Errol Morris intenta acorralar al «hacedor» de Trump, Steve Bannon, en el imprescindible filme «American Dharma»
06 sep 2018 . Actualizado a las 08:15 h.Paul Greengrass ofreció en Venecia una lección de impudicia creativa y moral. En 22 July trata la matanza ejecutada por un ultraderechista en la isla de Utøya, donde liquidó en el verano del 2011 a 77 adolescentes. Esto lo resuelve en 30 minutos maquinales. Y dedica luego dos horas al juicio del asesino en masa, Anders Breivik. Pero es que la matanza de Utøya ya la hemos visto en pantalla grande y hace solo seis meses, en la muy notable cinta noruega de Erik Pope, a concurso en la Berlinale. En ella se filmaba aquella carnicería sin mostrar nunca al monstruo, de tal forma que la película funcionaba como eficacísimo viraje al horror.
Y aquí viene la infame faena de Greengrass y de Netflix. ¿Cómo explotar el caso, cuando en pleno proyecto se les ha adelantado una producción europea? Lo hacen centrando la historia en Breivik y su proceso judicial, tirando de Wikipedia para recetar la banalidad del mal. Pobre Hannah Arendt, tan poco leída y tan manoseada. Greengrass creció como director con dos sobrios filmes sobre el impacto del terrorismo: el de estado en Bloody Sunday y el yihadista en United 93.
El pim-pam-pum de Jason Bourne lo ha embrutecido. 22 July es lastimera en el zafio protagonismo que da al liquidador. Y ridícula cuando juega la baza sentimentaloide a cuenta del agonismo de las víctimas que sobrevivieron. Huyan de esta versión de la masacre de Utøya con la que mercadea Netflix. Esperen a la gran película noruega que se estrena en España en noviembre.
Aprendiz de brujo
El legendario documentalista Errol Morris nos cita en American Dharma para su duelo con el aprendiz de brujo que abrió la caja de Pandora de la alt-right norteamericana, sobre cuya ola ascendió a hacedor del candidato Donald Trump. El tipo que lo llevó a la presidencia, como cerebro de una campaña de agit-prop invertido, el blitzkrieg que tumbó a Hillary Clinton y estremeció al mundo. Ante ustedes, Steve Bannon. Es ya ángel caído porque Trump, celoso de la fama de ser su marioneta, lo cesó en agosto del 2017. Pero Bannon se siente Falstaff. Y acepta el papel de sacrificado servidor del tetrarca sin rencor aparente. Ahora está de gira en Europa, visitando a Salvini, Le Pen, Orban y otros coleguitas. Refundando la franquicia de chamán de la tribu ultra.
American Dharma es el ejercicio de esgrima dialéctica de Errol Morris y de un Bannon que devuelve golpes como un frontón. Morris le dice que votó a Clinton porque sentía pánico de él, pone en cuestión su cordura. Pero Bannon le lanza flores. Es un documento de visión imprescindible, con sus insertos de El puente sobre el río Kwai en cuyo antihéroe, Alec Guinness, Steve Bannon dice haber fundado su cruzada. Sale vivo del ring y contento del resultado porque ayer aterrizaba en Venecia.
El mexicano Carlos Reygadas nos arrolla con el acto de coraje de Nuestro tiempo, donde su mujer en la vida real, Natalia López, y él mismo protagonizan lo que es auto-ficción lacerante. En ella desnudan lo más íntimo de sus singulares roles sexuales en la relación de pareja y de dominio. Son cuatro horas de cara a cara donde Reygadas se dibuja a sí mismo como un ser imperativo y patético. Cine con riesgo autodestructivo, insólito y amarguísimo, solo entendible como autoexpiación. Tan subversivo e inaceptable para la moralidad al uso que solo recibirá lapidaciones.