«Echo en falta autores que escriban teatro sobre una sociedad que envejece»

Lola Herrera representa este fin de semana en el teatro Jovellanos «Cinco horas con Mario», el monólogo de un personaje legendario del teatro español con el que se ha reencontrado a sus 83 años

Lola Herrera, en 'Cinco horas con Mario'
Lola Herrera, en 'Cinco horas con Mario'

Miguel Delibes le dio el espíritu y la palabra en 1966 y ella le otorgó cuerpo en 1979, y lo ha hecho durante 35 años más desde entonces. Hubo un momento en que Lola Herrera dejó de ser Carmen Sotillo, Menchu, la protagonista de la adaptación teatral de la emblemática novela de su paisano Cinco horas con Mario, pero contra sus propias expectativas, la actriz vallisoletana ha vuelto a serlo con 83 combativos y lúcidos años. El medio siglo de la obra la devolvió al montaje, de nuevo con el productor José Samano y la directora Josefina Molina. Era en teoría para unas cuantas representaciones, pero aquí sigue Carmen Sotillo: velando el cadáver de su marido y encarnando a un tipo de mujer y un tiempo muy lejano y al tiempo demasiado próximo. Nada puede con esa simbiosis entre personaje y actriz, al parecer. Ni siquiera el accidente que acabó quebrando un hueso de Herrera y apartándola por unas semanas de la gira que hoy y mañana (20,30 horas) llega al teatro Jovellanos de Gijón con casi todo el papel vendido.

-¿Qué tal la avería?

-Bastante bien, afortunadamente. Mi cuerpo ha reaccionado bien. Tropecé en la calle y me rompí la rótula… Madrid está con todas las baldosas levantadas. Y nada: dos meses y medio aquí. Ha sido un follón; ha habido que anular un montón de plazas y todo eso. Pero lo importante es que he salido con bien y no he sufrido mucho, aunque la rehabilitación ha sido dura y no estoy bien del todo. Por lo menos ya no tengo que estar quieta. Porque la quietud me mata.

-No parece usted de las que se quedan dos meses mano sobre mano.

-Como todos los de la profesión, yo he trabajado estando enferma, con fiebre, con todo tipo de cosas… Te acostumbras a eso y al final te cuesta mucho trabajo quedarte quieta. Ya me gustaría. Hay gente que sabe disfrutar de eso. Yo no: me entra azogue por el cuerpo.

-Berlanga decía que él sí sabía. Le resultaba inconcebible esa gente que necesitaba ocupar hasta el ocio haciendo cosas.

-Cuando estás muy aturullado y sobrepasada, a veces, claro que te apetece no hacer nada. Pero es una apetencia, no porque sea una imposición como en este caso.

-Parece difícil imponerte cosas. Da una imagen de mujer independiente, fuerte y con criterios propios. Supongo que sigue siendo así.

-Pues sí. Ya sabes: genio y figura. Es mi carácter. Hay que sobreponerse a los tropezones de todo tipo que vas dando en la vida. Nadie va a solucionártelos y hay que seguir adelante. Cuanto antes lo hagas, mejor; más tiempo te ahorras. Si hay que pagar un preciopor ello, merece la pena pagarlo. Que te dirijan la vida o que te la solucionen es algo que a alguna gente le gusta; a mí me gusta solucionarme la vida por mí misma, con los equipos profesionales con los que trabajo, tomando mis decisiones profesionales y personales… Y me equivoco muchísimas veces. Pero me equivoco yo. Otras veces me han equivocado, y prefiero lo primero.

-Reclamar la autoría también de los errores.

-¡Claro!

-Ser Carmen Sotillo no fue un error precisamente. Ha sido una relación al final muy larga en la que me imagino que han intercambiado mucho. ¿Qué se han dado mutuamente el personaje y usted?

-Hay intercambio con casi todos los personajes. Yo diría más bien que con todos; con unos más, con otros menos. Pero indudablemente te tienes que meter ahí a saco, en la psicología de esa mujer, en la situación en la que se encuentra, en la época en la que le tocó vivir… Y ahí vas encontrando paralelismos, aproximaciones, descubrimientos. La verdad, ese trabajo no lo cambiaría por nada en la vida. Es gratificante, enriquecedor. En una palabra, ilusionante. Y sobre todo, te ayuda a conocerte a ti misma y a canalizar muchas cosas a través de los personajes. Hay resistencias de los personajes o en uno mismo. Puede suceder que te digas: «Yo no sé por dónde va esta mujer, qué es lo que quiere decir…» Para eso está el oficio. Cuanto más lejos de ti está el personaje, más te cuesta. Pero hay que encontrar la hebrita para tirar de ello y ahí va saliendo todo, poco a poco, con la ayuda del trabajo de dirección  y de investigación, de indagación psicológica… Este trabajo tiene una parte de juego dentro del trabajo. Vas probando cosas: unas veces aciertas, otras no, pero es siempre maravilloso.

-Y Carmen Sotillo volvió cuando menos se lo esperaba. ¿Cómo fue el reencuentro?

-Siempre estuvo ahí, siempe estuvo ahí. Es que esto que me ha sucedido -a los tres, a José Sámano, el productor, a Josefina Molina y a mí- es excepcional. Llevamos desde el 79, y el otro dia sobre la adaptación, después de tantos años. Nos dio un ataque de risa a los tres. «Pero bueno, ¿cómo es posible que estemos, después de tantos años, dándole vueltas a esto todavía?» Ese es el enganche, también con el público: que hay ahí una cantidad tal de material que puedes mirar de distintas formas que hace que cada uno encuentre algo que le toca de cerca, o que reconoce.

-Eso va siendo un clásico.

-Sí, los clásicos se hacen cada tanto. Yo explico en el programa donde trato de explicar que en su momento yo me despedí de Carmen con todas las de la ley: no pensaba encontrármela nunca más. Guardándole a la vez el recuerdo más amoroso y más tortuoso y más todo, porque son muchas cosas las que hemos pasado juntas, no pensaba reencontrarla. Pero las circunstancias a veces mandan, y el 50 aniversario de la novela de Miguel tuvo como consecuencia que nos pusiéramos a montar la función para hacerla unos días como homenaje. Yo estaba muy reticente. Estaba totalmente fuera de edad para hacer ese personaje, me daba pudor… muchas cosas. Fue una guerra conmigo misma. Pero al final me alegro muchísimo de haberme decidido, porque he llegado a la conclusión de que Menchu puede tener cualquier edad. Es una mujer que cuenta una serie de cosas que, de fondo, son comunes a muchas mujeres; más que las que cuenta, las que siente. Creo que hice bien.

-Delibes decía que todo lo que escrbía buscaba un trasfondo sociológico. Vista desde ahora, la obra puede ser vista en muchos aspectos como un documento, un testimonio de aquel tiempo… Pero otros siguen estando muy cerca. Demasiado.

-Más lejos nos quedan los griegos, y ahí siguen. El texto fue un notario de la época, pero es una historia universal que puede pasar en cualquier época. Lo que hay al fondo de esa sociedad que retrata el texto son seres humanos fruto de esa sociedad, esa educación, el tiempo que les ha tocado vivir. Pero más al fondo, en el fondo-fondo, los sentimientos, las frustraciones, las alegrías y los sueños, son comunes a todas las épocas y a todos los seres humanos. Eso no tiene tiempo. En la trastienda de Carmen está eso, de todos los tiempos y de todas las gentes.

 -De todas las gentes, pero muy especialmente de las mujeres en el caso de sus dos papeles más emblemáticos: este, y el de la propia Lola Herrera en Función de noche, sincerándose también ante su marido...

-Imagínate viniendo de donde vengo, e imagínate las mujeres antes que nosotras: todo lo que han pasado. Qué ignorancia hay en la sociedad y entre las propias mujeres de quién ha habido antes, qué es lo que han hecho, cómo han tenido que luchar para tener todo lo que tenemos ahora. En la segunda mitad del siglo pasado hemos dado un paso de gigante. Son logros que me alegran. Son una riqueza para todos, un derecho, siendo como somos el 50 por ciento de la sociedad en la que vivimos, aunque aún queda mucho. Sigue habiendo una incomprensión por una parte de la sociedad hacia esos derechos, gente que quiere retroceder. Siempre es algo movible, en función de quien mande, de quien legisle, y sobre todo las cosas que tienen que ver con nosotras, las mujeres. Eso nos hace estar alertas y no pasar ni una. Ya sabemos lo que es aquello: la época en la que te casabas para toda la vida, no había divorcio, no podías denunciar a tu marido aunque te maltratara… Hemos ganado muchísimas cosas. Y ahora, afortunadamente, las mujeres se rebelan ante muchos hechos.

 -Y hacen lo que hicieron, entonces como una ruptura, sus personajes y usted misma: hablar en voz alta, hacer escuchar lo que sienten, lo que les pasa.

-Claro. Aunque hay muchas de esas cosas que la gente no quiere oír; todos somos muy felices y nunca pasa nada. Aquí no pasa nada.

-Sigue activa y en primera línea, a despecho de dos circunstancias que se convierten en un hándicap en el mundo del espectáculo: la veteranía y el hecho de ser mujer.

-Ahí seguimos batallando. No te vayas a creer: hay mucha dificultad, muchísima, para encontrar textos. Ya sabes que los hombres, en la ficción, siguen teniendo edad y trabajo siempre, se escribe para ellos. Sin embargo, para las mujeres, a partir de los 45-50 se escribe muy poco, disminuye una barbaridad. No te quiero decir nada cuando tienes 83, como yo. Es dífícil conseguir textos que no sean clásicos o un tipo de teatro que yo no quiero hacer.

-¿Y qué es lo que quiere hacer?

-Quiero hacer teatro sobre lo que pasa ahora. Hay bastantes cosas importantes e interesantes que poner sobre el tapete. Pero no hay autores para escribir sobre todas las generaciones, sobre una sociedad que está envejeciendo, en la que todos tienen que ser recién nacidos. Hace falta contar cosas con las que se sienta identificado otro sector de la sociedad, mayor: la eutanasia, el envejecimiento… Hay que cuestionar cosas, hay que discutirlas, hacerlas visibles. Pero la gente, a partir de una cierta edad desaparece del panorama. Es como que no contase. Cuando es al revés: cuando más tiempo vives, más cosas tienes para contar, más cosas te han pasado. El ombligo del mundo se puede ser en cada etapa de la vida. La sociedad la formamos todo y hay que contar todo lo que pasa en la sociedad, porque eso enriquece y te da perspectiva. Hay gente que no quiere mirar para atrás para nada, ni para tomar impulso, cuando mirar para atrás es muy sano; no para quedarse atrás sino para saber de dónde viene uno y qué hacer a continuación.

-Interpretó al personaje de Eva Harrington, que a su vez interpretó Bette Davis en Eva al desnudo: una actriz plena de talento y sabiduría que sin embargo empieza a ser dejada de lado por su edad. Afortunadamente, ese no parece ser su caso...

-En realidad ya no me puede pasar. Estoy en la recta final. Me parece mentira haber pasado una vida haciendo lo que yo quería hacer. No he sido de las elegidas, pero indudablemente a mí nunca me ha faltado el trabajo y siempre lo he hecho con entusiasmo y mucho amor.

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