«Pensar que todo periodismo es basura lleva al triunfo del pensamiento único»

El norteamericano Alan Goodman, periodista de la CNN y docente en la Universidad Camilo José Cela, se estrena como jurado del Premio Princesa de Asturias de Comunicacion y Humanidades

Alan Goodman, en el Hotel de la Reconquista de Oviedo
Alan Goodman, en el Hotel de la Reconquista de Oviedo

Oviedo

Su tarjeta profesional reza sencillamente «Al Goodman. Freelance Correspondent», pero la carrera profesional del periodista norteamericano que hoy se ha estrenado en Oviedo como jurado de los Premios Princesa de Asturias es bastante más sustanciosa que todo eso. Después de un periodo de corresponsal por cuenta propia en España para medios como  The New York Times, National Public Radio, Business Week, The Wine Spectator y otros, ha desarrollado una trayectoria que le ha llevado a informar desde Rusia, Turquía, Marruecos, Portugal o la colonia británica de Gibraltar desde un amplio rango de responsabilidades: ante la cámara, en tareas de producción y edición, otras relacionadas con la gestión del medio y también como divulgador -en su libro The World on a String: How to Become a Freelance Foreign Correspondent (Henry Holt, NY), un manual de uso en escuelas de periodismo de su país- y como docente. En la actualidad, se centra sobre todo en este último desempeño con sus clases de periodismo en la Universidad Camilo José Cela.

-Ejemplifica usted al periodista de perfil mixto, un periodista versátil y, si me lo permite, multitarea. ¿Es al que tiende el oficio?

-Se tiende a hacer de todo. En mis clases resalto a mis alumnos -y a todo el que quiera escuchar- que cuantas más cosas sepas hacer en este mundo cada vez más competitivo, más tiempo vas a sobrevivir. Como miembro del Consejo de la Escuela Americana de Madrid, los educadores profesionales nos hablan de que la gente va a tener que hacer muchos trabajos, cambiar de trabajos con frecuencia. Antes, aquí en España como en Estados Unidos, se tenía un trabajo casi de por vida. Yo he tenido distintos trabajos y creo que, cada vez más, para competir tienes que tener muchas herramientas en el bolso.

-Ha hablado directamente de «sobrevivir». ¿Supervivencia del periodismo como profesión, del periodismo como negocio...?

-Supervivencia económica y periodistica, en los dos sentidos, claro, porque están ligados entre sí. Siempre he trabajado para CNN, que es un medio enorme, una parte una empresa aún más enorme que está en vías de fusionarse con otra empresa aún más enorme, la ATT. Lo que he visto en mi etapa en el New York Times como freelance y en CNN, como freelance primero y luego como fijo, es que si los medios tienen solidez económica, eso ayuda a hacer tu trabajo porque los responsables de la redacción, los redactores jefes, no tienen miedo de que un determinado anunciante vaya a retirar su publicidad. Yo también he recibido como periodista la típica amenaza: «Si publicas esta información, retiraré mi publicidad, llamaré a dos amigos más y hundiremos tu medio». En una empresa fuerte, los redactores jefes les pueden responder tranquilamente: «Pues hacedlo, porque nuestro deber es hacer periodismo».

-¿Qué es «hacer periodismo» en este momento?

-Ahora mismo, con el clima de choque de poderes que estamos viviendo tanto en Europa como en Estados Unidos, es más importante que nunca hacer buen periodismo a todos los niveles. No todos van a estar cubriendo el escándalo mayor; es necesario que todos los días los periodistas vayan a preguntar a los alcaldes, a la policía, a las autoridades nacionales… Es un aviso que les damos, un recuerdo de que los poderes están ahí para trabajar por el bien de todos, en el caso de los poderes públicos, y en el caso de las empresas privadas, que está bien que hagan su dinero pero que también deben tener un sentido de responsabilidad con la sociedad. Si no, ¿adónde vamos?

-¿Dónde queda la verdad en tiempo de posverdad, de mentiras virales en redes sociales? ¿Sigue habiendo un criterio sólido, una realidad clara con la que contrastar lo que un periodista transmite?

-Es que en cada momento hay que buscar el contraste de la información con los medios que se tengan. Ahora mismo, con la sobrecarga de información, las redes sociales, la rapidez y la presión, la gente dice: «No pasa nada, nada importa». Es verdad que esa puede ser la reacción de algunas personas. Pero sí importa. Y cuantos más años tengo, con más claridad veo que hay una verdad y que es importante saberlo. Para muchas personas puede haber distintas versiones sobre un hecho, pero generalmente hay una vía que es verdadera y el resto es mentira. Un editor mayor que yo del Washington Post me dijo una vez sobre una noticia: «Este tipo va a tapar su mentira con otra mentira; pero esto es como una cebolla, tú tienes que ir quitando capas hasta llegar a lo que es». Se debe hacer así. Pero cuesta.

-¿Cuestión casi de fe?

-Y también de equipo. Si no eres un bloguero, es bueno tener colegas, una redacción equipo que te respalda y que entiende que tu trabajo no es cosa de ir a comprar el pan. Cuesta mucho más tiempo y empeño.

-Algo que parece reñido con la generalización de los tiempos de lo digital en el periodismo...

-Exactamente. De lo que se habla ahora, sobre todo en Estados Unidos, es de cuántos clicks has recibido, cuantas páginas has visto, y de diseñar la noticia sobre eso. Ya sabes: «Diez cosas bonitas para visitar no sé dónde, cinco cosas bonitas para comprar a no sé quién...» Todo esto nos distrae de lo que pueden ser de verdad las cosas interesantes. Hay más presión que nunca, desde luego mucho más que cuando entré yo; la situación era mucho más estable en los periódicos de Estados Unidos entonces. Se suponía que ibas a mejor de un periódico a otro, subiendo, mejorando… Pero ahora están echando gente cada dos por tres, y se ve también que es diferente aquí en España. Los dueños de las empresas quieren tener su rendimiento. Y el redactor jefe o redactora jefa sufren esta presión y no tienen tiempo apenas para pensar. Esa rapidez es muy complicada para quien está al frente de una redacción en este momento.

 -¿Y cómo afecta todo esto a la credibilidad del periodista a ojos de los destinatarios de su información?

-Nuestro oficio ha sufrido un desgaste muy importante en muchas partes, y hay mucha gente que piensa que es totalmente mentira todo lo que contamos; no solamente lo que cuenta un medio que no les gusta por conservador o progre: todo lo que se cuenta. La gente piensa que todo lo que hacemos es basura y que no importa nada. Es una situación fatal. La situación perfecta para llevarnos a un tipo de pensamiento único que no debería triunfar.

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