«Yucatán»: Golpe en alta mar

La cinta de Daniel Monzón es su más ambiciosa y lograda comedia

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Tras éxitos en el thriller como Celda 211 y El Niño, que bien podrían llevarle por el camino del encasillamiento ante su demostrada destreza en el género, Daniel Monzón opta por huir de este aventurándose por una senda tan compleja a la par que -si se consigue orientar bien- agradecida como es la comedia.

Yucatán no es sin embargo la primera comedia del director (allá quedan primeros pasos entre los que estaba El robo más grande jamás contando), pero sí la más ambiciosa y, desde luego, más lograda. Y es que esta película, salvando posibles reticencias iniciales, nos ofrece más de lo que se podría pensar ante sus anuncios publicitarios. Lejos de ser meramente una insulsa comedia más del verano, este relato de aventuras de dos timadores que, en un crucero de lujo en la mejor tradición de Vacaciones en el mar, se esfuerzan por desplumar a un ganador de la lotería que viaja con su dispar familia al tiempo que luchan por ganarse a la chica (tercera timadora en discordia), se revela finalmente como una metáfora de la codicia humana, poniendo al límite a sus personajes en el qué harías por dinero.

Bebiendo de fuentes de la comedia clásica, de la screwball comedy, del slapstick y diversos homenajes al cine de timadores, Monzón adereza el conjunto con números musicales, juegos de enredos que van in crescendo y una -por suerte- escasa recurrencia al humor grueso.

Su reparto coral, cierto es, cuenta con desigual resultado -brilla en él por méritos propios Joan Pera y todos los matices de los que consigue dotar a su desafortunado ganador de lotería-, alguna subtrama se extiende en exceso y el pelo de Tosar resulta cuando menos peculiar, pero, en conjunto, estamos ante un entretenimiento de localizaciones muy agradecidas (México, Brasil, Marruecos, Canarias…) y un ejercicio muy digno de comedia al estilo clásico.

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