«Mamá y papá», luce buena mala leche

Pretende ser una sátira de la familia guay estadounidense, que tanto explotó el Hollywood de los años ochenta

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El oxímoron del título (Luce buena mala leche) es consciente, pues pese a que, por una vez, las muecas, los gritos y la cara de alucinado que exhibe Nicolas Cage están bien justificados: Mamá y papá pretende ser una sátira de la familia guay estadounidense, que tanto explotó el Hollywood de los años ochenta, con papás de salarios astronómicos y que son unos cielos, con niños que son una ricura, además de muy listos, residiendo todos en casas de ensueño, con porche y jardín en barrios que no veas... Pero en esto que un virus provoca que a los progenitores se les da por cargarse a sus hijos, vamos, a la manera zombi pero sin serlo. Simplemente convertidos en tarados, que en el caso de la parentela protagonista quizá resulte que la niña -como de la Generación Y, aunque algo tardía- les salió intuitiva y se huele el tomate cuando ve al padre mirarla de modo raro y a la madre peor de lo que suponía, ya que sus relaciones eran mejorables antes de la crisis.

Que Brian Taylor, de filmografía tirando a cuestionable, también escriba el guion aporta al resultado un plus de interés.

Regresando entonces a su primera intención, la de pintar con brocha gorda algunos tópicos alimentados por el cine a lo Disney, ese de familia dentrífica e impoluta, tampoco nos dejemos llevar por el entusiasmo, en parte, porque debe pagar algún peaje al género de terror -sótano, grandes cuchillos, sierras eléctricas...- y a su variante pandémica. En eso renquea bastante.

No funcionan los toques próximos a la farsa, porque no provoca risa a no ser que eleves el nivel de complicidad a extremos heroicos. De propina, Cage es un actor con un estigma, carga con un rostro inmutable en docenas de filmes. Interprete a un psicópata, a un bobo, a un buenazo o a un colérico, su rostro no muda. Ese mismo rostro que si le pones a dar voces, y le exiges que amenace con saltar los ojos de sus cuencas, queda-como-dios... Como caer en spoiler es de mal gusto, acabo reconociendo que me lo pasé muy bien con su rol de agente de ventas al que le sienta fatal la crisis de los 40. Y bravo por la madre, una muy convincente Selma Blair.

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