Chimo  Bayo: «Si hay que ser transgresor para divertirse, se es transgresor»

El legendario agitador musical de la Ruta del Bakalao participa esta noche en el festival «Love the 90's» en GIjón

Chimo Bayo
Chimo Bayo

Gijón

Desde que Chimo Bayo cortó casi todo el 'Bakalao' que se consumió a manos llenas en las noches de macrodisco y destroy en el litoral valenciano de los 80 y los primeros 90 ha llovido mucho. No tanto como este verano en Asturias, pero sí lo suficiente para que todo lo que sucedió en aquellos templos non-stop del techno, el descoyunte electrónico y el culto a la química forme parte de la leyenda e incluso sea materia de revival. Un revival como el que esta noche se desparramará por la explanada del parque de los Hermanos Castro en Love the 90's, el espectáculo que congregará a miles de nostálgicos -de primera mano o sobrevenidos- de la década que, por leyes de la nostalgia y del mercado, toca recordar veinte años después. Bayo, al que le han dicho varias veces que es «la reencarnación de un samurái», llega a Gijón exultante y sintiéndose muy arropado en «una producción que piensa mucho en el artista al que promociona y en la que se cuida la imagen, el show, todo lo que hay preparado detrás para cada artista». «No es magia, es Share Music», proclama desde su barrio, en Monteolivete, Valencia, el emperador del techno levantino, jugando con el nombre de la productora que resucita el espíritu en esta gira.

-¿Qué se perdieron los que no vivieron los 90?

-En realidad, yo vengo de los ochenta. Durante diez años fui creando mi estilo. Empecé pinchando funky, me encantaba. La música disco todavía estaba ahí. Pero luego tuve la suerte de vivir toda la evolución de la música en los 80: los Nuevos Románticos, el funky blanco -ABC, I-Level- y luego el techno, aún me acuerdo del impacto de cuando salió el New Life de Depeche Mode. Y además, ya dentro de la Ruta del Bakalao, todo aquello que sucedió, tan especial. Hablo del año 84-85: toda la música que empezó a llegarnos del extranjero. Seguramente aquí, en Valencia, se vendían más discos de muchos de estos grupos que en sus lugares de origen. Valencia pilló un libreto que no era comercial en absoluto: era elegante, muy de sensualidad y sensibilidad. En esa época bailábamos cosas que ahora harían que la gente saliera corriendo de la pista. Entonces la peña acudía a ver qué grupo o qué música nueva iba a poner su disc-jockey preferido esa noche, aparte de los temazos que se bailaban. Había una mentalidad, un apetito de novedad que fue lo que hizo grande a la Ruta del Bakalao. Y lo pedía el propio público.

-Y aparte de lo que se perdieron los que no lo vivieron, ¿qué se ha perdido por el camino hasta ahora?

-Siempre pensé que Internet iba a permitir buscar, experimentar, descubrir nuevas opciones; que daría bastante libertad a los disc-jockeys para poner cosas diferentes. Pero ha sido completamente lo contrario. Lo que más suena es obligado ponérselo a la gente joven. En mi caso, mis shows como DJ son tradicionales, mantienen mi concepto: yo pongo música electrónica clásica, antigua… pero siempre tienen algo que no cambia, que es el 'sonido Bayo'. Yo no voy poner el tema que funciona ahora simplemente para quedar bien con la gente. La gente me respeta por ser auténtico, porque respeto mi estilo y siempre lo voy a hacer.

-Esta noche en Gijón también, por supuesto...

-Sí. Salgo como cantante y compositor de mis canciones, y también como autor. Es un show de tres canciones que han marcado la historia de muchísima gente: La tía Enriqueta, el Bombas y el Así me gusta a mí. Si te fijas, no se parece ninguna a la otra. Es otra de mis características como productor. Nada se parece a lo anterior que he hecho, siempre son diferentes las canciones.

-¿Y qué aporta eso del 'toque Bayo'?

-Me hablas del «Hu-Há», claro

-No, aparte de eso. ¿Qué ha aportado Chimo Bayo al techno de baile?

-Naturalidad. Que una canción se titule La tía Enriqueta es muy natural. Un homenaje a la gente mayor que, con 80 años tiene la capacidad de parecer tan joven o más que la gente de 25. Hay gente que con 25 parecen unos abuelos. Es un canto a la vitalidad, la edad, salud aparte, es una cuestión mental. De eso trata. Exta sí, exta no es una dualidad, un juego de palabras. La gente me dice «esta canción dice esto y lo otro»… bueno, a eso lo llamo yo ambigüedad. Una ambigüedad coherente. Cada uno entiende lo que quiere entender. El Bombas, a parte del Ráyate, el Exta sí-exta no, el Química es un homenaje a las víctimas de la guerra. Es real todo lo que he contado. Yo nunca he dicho ninguna mentira respecto a mis canciones y cómo las creé. Te tiene que venir el momento, hacerlo, escribirlo, plantearlo, proyectarlo en el estudio, cantarlo, escribir la letra y hacer la producción. Y luego, como DJ, me gusta la música oscura, muy oscura. Siempre en directo, improvisar me viene muy bien para componer canciones.

-¿Sus referencias ahora mismo?

-Yo hago música para pinchar en mis actuaciones. He hecho trap, con chavales que se llaman Beauty Brains, he hecho un tema que se llama Revolución, La fiesta del fuego… Hago canciones para mí, canciones que la gente cuando viene a verme puede escuchar y no va a escuchar en otro sitio. Las discotecas, ahora mismo, no tienen nada que ver con ese concepto. Mi hija, por ejemplo, pincha hip-hop, trap, diferentes cosas… Eso lo entiendo. Pero yo voy a una fiesta popular, incluso con mi hija, he pinchado y la gente han bailado, han bailado todos. Al final, uno llega. A lo mejor hay temas que no funcionan un día, los pones otro y saltan todos. Pero yo no busco eso. Lo que busco realmente es que permanezca en la memoria colectiva el concepto de Chimo Bayo como disc-jockey y como showman. Eso es realmente lo que yo hago y por lo que me contratan: para que sea yo mismo. Y eso realmente se consigue a base de ser muy mayor y de tener el concepto y la convicción de ser Chimo Bayo, de ser real.

-Hablando de memoria colectiva: la de toda aquella época quedó, en forma de relato, en su libro a cuatro manos con Emma Zafón:  No iba a salir y me lié.

-Pero es una novela, ¿eh? Una novela histórica de ficción.

-En toda buena novela histórica la base siempre es real...

-Es que todo el trasfondo es real en la novela: las anécdotas, las carreteras, las discotecas, las canciones, los DJ's... Pero también hay una trama creada: la de dos personas mayores que después de 25 años sin verse quieren volver a ser felices y que toman la decisión de volver a serlo como cuando tenían 25 años. Trata de la búsqueda de la felicidad: es divertida, es dura, no nos cortamos ni un duro a la hora de hablar de drogas y de sexo. Hasta Buenafuente y Broncano tiraban el libro al aire y decían: «¡Verás cómo por donde se abra hay sexo o hay droga!» Pues es verdad. Es muy importante de todos modos que una novela es una novela, es ficción como La guerra de las galaxias, ¿me explico?

-Completamente. Pero si se quita la capa de ficción, ¿queda la crónica debajo?

-Sí, por supuesto. Pero no hemos querido ser unos cronistas, hacer una cosa demasiado real. Lo que queríamos era hablar de la búsqueda de dos piraos que aspiran a la felicidad otra vez y vivir un día como cuando eran jóvenes.

-¿Siente que eso es posible?

-No sé. Los personajes lo consiguen y se lo pasan en grande, y acaban como acaban. Lo que queremos explicar es que nadie es tan malo como la gente lo pinta ni tan bueno como otros dicen. La gente se tiene que divertir. Y si hay que ser transgresor para divertirse, se es. Si miras la novela, no se hace daño a nadie: ni animales, ni cosas ni nada. ¿Que los protagonistas van al punto radical absoluto para ser felices? Sí. ¿Es necesario ser tan bestia para ser feliz? No. Hay gente que coge una bicicleta y es feliz. En este caso, esta gente viene de la puta Ruta del Bakalao y quieren volver a aquella época. Sin hacer daño a nadie, eso sí. Lo que tomaran o lo que hicieran solo les afectaba a ellos.

-¿Cree que se era más tolerante, más abierto, de alguna manera más libre a mediados de los 80 que ahora en este país?

-Es que ahora mismo, te tropiezas en cualquier sitio con alguien que se ha enfadado con su novia o que no la encuentra por redes sociales, y en lugar de empatizar -como se hacía en aquella época, cuando tenías que entenderte con el que tenías al lado por cojones, porque no había más manera de hacerte amigos cuando llegabas a un sitio donde no conocías a nadie- acabas a hostias. Ahora mismo la gente acaba a hostias más fácil. Si alguien cree en algún momento que la gente de la Ruta del Bakalao era mala gente, está completamente equivocado. Era gente que empatizaba con todo el mundo que venía de fuera. Valencia era un sitio que te acogía. Era tan grande aquella situación... Uno venía de Albacete, otro de Bilbao, otro de Barcelona o Madrid, se juntaban aquí y se lo pasaban en grande. Tomaran lo que tomaran, eso es otra cuestión. Pero la gente empatizaba. ¿Dónde está esa empatía que en aquella época existía? ¡Mira! Ya tenemos la rima para una canción. Pero de Alejandro Sanz (Ríe).

-¿Y por qué colapsó?

-Aquello empezó como una necesidad, como algo que ocurrió en la primera generación después de Franco, una generación muy libre. Llegó a ser demasiado grande. Y es normal que cuando llegamos a ser tantos nos quisieran parar. Lo único que no se para aunque se masifique es el puto fútbol. No sé cuánto dinero se gastan en vigilar que no se maten los unos a los otros. ¿Cómo llevamos a los niños a sitios así? ¡Estamos en el pan y circo de la época de Nerón! Lo nuestro no hacía daño a nadie.

-¿Y la química?

-Una gente sabía controlarla y otra no, pero no pasaba nada. Ahora la gente no sabe lo que toma, no tiene cultura de lo que toma. Yo he estado actuando ante el público durante ocho horas. Si alguien no tiene control sobre lo que toma no puede hacer algo así, ni tanto tiempo como lo he hecho yo. ¿Que tengo ese estigma? Sí, y me encanta tenerlo. Pero insisto, creo que éeramos mejor gente de lo que se dice. ¡Pero si ahora la gente se mata por nada! En aquella época no hubo ningún problema de ese tipo: ninguno. Y eso que se hizo muy grande.

-Sea como fuere, de la química se ha pasado al vino... Con marca propia.

Lo del vino ha sido una cosa excepcional. No sé ni los años que han pasado desde que inventé lo del «Hu-há», pero desde entonces se ha convertido en un grito de libertad, un grito de empatía. Lo patenté hace dos años y de pronto me encontré con una persona que empatizaba completamente conmigo, como Toni Arráez, que hace vinos como el Mala Vida y el Bala Perdida, unos vinos completamente diferentes que se han llevado premios a la bodega más innovadora. El vino es un número 1 en ventas se está vendiendo a un precio inferior a lo que realmente vale; vendemos un vino para regalar, para compartir con los amigos. Yo quería que llegara a todo el mundo. Tengo veinte mil anécdotas de gente que se ha vuelto loca después de que se lo regalaran compartiendo las fotos en redes. No estamos vendiendo un trago de líquido, un trago de un vino de uva bobal, que está buenísima. Estamos vendiendo una especie de placebo en el que estás bebiendo parte de la leyenda de la Ruta del Bakalao. La marca «Hu-Há» es un grito de libertad, de alegría y de empatía. El «Hu-Há» tiene que durar para toda la vida.

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