Gijón

Cuando Ruth Mathilda Anderson, acompañada de su padre, Alfred Theodore Anderson, cruzó el Eo para entrar en Asturias desde Galicia en enero de 1925, llevaba ya meses disparando su cámara en Galicia. Hasta mayo de ese mismo año, y durante unos días de julio, la fotógrafa norteamericana comisionada por el millonario Archer M. Huttington, el mecenas fundador de The Hispanic Society of America, para capturar en imágenes el «alma de España» realizó más de un millar de fotografías: un tesoro de imágenes de sorprendente autenticidad y belleza que nunca hasta hoyse habían visto en el Principado, a pesar de que reflejan como pocas la esencia profunda, campesina y pescadora, rural y señorial, de lo asturiano. Ciento veinte de ellas, más otras 78 incluidas en un audiovisual, pueden verse desde hoy en una doble muestra en el Centro de Cultura Antiguo Instituto y el Museo Casa Natal de Jovellanos, y una parte de ellas viajarán por Asturias lo mismo que lo hizo su autora: primero con parada en el Muséu del Pueblu d'Asturies y después a través de la Red de Museos Etnográficos asturianos. Son imágenes a menudo tan insólitas y tan reveladoras que los organizadores han titulado la exposición Hallazgo de lo ignorado.

La expresión antes citada de el «alma de España» es de Patrick Lenaghan, el conservacor de la colección fotográfica de la Hispanic Society, que ha colaborado estrechamente con los responsables del Pueblu d'Asturies y de la Casa Natal, Juaco López y Lucía Peláez, para sacar adelante una muestra largamente acariciada que se concretó a raíz del estrechamiento de lazos entre el Principado y la entidad norteamericana después de la concesión del Premio Princesa de Cooperación Internacional el pasado año. Lenaghan la ha utilizado durante la presentación de la exposición para describir el cometido que el multimillonario Huttington, fascinado con España y lo hispánico, encomendó a Ruth M. Anderson (1893-1983), una de las más sensibles y competentes fotógrafas de su tiempo. Entre 1923 y 1930, y en un segundo viaje entre 1948 y 1949, realizó más de 14.000 instantáneas en las que combina la perspicacia y la distancia de la etnóloga, la sensibilidad de la artistas y la implicación de la viajera que supo implicarse en los paisajes y las personas que se encontró en sus viajes.

Don de gentes

Así lo han destacado tanto Lenaghan -que estos días viaja también por Asturias junto a su familia- y la comisaria de la muestra, Noemí Espinosa. La investigadora es también autora del estudio que incluye el catálogo de la muestra, editado por KRK con 130 de las fotografías de la colección. Espinosa ha aludido también a la ayuda que la fotógrafa viajera recibió en Asturias de eruditos como Aurelio del Llano, de eclesiásticos o de los propios asturianos y asturianas a los que cautivó con su «don de gentes», de manera que se metió -literalmente- en muchas ocasiones hasta la cocina. Tabernas, interiores rurales, mobiliario y ajuares y palacios señoriales fotografiados con una intimidad cautivadora forman una parte esencial de la colección, que se exhibe en uno de los interiores retratados, precisamente: la Casa Natal de Jovellanos.  La Asturias del aire libre, los paisajes siempre habitados y trabajados, los mercados, los pescadores y los oficios artesanales ocupa la primera planta del CCAI, donde también se proyecta un audiovisual. En cada imagen se aprecia el dominio de la técnica y la capacidad para emplearla en un trabajo de campo a menudo complicado, el uso de filtros o del flash, pero también la mirada «pìctorialista» que Anderson tomó de Clarence White, uno de sus maestros.

La calidad original de las imágenes se ha redondeado con el trabajo exquisito de Juan Manuel Castro Prieto en el positivado, según ha destacado Juaco López, que ha asegurado que la selección ha resultado particularmente difícil porque Anderson «no hacía foto mala». El director del Pueblu d'Asturies ha destacado su condición de mujer y el hecho de que esa condición haga que la mujer tenga un especial protagonismo en estas series, y ha recordado que su trabajo o el de otros fotógrafos como Fritz Kruger resutan decisivos para revelarnos «un mundo invisible» que apenas se documentó, por pura proximidad, desde la propia Asturias, y desde luego no con la distancia y la calidad técnica de estos fotógrafos. López ha aprovechado, por cierto, para reivindicar una asignatura de historia de la fotografía en la Universidad de Oviedo para aportar la investigación que, con colecciones como esta y las que va atesorando el museo que dirige, exigen a voz en grito una mirada científica.

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Esta mujer te mostrará Asturias como nunca la habías visto