«Les filles du soleil», manoseo en Cannes de la tragedia kurda y del feminismo

El «remake» norteamericano de «Fahrenheit 451» no se lo merecen ni Truffaut ni Ray Bradbury


Cannes / E. La Voz

En el año del MeToo y de las grandes marchas civiles por la liberación de la mujer era inevitable que surgiesen operaciones de aprovechateguis en todos los ámbitos. Una de ellas, y bien sangrante, la sufrimos ayer con la proyección de Les filles du soleil, dirigida por Eva Husson, directora que venía del peligroso precedente moralista llamado Bang Gang. Husson y su película cometen varios delitos capitales: el primero es el del manoseo de una tragedia humanitaria prolongada en el tiempo, la del pueblo kurdo, asolado por Turquía e Irak desde el siglo pasado. Pero sería demasiado osado tomarla con el poderoso nuevo poder otomano. Así que lo que cuenta Les filles du soleil es la creación de una milicia formada solo por mujeres y que combate en Siria con el ISIS.

De paso, se enarbola con mano torva la bandera feminista. Y ese producto que a mí me irrita como rapiña de ética más que cuestionable es, además, cine infausto, de una torpeza de puesta en escena o de guion inauditas. Cada decisión que toma Eva Husson es un despropósito que supera al anterior. Hay un personaje, el de la fotógrafa encarnada por Emmanuelle Bercot, que parece retratista de bodas y bautizos en medio de los bombardeos. Y la estrella iraní Golshifteh Farahani luce maquillaje y cejas repintadas a lo Joan Crawford aun cuando salga de una montaña de escombros. Qué espanto manosear a tutiplén causas trágicas como la de los pobres kurdos o revoluciones en marcha como la del feminismo para facturar y hacer caja con semejante majadería que va de concienciada y premiable.

El Fahrenheit 451 de Truffaut, adaptado de Ray Bradbury, no es de lo más recordado de la obra del cineasta francés. Pero según se me va atragantando el necio y desneuronado remake norteamericano de Ramin Bahrani más me entra la melancolía por Julie Christie y Oskar Werner memorizando la biblioteca de Babel en los bosques del recuerdo.

Panahi

El iraní Jafar Panahi lleva años sufriendo las restricciones de libertad en su país y filmando cine algo pirata, en su propia casa, en un taxi por Teherán o, en el caso de 3 Faces, presentada aquí a concurso, viajando en búsqueda de una actriz suicida asfixiada por la desesperanza colectiva. Es siempre una causa noble este pulso del gran cineasta hostigado por mantener su cámara en alto. Y son muy merecidos los aplausos que recibe su película, que aquí respira mejor y más libre que alguna de sus oclusivas obras anteriores. En cualquier caso, y como ya hemos dicho en algún otro certamen, habrá que instituir el premio Panahi cada vez que haya una película suya en competición. Para no desvirtuar el palmarés con este buenrollismo que está asfixiando el festival de Cannes a golpe de cine bienaventurado.

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