«Solo a través de la cultura y del conocimiento podemos juzgar con criterio la música de hoy»
CULTURA
El compositor de bandas sonoras Éric Demarsan estará presente hoy en el cierre del ciclo de cine Radar dedicado a Melville, para el que creó las memorables piezas de «Círculo rojo»
29 jun 2018 . Actualizado a las 05:00 h.La música tiene el poder de evocar emociones, de transportar al receptor a lugares desconocidos, de unir experiencias personales a sonidos concretos. En la cinematografía, la música adquiere una importancia pareja a las imágenes, de tal modo que es capaz de conducir de una escena a otra, de convertir en inolvidable un filme. Tras una vida envuelto entre los entresijos de la composición de bandas sonoras, Éric Demarsan (París, 1938) no duda en afirmar que la intuición es la mejor aliada para la creación musical. Pese a acercarse a la suma de ocho décadas sobre sus hombros, no se enclaustra en un único género, sino que aboga por la experimentación sin perder el significado global de cada película. Con motivo del cierre del ciclo de cine Radar dedicado a Jean-Pierre Melville, Oviedo acoge este viernes a las 20:00 horas un acto en el Teatro Campoamor que incluye una mesa redonda con personalidades muy cercanas al director francés. Para la culminación del evento, Oviedo Filarmonía ofrecerá un concierto interpretando dos de las bandas sonoras que Demarsan compuso para Melville bajo la batuta de Iker Sánchez.
-Hoy se cierra el círculo de Radar dedicado a Melville con la interpretación de dos de sus creaciones por la Oviedo Filarmonía. ¿Qué tipo de arreglos ha realizado para esta ocasión?
-He unido todos los temas de El ejército de las sombras y Círculo rojo y, tras seleccionar los más importantes y bonitos de cada una de las películas, he construido un montaje. Un concierto no es como visionar una película, así que hay que reorganizar la música de una manera especial. He unido las piezas que he elegido, algunas veces teniendo que reorquestar alguna de manera diferente, pero manteniendo, por supuesto, el espíritu de las películas.
-¿Cómo ha sido el trabajo con los músicos y el director, Iker Sánchez?
-Todo el montaje lo he hecho con uno de mis propios orquestadores, Alexis Morel. Recibimos, a través de María Riera (gerente de Oviedo Filarmonía), la composición de la orquesta y, tras tener la visión de lo que existía empezamos a trabajar juntos y a preguntar, por ejemplo, si era posible tener un percusionista de más, un acordeón, etc. Cuando me puse a escribir la música para Círculo rojo, Melville quería que estuviera presente en la composición la música de Modern Jazz Quartet, que eran muy conocidos en los años 70 (el pianista era John Lewis). Teniendo en cuenta sus deseos, cree la música alrededor del núcleo de un cuarteto de jazz. Por eso, para el concierto de Oviedo necesitaba también un cuarteto de jazz y estará presente (compuesto por Jacobo de Miguel, Ton Risco, Fernando Arias y Tony Cruz).
Aparte de este núcleo, cada grupo de instrumentos está bien organizado gracias al trabajo de mi orquestador Alexis, que ha estado en contacto con Iker para terminar de dar forma a los arreglos que he creado para la ocasión. En cuanto a Iker, ha sido fantástico. Es una persona formidable y, viendo el ensayo, puedo decir que dirige con verdadero amor, se abre a los músicos, les habla con sonrisas... Es un gran director, se nota que lo lleva en el corazón.
«Reacciono a la emoción que percibo a través de las imágenes»
-La música en el cine conduce al espectador a una serie de emociones concretas. ¿Cuáles cree que son las claves para que una banda sonora se convierta en memorable?
-No hay secreto. La llave mágica está en uno mismo y muchas veces ni siquiera uno es capaz de darse cuenta de que la tiene. Para crear, para escribir, necesito las imágenes. Cuando las veo llega esa intuición natural. No significa que encuentre inmediatamente los temas adecuados, pero reacciono a la emoción que percibo a través de las imágenes.
-En ese sentido, ¿se puede componer sin leer el guión?
-Sí, por supuesto. Justamente con Melville hice lo contrario. No leí el guión, no vi las imágenes. Él me dio las indicaciones a través de breves frases de las que se desprendían sus ideas para la música. Melville quería que escribiera sobre algo imaginario, no me permitió ni leer el guión, ni ver la película. Me pidió componer, me contó cómo quería que fuese la música, me lo transmitió al corazón y, a través de sus palabras, encontré la inspiración para escribir de una manera totalmente diferente a la habitual. Fue un acuerdo de confianza.
-Se trata pues de un trabajo en estrecha colaboración con el director. ¿Ha vivido algún conflicto por mantener ideas contrapuestas con un director o suele ser un proceso fluido?
-Conflictos muy pocas veces. Si tuviera que decir un número diría que unas tres y, normalmente, el proyecto no sale adelante pues, si uno de los dos no está bien, alguno acaba por irse. En general, con los directores con los que he trabajado me ha ido muy bien porque parten de la base de que saben de lo que están hablando, conocen la música. Yo suelo hacer propuestas y el director responde de acuerdo a si le gusta más o menos, pero siempre de una manera fluida, hacia un objetivo común, desde la perspectiva de personas que saben perfectamente de lo que están hablando y partiendo de la base de que el director tenga buen gusto. Es un trabajo de compenetración.
«El jazz siempre ha tenido su público, aunque nunca haya sido para el gran público»
-En Círculo rojo el jazz une una escena con otra, matiza cada sucesión de imágenes. Este gran género musical parece, sin embargo, relegado a un reducto de entendidos y aficionados. ¿No es -ni será ya- música para el gran público?
-El jazz, efectivamente, como en otras muchas áreas, debido a toda la llegada de diferentes ofertas musicales ha ido, poco a poco, perdiendo su lugar. Hace cuarenta años, estaba el jazz, la música clásica y la música de variedades. A día de hoy hay muchas más, está el rap y todos los grandes géneros comerciales. Si bien, el jazz sigue teniendo un lugar importantísimo. En Francia hay festivales de jazz y siempre han tenido su público, aunque nunca hayan sido para el gran público. No obstante, sus seguidores se mantienen fieles.
«Las bandas sonoras ya no viven solo en las películas, también tienen su espacio fuera de ellas»
-Sin embargo, en el cine se pueden disfrutar de composiciones jazzísticas como las de Justin Hurwitz para películas como Whiplash o La La Land, aclamadas por la audiencia. ¿Es el cine un buen medio para dar cabida a géneros minoritarios?
-Es difícil de responder. Lo interesante de todo esto es que ahora se hacen conciertos de bandas sonoras. En este sentido, lo bonito es que esta música ya no vive solo en las películas, sino que también tiene su espacio fuera de ellas.
-Por último, partiendo de la base de que la oferta musical actual es, como comentó, muy variada, ¿deberían los jóvenes escuchar más a los clásicos o los adultos más a las tendencias contemporáneas?
-(Risas). Visto desde arriba, en realidad es una cuestión de educación. Al menos en Francia, los colegios deberían dedicar muchísimas más horas a formar a los jóvenes en música, en cultura. Es muy importante saber de dónde venimos. Solo a través de la cultura y del conocimiento podemos opinar y juzgar con criterio la música de hoy.