Nueve cerditos... y medio

Eduardo Galán Blanco

CULTURA

«La casa torcida» es una óptima revisión de las obsesiones de Agatha Christie

17 abr 2018 . Actualizado a las 07:27 h.

Avisados por unas críticas demoledoras y prevenidos por el fiasco del Asesinato en el Orient Express de Kenneth Branagh, nos pusimos a ver la penúltima adaptación cinematográfica de Agatha Christie. Pronto descubrimos que nuestros temores carecían de fundamento. La casa torcida, la novela que prefería la autora de entre todas las que escribió y que nunca se había trasladado al cine ni a la televisión, es una óptima revisión de las obsesiones de la abuelita de las masacres. Faltan Poirot o Miss Marple, pero todo lo demás stá aquí: hay nueve cerditos y medio emparentados por lazos familiares con el asesinado, hay deducciones a lo Holmes -la inspiración principal de Christie siempre fue Conan Doyle- de una niñita insoportable, hay ambición y hay sexo intercambiado por los miembros de la trama. «Esta casa es un invernadero de pasión reprimida», dice el personaje de Glenn Close.

Sí, frente a unos secos e inexpertos Max Irons -hijo de Jeremy- y Stefanie Martini -la chica enmascarada de la serie Emerald City-, Close se sale, con botas de montar y conduciendo su descapotable a lo Cruella de Vil. Y el resto del casting no está nada mal, con una mórbida huérfana Christina Hendricks -de Mad Men-, tumbada cual Venus de Tiziano en el diván, escuchando Sometimes I Feel Like a Motherless Child o la Solitude de Billie Holiday. Y la desafortunada diva del teatro que encarna Gillian Anderson, borracha Dorothy del Mago de Oz con sus zapatitos rojos, está cargada de amargo humor negro: «¡Con este perfil debería haberme dedicado a la comedia!», declama.

Como se ve, brillan las mujeres christianas, valoradas por un director acostumbrado a heroínas fuertes -La llave de Sarah, Lugares oscuros, Les jolies choses-, y, aunque es cierto que la adaptación deviene un poco clasicona, preferimos mil veces cierto aroma viejuno de convincente atmósfera -¡ese recreado noticiario de Pathé, con el característico canto del gallo de la cabecera!- que, por ejemplo, las supuestas moderneces tuneadas de la mencionada película de Branagh. Eso sí, recomendamos encarecidamente que quien tenga la oportunidad y no sienta fobia por los subtítulos, disfrute de las voces originales y las dicciones del reparto.