Joël Dicker: «Todavía soy un joven autor que tiene mucho que aprender de su oficio»

El escritor suizo, que ha vendido cuatro millones de libros con solo 33 años, regresa con una novela de intriga

.

Quería ser futbolista o estrella del rock cuando era niño, pero se ha convertido en un escritor que ya ha vendido cuatro millones de libros. La verdad sobre el caso Harry Quebert fue un fenómeno literario que catapultó a Joël Dicker (Ginebra, 1985), que ahora publica La desaparición de Stephanie Mailer (Alfaguara).

-¿Qué representa esta novela en su carrera?

-Es una novela importante porque hay un considerable trabajo técnico en la creación de los personajes, la historia y los vínculos entre los diferentes hilos argumentales. Pero, aunque he vendido muchos libros, me siento todavía como un joven autor con más novelas rechazadas, seis, que publicadas, cuatro, que está aprendiendo el oficio y aún tiene mucho que aprender.

-Tengo entendido que escribió 60 versiones de la novela, una de las cuales tenía 1.200 páginas.

-En la primera versión no había crimen. La idea inicial no es el crimen, eso vino después. Es una novela polifónica, personajes que se encuentran en la misma ciudad y mantienen una serie de relaciones que se van estrechando y luego viene la idea del asesinato, que hace que tengan algo en común.

-¿El hecho de que haga tantas versiones es por perfeccionismo o por inseguridad?

-Ni una cosa ni la otra, es mi manera de trabajar. Trabajo por capas, un nuevo elemento, un nuevo acontecimiento, un nuevo personaje, que aportan y dan una nueva versión del libro.

-¿Antes de empezar a escribir no tiene un plan definido?

-No, es como un rompecabezas con muchas piezas que se van uniendo. Voy añadiendo personajes y pienso dónde pueden encajar para que funcionen. Luego empiezo con la intriga para vincularlos. No sé lo que va a pasar al final de la novela, lo voy descubriendo según escribo. Ese es para mí el placer de la escritura.

-En sus novelas no describe a sus personajes. ¿Por qué?

-Para mí es importante porque deja lugar a que el lector interprete, pues tiene derecho a crear su propia historia sin que le contaminen mis indicaciones. Por eso no describo sus características, que sea alto o bajo, rubio o castaño, no es importante para la comprensión de la historia. La decisión sobre el físico de los personajes o el escenario de la historia le pertenece al lector, que es el que construye realmente el imaginario del texto. Yo me hago a un lado. Creo que una novela en la que hay mucha descripción y mucha explicación impide entrar en ella al lector.

-Tampoco le interesan los asesinos en serie ni hay descripciones de los asesinatos.

-Me interesa la gente normal, que de repente derrapa por alguna razón, ve como su vida cambia radicalmente y se mete en un engranaje en el que todo es posible.

-¿Por qué ha decidido situar la historia otra vez en la costa este de Estados Unidos?

-Porque he pasado allí mucho tiempo y lo conozco muy bien, pero está lo suficientemente lejos de mí, que vivo en Ginebra, y necesito esa distancia entre mí mismo y el narrador de la historia.

-La novela contiene una trama policíaca, pero usted insiste que no escribe novela negra ni policial.

-Más que insistir explico al lector que espera encontrar una novela negra que no es exactamente eso, porque no respeta totalmente sus códigos; por ejemplo, todo lo que pasa en la intriga no tiene que ver por fuerza con la resolución del crimen.

-En la novela aparece un crítico literario que dice que lo que no tiene éxito es forzosamente bueno. ¿Es una venganza por algunas malas críticas que ha tenido?

-Es un divertimento, poner en tela de juicio a ese personaje que se reconforta en su inutilidad porque no tiene éxito.

-He leído críticas muy duras a su novela en medios franceses.

-No tan duras como con La verdad sobre el caso Harry Quebert. En cada libro siempre hay gente que lloriquea, gruñe y dice que es una mierda. Tienen derecho a decir lo que quieran y a que no les guste. Pero al cabo de cuatro libros leer las mismas críticas de los mismos críticos es un déjà vu.

«Cuanto más acceso hay a la cultura, menos interesa»

Dicker asegura que el espectacular éxito de La verdad sobre el caso Harry Quebert no le ha condicionado. «He sido muy libre gracias a que no era mi primera novela y, por tanto, me puse a trabajar de la misma manera que en las anteriores, sin plantearme nada más y con un editor que me decía que solo publicaría mi siguiente novela si era buena», afirma el autor de El libro de los Baltimore.

-¿Qué justificación le dieron las editoriales para no publicar las seis novelas que rechazaron?

-Me dijeron que no eran lo suficientemente buenas, sin decirme por qué. Ya no tengo ganas de publicarlas, no tendría sentido.

-En su novela aparece la decadencia de la cultura y de la prensa en nuestras sociedades.

-Es inquietante, porque a la gente le da igual todo y no se da cuenta de la importancia de tener una sociedad donde haya periódicos, teatros, librerías, una información libre e independiente, acceso a la literatura. Sin la prensa independiente la democracia está en peligro. Pero la gente no paga por leer, prefiere hacerlo en Facebook, a pensar de las manipulaciones y las fake news. Es muy preocupante que la gente prefiera pasar el tiempo viendo vídeos de las Kardashian o de youtubers y no leyendo literatura de calidad. Antes nuestros ídolos eran astronautas, científicos y escritores, ahora son ellos. Creo que es sintomático que cuanto más acceso se tiene a la cultura, menos interesa.

-Pero usted publica novelas de más de 600 páginas de éxito.

-Creo que hay que luchar por ello, porque a la gente le gusta leer pero todavía no lo sabe. Le gusta la diversión, el entretenimiento, pasan horas delante de la televisión viendo series, tienen tiempo.

-¿Qué le parece la serie que se ha hecho sobre «La verdad sobre el caso Harry Quebert»?

-Estoy muy contento con lo que ha hecho Jean-Jacques Annaud, el director. Había que poner rostro a los personajes y construir escenarios que yo no describo. Y lo ha hecho muy bien porque lo que surge de la serie no es tanto lo que se ve, sino un sentimiento, emociones, lo mismo que se experimenta leyendo.

Valora este artículo

0 votos
Comentarios

Joël Dicker: «Todavía soy un joven autor que tiene mucho que aprender de su oficio»