«Los protestantes inventaron las 'fake news' para denigrar a España»

Publica seis relatos situados en la Europa luterana del siglo XVI que denuncian la manipulación de la historia


Tras el inesperado y espectacular éxito de Imperiofobia y leyenda negra, un ensayo del que ya se han vendido 100.000 ejemplares, la historiadora María Elvira Roca (El Borge, Málaga, 1966) publica 6 relatos ejemplares 6, también en la editorial Siruela. En estas seis narraciones situadas en el siglo XVI en Europa desmitifica la visión monolítica de la historia que asocia el protestantismo a la libertad y la tolerancia, mientras vincula al catolicismo a la opresión, la intolerancia y el fanatismo. «Soy una francotiradora, una outsider total, estoy fuera de los carriles del mundo académico, lo que me hace ser totalmente libre para decir lo que quiera, porque no tengo nada que perder», señala.

-¿Cómo surgió este libro?

-Según iba investigando para Imperiofobia y leyenda negra me fui encontrando con muchas historias desconocidas y elegí seis sobre tres temas, el luteranismo, el anglicanismo y el calvinismo. Son como seis cuadros o momentos que solo admiten la clave de la narración basada en los hechos.

-En sus relatos cuestiona una versión de la historia que se ha dado por buena durante siglos.

-Sí, ha habido una falsificación de la realidad, por desidia y por culpa de la Iglesia católica, por haberla asumido como una especie de penitencia de sus pecados sin defenderse. Esto hizo que los pueblos de cultura católica del sur de Europa asumieran el relato de sí mismos que fue escrito por quienes los combatieron y finalmente los derrotaron. A partir de ahí absorbieron ese complejo de inferioridad moral que los católicos han tenido desde los tiempos del cisma luterano, y siguen teniendo. Fue el triunfo de la propaganda.

-De hecho, en el año Lutero la Iglesia católica le rindió homenaje. ¿Por qué?

-Habría que preguntar a la jerarquía católica por qué lo hizo y al papa, que ha puesto el retrato de Lutero en el Vaticano y emitió sellos con su imagen. Él sabrá a qué extraño morbo obedece que se homenajee a alguien que firmó imágenes en que aparecían los luteranos defecando sobre el papa. Lutero es el responsable de una de las olas de fanatismo religioso más terribles del continente, suministró la munición ideológica a los príncipes germánicos para provocar guerras espantosas que llevaron a la muerte a cientos de miles de personas. Hay que leer lo que escribió. Es un fanático, violento, racista, antisemita y no lo niega. Lo escribe y lo firma. El hecho de que un personaje así haya sido transformado en uno de los héroes de la historia de Europa es para hacérselo mirar.

-Calvino también sale muy malparado en uno de sus relatos, en el que cuenta cómo instaló un régimen de terror en Ginebra.

-La forma en que mató a Miguel Servet fue terrible, ese morbo en su tormento y su humillación, los meses que lo tuvo viviendo en una celda en la que apenas cabía y tenía que hacer sus necesidades. Lo obligaba a ir sucio de sus propios excrementos por la calles de Ginebra para asistir al tribunal. Luego lo quemaron en la hoguera. Y Calvino tiene una estatua de cuatro metros en un parque de Ginebra.

-Hay mucha gente que cree que fue la Inquisición española quien lo quemó en la hoguera.

-Es que la Inquisición carga con todo. En un libro de Ken Follett habla de miles de brujas quemadas por la Inquisición, cuando apenas quemó brujas. Que se vaya a su país, a Inglaterra, donde las quemaron a miles y sin juicio. En España, desde 1550 hasta el siglo XVIII, hubo 1.300 ejecutados mientras en el territorio germánico-luterano, según Henningsen, hubo 25.000 personas quemadas.

-¿Cree que el trato que está recibiendo España en algunos países europeos con el tema catalán tiene que ver con la historia que usted cuenta?

-Todo que ver. Los flamencos en Bélgica, los territorios luteranos alemanes e Inglaterra forman el mismo triángulo de toda la vida. Lo que se deriva del pasado es grave, pero va a haber consecuencias para la Unión Europea, que estamos viendo hasta qué punto es un trampantojo insolidario que no sirve siquiera para apoyar la integridad territorial de los Estados que forman parte de ella. Eso es muy grave. Yo siempre lo dije, que no había que confiar en Europa para nada. Pero esto hace un daño infinitamente mayor a la UE que a España. A partir de aquí vamos a ver cómo se viene abajo.

-¿Cree que tratan a España con menosprecio?

-Sí, ellos se sitúan en una posición de superioridad moral que tienen completamente asumida. Es el mismo supremacismo de los independentistas catalanes. Creerse superiores y mejores.

-Ahora que se habla de las «fake news» y de la posverdad, este no es un fenómeno nuevo, ya lo utilizaron los protestantes para denigrar a España.

-Los protestantes fueron los inventores de la propaganda que ahora se llama fake news o posverdad, para denigrar a España, que consiste en cubrir la realidad con apariencias que la terminan sustituyendo. Los pueblos católicos y en general los no protestantes siempre se han manejado fatal en este ámbito.

«La izquierda tiene que salir del discurso antipatriótico»

Roca responsabiliza a la izquierda del rechazo a símbolos de la nación española, como la bandera, ya que, considera que «está encastillada en una serie de tópicos que no acaba de abandonar, y ha arrastrado a mucha gente». Añade que «eso mata a la izquierda, que tiene que salir del discurso antipatriótico porque se está suicidando: es lo que ha llevado al PSOE a su situación actual».

-¿Por qué es tan crítica con el Estado de las autonomías?

-Llevamos cuarenta años con una estructura territorial que alimenta toda clase de tendencias centrífugas perversas y enloquecidas para que encuentren un sitio donde aposentarse, crecer y prosperar. La estructura territorial, que se hizo para contentar a cuatro catalanes, cuatro vascos y algunos gallegos es letal.

-Usted denuncia la falsedad de algunas series de televisión y películas que transmiten una imagen negativa de España basada en la leyenda negra.

-En las series inglesas se maquilla el período de Tudor. Una época de guerra civiles, pobreza y hambre se ha metamorfoseado en una etapa espléndida de cultura, hasta que incluso nos guste Enrique VIII, fíjese en su capacidad de falsificación de la historia. Nosotros, al revés, siempre colocamos a un inquisidor malvado, repetimos los tópicos. En la serie La peste, que me tuve que ver entera, lo que no está pagado, el cura malvado es un personaje creado por Schiller y ha tenido numerosas versiones, como la de Umberto Eco. Pero los inquisidores fueron grandes investigadores, eran el cuerpo de élite de la monarquía, la gente más preparada, formidables, los hombres más cultos del país, como Cisneros o Sepúlveda. Investigaban delitos como la falsificación de monedas y las ediciones ilegales de libros. ¿Por qué no se escriben thrillers y series sobre esto?

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