lo mejor no limitarme en absoluto.

-Por zambullida. Coger y usar.

-Eso es. El español lo aprendí bastante rápido, luego hubo que ir mejorándolo a lo largo de años, pero sí que hubo una especie de conexión bastante inmediata con el idioma y la cultura. Nunca presté atención a si lo que hacía y decía tenía errores. Desconectaba y trabajaba con lo que tenía. Es mi forma más fácil de hacer las cosas.

-¿Sueña ya en español? ¿O su subconsciente le sigue hablando en alemán?

-Casi todo lo sueño en español, aunque muchos de mis sueños no tienen ningún lenguaje. Pero a veces aparece un libro o alguna cosa en alemán, se mezcla lo de antes, la gente de antes con la de ahora, alguien de aquí hablando en alemán… es guay para analizarlo.

-Una de esas palabras propias de las que hablaba es Sonambulancia, el título de su último álbumo: sugiere moverse en sueños, pero también auxilio, terapia, sanación… ¿Cuánto hay de esto último, de terapia, para usted misma en su música?

-Sobre todo lo tenía al principio. Ha cambiado mucho en el trabajo que hago ahora. Pero entonces, escribir canciones me ayudaba a solucionar muchas cosas en mi vida a través de esa forma de trabajar, primero sin pensar y luego analizando lo que había escrito. Eso me sirvió mucho de espejo y para aclararme en relaciones y en otras cosas. Pero llega un punto en el que eso pierde importancia, en el que ya no es tan importante lo que sale con las canciones. Escribo de otra forma y cada disco es un poco diferente. A veces hay un tema sobre el que quiero escribir, pero ya lo enfoco menos como cura psicológica y más como algo que necesito en mi día a día como felicidad o como alivio. El trabajo, los ensayos, acabar una canción, dar un buen concierto son cosas satisfactorias por sí mismas, pero ya no busco tanto lo que hay en las canciones. Seguramente es porque me conozco mejor ahora.

-Esta Fee Reega avanza en distintos frentes: en solitario en diversos formatos, en Captains, con los poemas de libros como Purpurina y percebes… ¿Personalidades distintas o facetas distintas de una misma personalidad?

-Para mí son facetas. No me gusta específicamente cuando se clasifica como formas de unas personalidades diferentes. La gente con la que toco, la gente que me conoce o que me ha visto en distintos conciertos entiende fácilmente que son partes de mí igual de importantes. Tengo la suerte de poder mostrarme en los dos proyectos. Captains es un grupo que siempre he tenido dentro, un grupo que ya quería hacer con quince años, pero no tenía la gente para ello ni seguridad en mí misma para hacerlo. Lo he podido hacer con los años. Para mí y para la gente que me conoce, verme en esa otra faceta no es sorprendente en absoluto. Lo mejor que se puede hacer con la música es entregar algo real, ser sincero. Para mí, al menos, es cuando la música funciona. Cuando te lo puedes creer.