«El amor es en cierto modo un crimen, porque es una ruptura del orden»

En «La segunda amante del rey», aúna una historia de amores y engaños con una vibrante trama policial


Es uno de los escritores peruanos más importantes, autor de novelas como La hora azul, La viajera del viento o La pasajera. Alonso Cueto (Lima, 1954) publica La segunda amante del rey (Literatura Random House), una historia policial, de amores y engaños, ambientada en Lima, que comienza cuando a Lali del Rey, una mujer que accedió a la clase alta gracias a su enlace con un adinerado hombre de negocios, le comunica su marido que la abandona por una mujer más joven y de provincias.

-¿Cómo surgió la novela?

-Estaba yo en Lima con un grupo de mujeres de diferentes edades y una de ellas, de la alta sociedad, en un arranque de sinceridad, dijo que sería capaz de cualquier cosa si su marido la dejase. Me pareció interesante porque lo que a un escritor le interesa es hasta dónde puede llegar un personaje, un ser humano, para defender su situación en el mundo, qué es capaz de hacer, de arriesgar, de poner en juego, si se ve amenazado. A los escritores nos interesan los personajes que están amenazados y en riesgo, porque en la amenaza y el riesgo sabemos quiénes somos. Lali no puede permitir que una muchacha de clase baja le quite su casa, su chófer, su piscina, sus comodidades.

-Es una novela de amor y policial. ¿Casan bien estos géneros?

-Creo que el amor es en cierto modo un crimen, porque es una ruptura del orden, es perturbador, y tiene el efecto de desordenar la realidad. Al perturbar la realidad puede pasar cualquier cosa, como ocurre en este libro, que lleva a un crimen. El amor y la muerte son experiencias límite y según respondamos a ellas sabemos cómo somos. Lali, la esposa, responde con un cálculo frío ante la amenaza de que su marido la deje. Mi amigo Carlos Franz la definió como una mujer mala, mala, mala, por ese orden, pero ha habido lectoras que son seguidoras incondicionales, lo cual me preocupa.

-Las tres protagonistas son mujeres. ¿Le interesan más como personajes que los hombres?

-Para el tipo de historias que me interesan, las mujeres son personajes estupendos porque viven más a fondo las relaciones, se entregan más y exigen más, mientras los hombres estamos más encerrados en nosotros mismos.

-En el libro hay también una crítica a la alta sociedad limeña, que sigue siendo clasista y racista.

-Es una clase dominante que ha vivido siempre de espaldas al resto del país, en un burbuja, como se ve en el personaje de Gustavo Rey, que se cree que vive en un reino y que el mundo se termina en su barrio, en su casa, en su trabajo y en su círculo de amigos. Pero en los últimos años, debido a acontecimientos traumáticos como la guerra de Sendero Luminoso, la clase alta ha tomado más conciencia de la realidad del país y ha descubierto los profundos problemas sociales de los que no puede escapar.

-Los conflictos sociales, étnicos y de clase de la sociedad peruana son un material excelente...

-Sí, porque, como dice Vargas Llosa, los escritores somos buitres que vivimos de la carroña. En países como Suiza, donde todo es perfecto, no hay escritores. Ahora está Joël Dicker, pero sus novelas pasan en Estados Unidos. Es un privilegio ser un escritor peruano porque en una sociedad en la que conviven gentes de tan diferentes culturas y hay enormes diferencias económicas, raciales y culturales hay conflictos, y donde hay conflictos hay historias.

-¿Qué ha supuesto esta novela después de la trilogía sobre la época de Sendero Luminoso?

-Una vuelta a un género que me atrae mucho, el policial. Creo que toda nuestra vida es una historia policial, que empieza cuando nuestro padre nos pregunta quién ha roto el cristal de la ventana, la lámpara o el jarrón. En cierto modo, toda la historia de la literatura tiene que ver con un gran tema, quién incumple una norma, ya sea legal, natural, moral, social, familiar o de algún tipo. La historia de Adán y Eva es una intriga policial donde hay crimen, corrupción y castigo; con Caín y Abel se inaugura la crónica roja; y Edipo Rey es una novela policíaca en la que el detective descubre que también es el criminal.

«Dime qué escritores prefieres y te diré quién eres»

«Somos los escritores que hemos leído; dime qué escritores prefieres y te diré quién eres», afirma Cueto. «Hay un escritor que adoro, quizá el único por el que me he peleado y he perdido amistades, que es Henry James», añade.

-Usted firmó un manifiesto de 300 intelectuales contra el indulto al expresidente Fujimori y el olvido de lo que sucedió en su país.

-La amnesia es inmoral, recordar es un gesto moral, significa primero recuperar a nuestros héroes más anónimos, a la gente que lo dio todo, y también confrontar a la sociedad con su pasado. El presente no existe, es evanescente, pero la relación con el futuro depende de un aprendizaje del pasado. La gente que quiere olvidar o ignorar el pasado por razones terapéuticas está retorciendo la historia.

-¿Cómo ve la situación actual de Perú?

-La economía ha ido a mejor, la sociedad es más móvil, lo que no ha mejorado es la política y los políticos. El gran problema, como en todo el mundo, es que la política se hace para favorecer al partido y no al país y es un lugar para medrar y sacar provecho propio mediante la corrupción. Estamos en una época en la que hay más caudillos que líderes en el mundo. Donald Trump o Puigdemont son caudillos. Tenemos que confiar en los líderes que quedan, que son Merkel, Trudeau y Macron, que abrazan un proyecto más inclusivo. También hay una creciente desigualdad en las sociedades y eso puede tener un desenlace violento.

-¿Cree que la novela puede aspirar a cambiar el mundo?

-No sé si puede cambiar el mundo. Hay pocos casos en que se sabe que fue así. Por ejemplo, La cabaña del Tío Tom de Harriet Beecher Stowe influyó en desencadenar la guerra civil estadounidense. El día que Lincoln conoció a esa mujer menuda le dijo: «Así que usted es la pequeña mujer que causó la gran guerra». Pero sí sé que en algunos casos las grandes novelas ayudan a cambiar la vida individual de los lectores. Novelas como Los miserables de Víctor Hugo, Cien años de soledad de García Márquez o Conversación en La Catedral de Vargas Llosa ayudaron a cambiar la vida de algunas personas, por lo que en cierto modo contribuyeron también a cambiar la historia. La idea de que la literatura contribuye a crear una conciencia en los lectores fue importante en los años 60, desapareció en los 80, pero ha reaparecido ahora con autores como Claudia Piñeiro, Leonardo Padura o Héctor Abad Faciolince. No es que las novelas tengan que dar respuestas ni mensajes o proclamas, pero sí despertar preguntas.

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