El autor mierense afincado en Gijón presenta el miércoles en La Buena Letra su nueva incursión en el género aforísico , en la que también homenajea a aforistas y poetas italianos y franceses
01 may 2018 . Actualizado a las 05:00 h.En su anterior libro, Los sueños de las sombras (Trea, 2016), Fernando Menéndez (Mieres, 1953) llevó su pasión por el aforismo, la poesía y la concentración del lenguaje, presente en toda su obra, por nuevos derroteros. Concebida como un homenaje al mundo griego, la obra enlazaba en forma de diálogo dramático textos propios y de los grandes trágicos giegos dotando a todos esos fragmentos de una trabajada arquitectura. El principio compositivo vuelve a ser el mismo en Tempo di silencios, que el mierense afincado en Gijón edita de nuevo en Trea y presenta en la librería La Buena Letra el miércoles, 2 de mayo, a las 20 horas. Pero esta vez, el homenaje de Menéndez tiene por objeto su otra gran devoción: la música.
Se me planteaba el mismo problema que en la obra anterior: cómo hacer que los aforismos tuviesen un encaje sin perder al mismo tiempo la unidad que tiene que tener cada aforismo», explica el autor cuya intención era además la de rendir tributo a aforistas y maestros del fragmento poético de las dos tradiciones que más le interesan: la francesa y la italiana. Menéndez se acuerda de aquella teoría del filosofo Leibniz sobre una realidad compuesta de partículas autónomas, las mónadas, que sin embargo se organizaban conforme a una «armonía preestablecida». Algo parecido, salvadas las distancias, a lo que ha intentado en sus dos últimos libros, las publicaciones más recientes en una trayectoria que comprende libros de poesía y numerosos manuscritos caligrafiados e ilustrados, donde se muestran a poetas y aforistas de diversas latitudes, a menudo objeto de exposiciones artísticas. Tempo di silencios es su octavo libro dedicado al aforismo tras Biblioteca interior, Dunas, Hilos sueltos, Tira líneas, Salpicaduras, Artificios y Los sueños de las sombras.
Aunque declara que la sinfonía es su forma musical favorita, Menéndez encontró el modelo para estructurar los átomos de este cuerpo literario en otro formato: la música de cámara. Así, repartió «en cuartetos y tríos» a los autores homenajeados, buscando además armonizar sus voces en composiciones bajo las que se agrupan los aforismos del libro, propios y ajenos. Fernando Menéndez encaraba así también otro reto añadido: «El lenguaje, incluso el lenguaje poético que aspira a ser música, nunca llega a serlo del todo».
El resultado es una suerte de libreto cuyas partituras pueden ser leídas como cualquier aforismo -en este caso, y siguiendo el símil, nota a nota, aisladamente, con sentido propio en cada nota- o bien buscando esas armonías y conjunciones con que Menéndez ha compuesto Tempo di silencios. Los dos principios de fondo que, en cualquiera de las dos opciones, ha procurado mantener a lo largo de todo el libro se resumen en las dos citas que lo abren como dos claves musicales; una, de Shostakovich («Concentración significa siempre extensión») y la otra de Rafael Dieste («No existe el género aforismo. Existe el estado de espíritu aforístico»).
Ambas sirven de pauta de escritura para el autor, pero también de pauta de lectura para un lector que, como recuerda Fernando Menéndez, se despista sobre la verdadera naturaleza del aforismo. «Un libro de aforismos no es un libro de citas ni un libro de notas, ni tampoco de consejos breves de autoayuda. El aforismo es pensamiento sintético con una fuerte carga poética, y en el que, como en la poesía y en la música, cuenta el silencio que hay en torno a él y lo que esconde, lo que contiene que es mucho más importante de lo que aparece», resume: «Hay que tener la cabeza muy sintética y, como casi todos los aforistas, vivir un poco en el retiro, al margen de las grandes tendencias y las grandes editoriales». Esta cuenta como portada con un dibujo del pintor Kíker realizado exprofeso para la edición.