De Lean a Kubrick, de Polanski a Spielberg, de Lynch a Luhrmann y Ridley Scott, muchos fueron los filmes que no lograron llevar hasta el ansiado final el primer golpe de claqueta
02 may 2018 . Actualizado a las 08:19 h.El pleito que el productor Paulo Branco mantiene con el realizador británico Terry Gilliam por El hombre que mató a don Quijote -que clausurará el Festival de Cannes el próximo 19 de mayo- trae a la actualidad otros proyectos a cargo de grandes directores que duermen su olvido en los archivos, algunos frustrados al poco del primer golpe de claqueta o habiendo sido filmados parcialmente, pero que no llegaron a estrenarse nunca. En el caso de Gilliam, algunas escenas tomadas en la aridez aragonesa de Las Bardenas, durante su accidentado primer rodaje de octubre del 2000 -con Jean Rochefort y Johnny Depp-, se recogen en el documental Perdidos en La Mancha (2002).
Como también La superproducción que nunca fue (1967), que contenía secuencias de I, Claudius, que Josef Von Sternberg dirigía en 1937 con Charles Laughton y que hubo de suspenderse en Londres por un grave accidente automovilístico de la coprotagonista Merle Oberon, esposa del productor Alexander Korda.
También Don Quijote de Orson Welles (1992), a cargo de Jesús Franco, contiene el material que el autor de Ciudadano Kane rodó en 1955 con Akim Tamiroff, como el hidalgo manchego, y que en los primeros años 70 Welles todavía pretendía continuar. Peor suerte tuvo la española Wolfram, rodada en 1950 por el vigués Manuel Mur Oti en los madrileños estudios Roptence y ambientada en las minas de Fontao. La repentina quiebra de la citada empresa provocó que hasta desapareciera el negativo. Entre sus actores estaban los coruñeses Fernando Rey y Xan das Bolas. Aunque el cine español tendría su propio mito con la superproducción Isabel de España, que intentó rodar entre 1965 y 1971 el mítico productor Samuel Bronston, también con Rey entre el reparto.
Cierto que muchos cineastas guardan en sus cajones proyectos imposibles por razones varias -sobre todo económicas-, e incluso algunos quedaron en el aire por la muerte del propio director. Es el caso de David Lean, fallecido en abril de 1991 a los 83 años, pocas semanas antes de iniciar en Almería la épica producción Nostromo, sobre novela de Joseph Conrad, con su admirador Steven Spielberg como productor ejecutivo y Georges Corraface como protagonista. Guion, storyboard, diseños, maquetas con los decorados, equipo técnico... todo estaba preparado. A finales del 2017 Pedro González Bermúdez presentó en TCM el documental Nostromo: el sueño imposible de David Lean, detallando aquellos pormenores.
Fue sobre todo el fracaso comercial de la soviética Waterloo (Serguéi Bondarchuk, 1970) lo que desanimó a MGM a apoyarla y a Stanley Kubrick a renunciar en 1969 al gran proyecto de su vida, Napoleón, para el que se devoró toda la bibliografía -«cientos de libros», en sus propias palabras- sobre el emperador francés, reunió más de 20.000 documentos, buscó localizaciones y logró acuerdos con varios países europeos, como Rumanía, que facilitaría hasta 30.000 soldados.
De Trípoli a Pompeya
Épica era también Trípoli, que Ridley Scott tenía muy avanzada para Fox sobre guion de William Monahan y que el británico preparaba desde el 2001. Trataba de William Eaton, un estadounidense que, con la intención de convertirlo en aliado de su país, ayudó al heredero del trono de Trípoli a derrocar al gobernante corrupto que imponía su ley a inicios del siglo XIX. Russell Crowe y Ben Kingsley tirarían del cartel. El ritmo de producción de Scott (colecciona proyectos no realizados) y el estreno en el 2003 de Master & Commander (Peter Weir) acabó por paralizarla y parte de la sinergia desplegada -ya se habían levantado algunos decorados en Marruecos- se emplearía en El reino de los cielos (2005), ambientada durante las Cruzadas del siglo XII. De carácter histórico, Roman Polanski pretendía recrear en el 2007, en la alicantina Ciudad de la Luz, la superproducción Pompeya, adaptando la novela de Robert Harris. Orlando Bloom y Scarlett Johansson sonaban como estrellas. El director declararía que la amenaza de una próxima huelga sindical y otras lides, le obligó a rechazarla después de meses de intenso trabajo.
En esta línea, en el 2003, el australiano Baz Luhrmann, triunfante con Moulin Rouge, no pudo llevar a cabo para Fox en Marruecos el millonario proyecto Alejandro Magno -no confundir con la cinta que meses después filmó Oliver Stone para Warner- al suspenderla el productor Dino de Laurentiis por los atentados islamistas de Casablanca. Protagonizaría Leonardo DiCaprio.
Al margen de lo histórico, el género fantástico tuvo su oportunidad con dos nombres lustrosos. Spielberg, estrenado Encuentros en la tercera fase (1977), se propuso una suerte de secuela, Night Skies, tomando un suceso ocurrido en 1955 en Kentucky y en donde unos extraterrestres habrían cercado una granja. Con el guion terminado y la preproducción iniciada, el director prefirió rodar 1941, aunque tardó en aparcar aquel proyecto. Otro tanto, David Lynch, que tras debutar en 1977 con Cabeza borradora, se propuso rodar Ronnie Rocket, que, en sus propias palabras, «iba de la electricidad y un tipo pelirrojo de un metro de alto, y algunas cosas más…». Hasta su siguiente El hombre elefante (1980), siguió luchando por sacarla adelante.