Perturbador y magistral Lee Chang-dong en «Burning»

José Luis Losa
José Luis Losa CANNES / E. LA VOZ

CULTURA

ANNE-CHRISTINE POUJOULAT | Afp

Garrone explora la brutalidad humana en la notable «Dogman»

18 may 2018 . Actualizado a las 07:42 h.

Ocho años hacía, desde la eminente Poetry, con la que tuvo premio en este festival, que el coreano Lee Chang-dong no daba señales de vida creativa. Lo hizo este jueves con una abrumadora pieza maestra, Burning, libre adaptación de un relato breve de Haruki Murakami que en la pantalla se explaya en dos horas y media que se viven de modo vibrante porque son una lección suprema de puesta en escena, de creación de una atmósfera insana exenta de truculencias. Resulta perturbadora la manera en la cual Lee Chang-dong plantea cómo una personalidad psicopática puede irrumpir como salido de la bruma en la vida golpeada de un perdedor vocacional, hasta transformarla en una pesadilla inaprensible. El protagonista, que habita en tierra de nadie -una granja de la frontera entre las dos Coreas- y arrastra las desgracias de una vida desestructurada, apenas tiene tiempo para ilusionarse con el arranque de su historia de amor salvífica con una mujer a la que conoce en la jungla de asfalto de un Seúl espectral. Muy pronto irrumpe en escena el monstruo, en forma de nuevo rico que te roba no solo a tu mujer sino que parece devorarte el alma fáustica en cada paso de su amenazante presencia. Lejos del thriller y sus golpes de efecto, Burning explora el mal desde la acumulación de detalles, hasta que todas las alarmas se encienden y ya es tarde cuando notas que si tú miras hacia el fondo de un pozo, desde sus profundidades alguien también te está mirando. Es una de las películas germinales de este festival y tendría que estar en el palmarés.

Otro habitual de Cannes, el italiano Matteo Garrone, triunfador con la apocalíptica Gomorra en el 2008, presentó la no menos demoledora Dogman, exploración de la brutalidad humana a partir de un caso real de la crónica negra de los 70 en su país: la relación de extraña pareja entre un cuidador de perros y un boxeador recién salido de la trena, que representa la violencia sin control y aterroriza al suburbio a lo zona cero en donde se desarrolla la acción. Es Dogman un muy bien medido cuerpo a cuerpo entre un pobre diablo y un exterminador nato, dos actores soberbios, Adamo Dionisi y Eduardo Pesce. Su explicitud de la escalada sangrienta está filmado por Garrone con convicción de honesto cineasta de la crueldad, quien confesó ver en su película ecos del peligro populista que acecha el gobierno de Italia.

En la francesa En Guerre, Stephane Brizé plantea contar una batalla de los sindicatos para evitar el cierre de una empresa a través del falso y frenético documental. Pero no parece lícito introducir en el centro del plano a una estrella como Vincent Lindon, que ya ganó con Brizé un premio en Cannes hace dos años. Y, mucho menos, guardarse bajo la manga una carta melodramática e incendiaria cuando se quiere ir de límpido neorrealista.

En este tramo final del festival, suceden otras cosas. Nos proyectan una elegía prescindible sobre Whitney Houston, donde se descubre que Sadam Husein utilizaba en sus mítines el tema de El guardaespaldas. Y en la Semana de la Crítica ha ganado Diamantino, filme portugués que es sátira desgarbada de una estrella del fútbol global en la cual se reconoce a Cristiano Ronaldo. Quiero pensar que este triunfo ronaldista no es ningún anticipo de lo que pase en Kiev dentro de una semana.