«Westworld», más pistas de circo pero menos espectáculo

La segunda temporada de la serie ofrece nuevos escenarios y saltos temporales, pero ha perdido el impacto y la fuerza de su arranque


redacción / la voz

Nuevos escenarios. Más saltos temporales. Nuevos personajes. Pero abrir más pistas de circo no supone necesariamente mejorar el espectáculo. La segunda temporada de Westworld salta a otros parques temáticos, basados en la India colonial y el Japón del período Edo. Y, pese al esfuerzo, se ha ido diluyendo la fuerza de su arranque, el apabullante desembarco en ese mundo artificial e implacable.

HBO lanzó la serie como una especie de heredera en vida de Juego de tronos, un artefacto fascinante con potencial para enganchar a millones de espectadores. Empezando por la cabecera, esas imágenes hipnotizadoras que muestra la fabricación de los robots y que llevan la firma de Patrick Clair, creador de las títulos de crédito de series como True Detective y El infiltrado. Pero esta ficción televisiva ya fue perdiendo fuelle en el tramo final de la primera temporada, con los repetitivos diálogos entre Arnold y Dolores sobre el libre albedrío y los sentimientos de los anfitriones. Aunque el intercambio filosófico afortunadamente se rompe con la previsible explosión del último capítulo.

Homenaje a «Perdidos»

La segunda temporada de la serie gana en embrollo, pero no en tensión dramática. Y demuestra que Westworld , pese a su alarde de nuevos escenarios y amenazas, le debe más a Perdidos que a los siete reinos. No es casualidad que J. J. Abrams, creador de la ficción que arrasó en la pasada década, sea productor ejecutivo de esta apuesta de HBO. El cuarto episodio de la segunda temporada es un claro homenaje a uno de los arranques más famosos de la producción estrella de Abrams. Interior de una vivienda desconocida para el espectador, una canción y un hombre sin identificar con su rutina matinal, con bici estática y desayuno incluidos. Es como si Desmond hubiera resucitado al ritmo de Make Your Own Kind Of Music en la isla del humo negro.

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Perdidos se levantó sobre dos pilares, los enigmas y sus personajes. Westworld también presenta extraños acertijos y juega cada vez más con los flash-back. Pero los misterios, en principio, parecen menos apasionantes que los que planteaba Abrams -que supo crearlos, pero no cómo resolverlos-. Y los personajes son una de las grandes asignaturas pendientes de la producción de HBO. Los de Perdidos se iban convirtiendo en la familia televisiva del espectador. Incluso se llegaba a perdonar los numerosos hilos pendientes de la trama y el surrealista desenlace por haber asomado la nariz a las vidas de los pasajeros del vuelo 815 de Oceanic Airlines.

Es difícil pillarles cariño a los personajes de Westworld, empatizar con ellos a pesar de todos sus sufrimientos. No es solo cuestión de tiempo, es que no están lo suficientemente dibujados como para amarlos u odiarlos. Falta carisma. Las excepciones son Maeve Millay, la prostituta interpretada por Thandie Newton, y William, el hombre de negro, a cargo de Ed Harris, un actor que siempre resulta interesante. Quizás se debe a que el universo en expansión desarrollado por Lisa Joy y Jonathan Nolan tiene más de videojuego que de drama o de western y los participantes son piezas de ajedrez que cambian de nivel, de pantalla. Pero no le vendría mal un poco más de corazón.

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