«En literatura hoy o eres consumible o periférico, y la periferia está chunga»

J. C. Gea

CULTURA

Javier García Rodríguez
Javier García Rodríguez

Javier García Rodríguez reúne en «La mano izquierda es la que mata» 18 relatos escritos para «reinventar el género» desde un lenguaje entendido como una forma de resistencia

16 abr 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

Desde Barra americana (DVD, 2011), Javier García Rodríguez ha seguido trabajando en un constante goteo de relatos que han ido apareciendo en diversas publicaciones o que esperaban todavía para proponer al lector la especialidad de la casa: que no haya más especialidad que atravesar la realidad, la ficción y las divisorias entre géneros literarios con las armas de «un pensador inteligente y sentimental». Así describe Cristina Gutiérrez Valencia al vallisoletano avecindado en Oviedo, profesor de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad de Oviedo, crítico literario, poeta y narrador y coordinador del Ciclo de Palabra del Centro Niemeyer en la solapa del volumen donde ha reunido todo ese material bajo el título de La mano izquierda es la que mata, publicada por Trea: dieciocho artefactos narrativos armados minuciosamente con una mezcla de buena memoria, ojo avizor, todas las clases posibles de autoconciencia y un lenguaje en el que están activadas todas sus potencias, incluidas el humor, el juego y, por supuesto, la resistencia hacia cualquier tendencia a desactivarlas.

-¿Nos presenta La mano izquierda es la que mata sin hacer apropiación de su propia solapa?

-«La mano izquierda es la que mata» es una expresión taurina que hay que explicar en algunos ámbitos; una expresión que para mí remite a una manera de ver aquellas cosas que, por circunstancias o acciones que parece que no tienen importancia, pero que al final son las fundamentales para sacar adelante un proyecto. Mientras todo el mundo mira cómo la mano derecha entra a matar al toro, en realidad es la izquierda la que consigue el efecto. Todo aquello que ha sucedido y parece que no dejó huellas, todos aquellos momentos de la educación que dejaron una marca imborrable pero que en su momento parecían lo más normal… eso es lo que hay aquí. Algo de nostalgia bien entendida, y sobre todo la idea de que la literatura es algo mucho más amplio que los géneros en los que estamos trabajando. El libro intenta reinventar el género del relato en cada uno de los relatos. Por eso no son parecidos ni en tema ni en estilo, y por eso se mezcla el retrato social de una época con el aliento poético de alguno de los relatos, donde el lenguaje es lo fundamental.

 -En su caso, es fundamental siempre. ¿La compulsión del poeta conviviendo con la del narrador, imponiéndole el cuidado en cada palabra?