Sergio Dalma: «Si tuviera que cantar reguetón para subsistir, yo no lo haría»

Como no hay dos sin tres, el cantante catalán lanzó el año pasado la tercera entrega de su saga «Via Dalma», en la que revisa clásicos de la música italiana. Ahora lo está presentando y este fin de semana llega a Galicia

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Ahí está. No pasa un año sin su visita. De nuevo, Sergio Dalma se sube a los escenarios gallegos. Con su carro de éxitos, su cara de buen tío y su voz rasgada. Via Dalma III, la tercera entrega de su serie de revisiones de clásicos del pop italiano con el que creció y se inspiró, da el empuje para la nueva gira del catalán. De la mano de la productora Cávea mañana estará en Santiago (Palacio de Congresos, 21.00 horas, entradas desde 30 euros). En junio volverá, con recitales en Vigo (día 1, Auditorio do Mar) y A Coruña (2, Palacio de la Ópera).

-¿Esta tercera entrega de «Via Dalma» cierra una trilogía o es solo el tercer capítulo de otros que están por llegar en una serie interminable?

-Fíjate, cuando yo empecé con Via Dalma en el 2008 lo hice pensando en que iba a ser un disco único, que no iba a haber una segunda y una tercera entrega. Quería hacerlo entre un disco y otro, como un digestivo. Al final, llegamos al tercero. A mí, sinceramente, me gustaría que se quedase en una trilogía, aunque hay repertorio para hacer otros tantos discos así. Pero yo lo que quiero ahora es preparar un disco inédito.

-Llama la atención que, siendo la tercera entrega, aparezcan canciones tan conocidas como «Ese amor no se toca», «Solo tú», «Será por qué te amo» o «Volare». Cuesta pensar que no las usase ya en el primer disco.

-Pues mira, el Volare sí estaba por allí en la primera preselección de Via Dalma. Pero yo era un poco reticente por las tantas versiones que se han hecho. Al final, en ese primer volumen escogí las que tenía más frescas de aquella adolescencia mía. Ahora, al darle Claudio Guidetti ese toque swing, me hizo sentir muy cómodo interpretándola. Por eso la incluí. En esta tercera entrega lo que se busca, sobre todo, es la popularidad.

-Pese a tratarse de un disco tan italiano le ha querido dar un toque anglosajón en la producción, con algún arreglo Beatle incluso. ¿Por qué?

-Es la idea del productor. Queríamos mantener la esencia de la canción pero no reproducirla. Por ejemplo, un tema como el Trotamundos de Nicola di Bari le hemos dado una vuelta bestial. La intención siempre es actualizar las canciones, darle mi personalidad y que sea algo diferente a la original. No se trata de huir de lo italiano, que es algo que sería imposible con un planteamiento como el que teníamos, pero sí darle otra pincelada diferente.

-Su «Volare» tiene un toque «crooner»». ¿No irá su futuro por ahí como el de Bertín Osborne?

-No [se ríe a carcajadas]. Que conste que ya me lo han comentado. En la compañía surgió la idea como una opción. Pero no, para nada iré por ahí. Como disco de concepto, tenía muy claro el Via Dalma, porque es algo que ha influido mucho en mi música y tenía ganas de hacérmelo yo como un regalo. Pero no, mi idea es seguir en mi línea y hacer un nuevo disco con mi estilo.

-He revisado entrevistas recientes suyas en las que habla sobre el conflicto catalán o sus preferencias republicanas. Corríjame si me equivoco, pero creo que nunca se había pronunciado políticamente anteriormente.

-No, la verdad es que siempre he intentado huir de la polémica en ese sentido. Pero creo que en un tema tan delicado como ha sido este era lógico que a los personajes públicos se nos preguntara por lo que estaba ocurriendo. Yo he dado mi opinión, siempre intentando respetar a todo el mundo y sin intentar ofender.

-¿Ha roto una norma autoimpuesta?

-No, es algo puntual, porque es un tema vigente. Yo soy catalán y llevo 27 años viviendo en Madrid. Es normal que me pregunten. De ahí a estar ahora opinando de política siempre, no. No me gusta. Y no quiero ir por ahí.

-También dijo que, a lo mejor, en la actualidad una canción como «Esa chica es mía» le traería problemas.

-Tal y como está la situación, sí [risas]. De hecho, hay compañeros a los que les ha pasado. Canciones italianas, como Jardín prohibido, contienen letras que son un poco heavies. Pero quizá sí, hoy en día esa canción podría tener problemas, estando muy lejos de lo que yo pretendo. Si eso es censurable, imagínate muchas letras de estas de reguetón.

-Esas están muy cuestionadas ya. ¿Qué le parece a usted el género?

-No deja de ser un fenómeno social, de la gente joven y de rebeldía. No sé lo que durará. Para mí está durando demasiado. Pero entiendo que siempre ha habido este tipo de fenómenos.

-Actualmente, el reguetón popero es seguramente la fórmula más exitosa Desde Luis Fonsi a Shakira, pasando por Ricky Martin o Enrique Iglesias lo practican. Muchos han rejuvenecido con ello. ¿No se lo ha planteado?

-Desde luego si tuviera que cantar reguetón para subsistir en el mundo de la música, yo no lo haría. Evidentemente tengo muy claro el estilo que quiero hacer y por dónde quiero tirar en mis próximos años. Pero eso no quita que haya gente que se atreva y a quien le apetezca.

-Usted es un clásico para lo bueno y para lo malo. ¿Va a ser difícil cambiarlo a estas alturas?

-Sí, con los años que uno lleva [risas]. Es un título buenísimo que te consideren así. Cuando empecé, nunca pude imaginar hablar de 30 años de carrera. Para mí es un honor.

-La música pop, sin embargo, tiende a ensalzar lo juvenil. Usted es un caso excepcional, con esa segunda etapa de popularidad que le llegó con cuarenta años. ¿Ha pensado en eso?

-Se trata de saber mantenerse. Pero sí, estamos en un país muy exigente en ese aspecto. Uno cumple años y parece que intentan retirarlo del panorama. Yo no lo veo así. Creo que hay que saber conjugar y compartir en una lista de éxitos gente que empieza, gente veterana y diversos estilos.

-¿En esas listas de éxitos las canas están penalizadas?

-En mi caso, no. Mis canas son cicatrices de guerra, la señal de que uno ha vivido y ha disfrutado mucho. Forma parte del paso de los años. Es bueno haber llegado a este punto con las canas, pero sobre todo con las ganas de seguir trabajando como el primer día. Eso está intacto.

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