«Un lugar tranquilo», pavor a cuenta del sonido...

CULTURA

Me imagino a los productores boquiabiertos y con los ojos como platos, cuando el coguionista, director y actor les resumió que el filme iba de palmar si haces ruido

25 abr 2018 . Actualizado a las 08:10 h.

Si emites o provocas un sonido grave, te quedan segundos de vida... Si quieres sobrevivir en un ambiente distópico, con la geografía tomada por unos aliens voraces, tendrás que hacerte el mudo a sabiendas de que algo tan tonto como la caída de un objeto o el llanto de un bebé, te envía al otro barrio. Un lugar tranquilo, la tercera obra a la cámara del guionista y actor John Krasinski -ahora mismo vistiendo al superagente Jack Ryan para la serie de Amazon-, ya es la sorpresa del año en la taquilla estadounidense, y por añadidura en la global. Sin que ello le conceda vitola de acontecimiento capaz de tambalear los cimientos del séptimo arte, entre otras cosas porque las tramas hay que cerrarlas sí o sí y no viene al caso pasarse de metraje. Es ahí, en el colofón, donde muestra su aspecto más convencional, pero tampoco importa; Krasinski logró lo que pedimos a una película: que nos sorprenda. Lo hace a cuenta del sonido, jugando con ese aspecto tan consustancial a la obra cinematográfica desde que dejó de ser silente -y de eso vamos camino del siglo-, y a priori tan arriesgado.

Me imagino a los productores boquiabiertos y con los ojos como platos, cuando el coguionista, director y actor les resumió que el filme iba de palmar si haces ruido... Meter 17 millones de dólares en algo tan simple como una familia, una casa y un peligro exterior, era de coña. Pero, tres semanas después de estrenada, ya supera 170 en taquilla. Más lo que cuelgue del resto del mundo. No diremos que se convertirá en un clásico, pero sí en otro referente para airear un género que en su variante distópica hace tiempo que camina sobre el alambre. Cierto que recupera iconos como el alien cabreado -Scott y Giger diseñaron el suyo para Alien (1992)-, aunque aquí, exceptuando los anotados minutos finales, lo muestra con unas aristas inquietantes, garantes de un suspense emocional al rojo. Si es silente en buena parte del metraje, conviene anotar la complicidad del compositor Marco Beltrami -algo excesivo en sus músicas para el género-, aquí muy comedido al optar por un score nada invasivo.