Eduardo Mendicutti: «La melancolía es como el colesterol, la hay buena y mala»

Define su novela «Malandar» como una reflexión sobre el paso del tiempo a través de una «amistad amorosa»

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«Busti abrió muchísimo aquellos ojos celestes y acuosos que él tenía, como si acabara de escuchar, en una madriguera de jemeres rojos, Negra sombra, de doña Rosalía de Castro, en su versión coral de monjas de un convento de clausura». Esto escribe Eduardo Mendicutti (Sanlúcar de Barrameda, 1948) en su última novela, Malandar (Tusquets).

De esta «evocación deliciosa de la infancia y el despertar sexual», de los años de excesos en Madrid y de la «amistad amorosa» que los tres protagonistas mantienen durante más de medio siglo hablará Mendicutti esta tarde, a las 18.30 horas, en la sede de la UNED de A Coruña en un acto que cierra la 14.ª edición del ciclo Encuentros con escritores, que coordina Javier Pintor. El autor apunta, riéndose, que la alusión a la Negra sombra es una broma en esta historia del ir y venir de Miguel Durán, el protagonista homosexual, y sus amigos Toni y Elena, en un recorrido que arranca en su adolescencia en un pueblo de la costa andaluza, pasa por Madrid y regresa a sus orígenes al cabo de los años.

-¿Es una historia sobre la vuelta a la infancia?

-Es un libro sobre el paso del tiempo y la influencia del paso del tiempo. Es la historia de la relación entre tres personas, de una amistad amorosa detrás de la que se esconden amores cruzados que no acaban de cristalizar. Es la evocación de lo que se ha vivido, pero me gusta que no se vea con la melancolía por lo que se ha perdido, sino con la alegría de lo que se ha vivido.

-Parece inevitable dejarse llevar de una cierta melancolía evocando los tiempos felices...

-La melancolía es como el colesterol: la hay buena y mala. La mala es un sentimiento peligroso, amable pero que acaba paralizándote. La melancolía buena es la que te lleva a celebrar lo que has vivido. La mala, a lamentar lo perdido.

-¿Diría que es una novela costumbrista?

-Es una novela realista. La mayoría de las novelas cuentan la vida como es, en este caso, como ocurre en Malandar. Y hay muchos escritores, sobre todo en España, que rechazan el costumbrismo solo por una postura esnob. Insisto: es una novela realista.

-¿Le gustan los toros?... Pregunto por eso que hace de narrar un encuentro sexual con lenguaje taurino...

-[Risas]. Me parece que ese capítulo lo debí dejar fuera. Me lo han comentado mucho. No me gustan especialmente los toros. Fui una vez con mi padre y muchos años después volví con unos amigos. Vi los ojos de aquel toro herido y me dije que no volvería a una plaza de toros hasta que tuviera enfermería para los toros. Pero sí es cierto que en esa mística taurina aparece esa relación sensual del torero y el toro.

-La novela tiene un tono muy andaluz, de dichos, de motes, como cuando al frutero en lugar de Paco le llaman Kiwi...

-Hay mucho lenguaje andaluz. Sobre todo, en el personaje de Antonia. Ella es la que se encarga de esas maneras de decir, de contar, de llamar a la misma cosa de varias maneras diferentes. Yo soy muy andaluz y no porque me gusten los toros, que más bien poco, no por hablar andaluz, que llevo 40 años en Madrid, ni por el Rocío, que es una pesadez, ni por las ferias, ni la Semana Santa, que tiene sus cosas… Soy andaluz por el lenguaje, por la memoria de cómo hablaba mi gente.

-¿Cuida mucho el lenguaje?

-Para escribir has de tener un instinto para la elección del lenguaje. Cada novela tiene su registro. Una cosa que han dicho de esta novela, y me ha gustado, es que la voz narradora va evolucionando desde la adolescente de la primera parte, la adulta de la segunda y la más adulta de la tercera, la del regreso a Malandar.

-La segunda, con esas vivencias y relaciones del protagonista en Madrid, es un poco alocada...

-Es una gran loquería... [risa].

-Otra expresión andaluza, ¿no?

-¡Pues claro!

«Si no tengo el título no puedo empezar a escribir»

Mendicutti asegura que lleva «algún tiempo» con esta novela en la cabeza, pero se le cruzaron otras dos por el medio: «Una que fue por una cuestión meramente personal y otra porque quería escribir sobre un tema de actualidad». En cuanto al proceso de creación de un nuevo libro, explica: «Me doy un tiempo para seleccionar bien y luego elijo el título, porque sin el título no puedo empezar a escribir. Cada novela tiene su registro y eso me lo da el título».

-¿Ya tiene el de la próxima?

-Estoy con la promoción de esta y luego tengo alguna historia que casi me están forzando para que la escriba.

-¿Cómo lleva eso de que le empujen a escribir de algo?

-Pues es algo que llevo fatal. No me gusta nada. Es cierto que el verano pasado estuve en Japón, que fue un viaje enloquecido y, luego, que los japoneses son los tipos más raros que he visto.

-¿De La Algaida andaluza de esta novela a Japón?

-La Algaida es una ciudad emocional, no es Sanlúcar donde nací, ni El Puerto de Santa María, donde viví. Es una mezcla de las dos porque necesitaba que hubiera tren. Y Malandar es un sitio que existe en el litoral, se llama la Punta de Malandar.

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