Javier Moro: «Hollywood no ha cambiado, allí vales lo que vale tu última película»

El escritor madrileño recibe el Premio Primavera por «Mi pecado». El homenaje a Leslie Howard en la costa de Cedeira fue el origen de la novela sobre la actriz Conchita Montenegro


A Coruña / la Voz

«Acababa de cumplir los treinta y dos; pocos años para Concepción Andrés Picado, su nombre al nacer; muchos para una estrella de cine conocida mundialmente como Conchita Montenegro. (...)

Esta mujer que había sido la primera española en triunfar en Hollywood, amiga de Chaplin y de Garbo, de Douglas Fairbanks y Norma Shearer, se sentía joven y vieja al mismo tiempo». Así presenta Javier Moro (Madrid, 1955) a la protagonista de su última novela, Mi pecado (Espasa) por la que ha recibido el Premio Primavera. El escritor, que estará hoy firmando ejemplares en El Corte Inglés de la calle Ramón y Cajal de A Coruña (19.00 horas), ha rechazado en varias ocasiones durante la promoción en la que lleva varias semanas que esta novela tenga algo que ver con la de Carmen Ro, Mientras tú no estabas (La esfera de los libros), publicada hace unos meses y con la misma actriz como protagonista.

-¿Cómo encuentra a Conchita Montenegro?

-Fue hace años a través de un amigo, José Rey-Ximena, porque en Cedeira le pusieron un monumento a Leslie Howard y él entrevistó a Conchita Montenegro, que no había concedido entrevistas desde que se casó en 1943. Y le dice lo que piensa de Leslie Howard, que era uno de los actores más célebres de la época y fue su amante y por qué ella hizo borrón y cuenta nueva. Todo esto era un misterio y era una historia real: ¡eso era lo formidable!

-Rey-Ximena relata la misión secreta de Howard en España...

-Escribió El vuelo de Ibis, que llevaba a Leslie Howard a Inglaterra y fue derribado a la altura de Cedeira. Este amigo me dijo que podría escribir la historia de Conchita Montenegro y poco después, una amiga, la escritora Cristina Morató, me habló de lo mismo y como estaba buscando tema me pareció formidable contar la historia de un personaje y de una época.

-Esta mujer vasca se va en 1930 a Hollywood, con 19 años. ¿Queda algo de aquella meca del cine?

-El Hollywood de los años 30 no ha cambiado, en esencia sigue siendo una sociedad despiadada; allí acuden miles y miles de jóvenes que quieren ser directores o actores. El que trabaja de portero en realidad está esperando una oportunidad. Nadie es lo que es: el camarero espera ser actor. Es una inmensa ruleta en la que puedes quedar enganchado y como está esa ideología de que si persistes igual te toca llegar, hay gente que se pasa años y años y son desechos humanos. Es durísimo. En Hollywood vales lo que vale tu ultima película. Yo estuve allí y Anthony Quinn me decía que los lunes no salía a jugar al golf porque si ese fin de semana su película no había recaudado lo previsto se sentía señalado con murmullos de que ya no vales.

-¿Qué le pasó a Conchita con Clark Gable?

-Lo de Harvey Weinstein no es de ahora, el acoso sexual nació en los primeros años de Hollywood. Conchita Montenegro tenía carácter y armas para defenderse, había estudiado arte dramático en París. Estaba haciendo una prueba con Clark Gable y este se pasó y le dio un beso pero más de lo que pedía la escena, de tornillo. Ella lo empujó y le dio un tortazo. Luego se echó a llorar porque pensó que había perdido el trabajo. Entonces se oyeron los aplausos del director. A partir de ahí se dio a conocer como la que le dio la bofetada a Clark Gable y Buster Keaton la contrató para hacer De frente, marchen. Y Chaplin, que era muy amigo de Edgar Neville y de todos los españoles, también quería conocerla. Por eso no es casualidad que Geraldine se viniera para España.

-La novela está llena de personajes de la época...

-Sí, está John Houston, que mató en un accidente de tráfico a la mejor amiga de Conchita. O Fred Astaire, que iba para protagonista de Lo que el viento se llevó y no lo aceptaron. Yo vi la ficha del rechazo y dice que es demasiado calvo, no tiene presencia, baila un poco y canta fatal. Después lo ficharon con una tal Ginger Rogers para ser secundarios de Volando a Río y hoy nadie se acuerda de los protagonistas y sí de ellos.

-La novela arranca en Madrid...

-Cuando ella se da cuenta de que está envejeciendo, que cada vez tiene menos papeles y debe pensarse su futuro. Lo interesante es que la historia de amor con Leslie Howard acaba engarzándose con la Segunda Guerra Mundial. Y eso no es una novela, es parte de la Historia.

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