Reclaman que Cultura contrate especialistas y una comisión permanente de expertos para desarrollar planes preventivos, mientras patrimonio convoca una plaza de jefe de Conservación y Restauración para titulados en arquitectura
17 sep 2018 . Actualizado a las 16:57 h.Asturias atesora un patrimonio variado y muy valioso que de cuando en cuando salta a los titulares de prensa y a las redes sociales. En ocasiones, por la presentación a bombo y platillo de alguna restauración que pasa más bien desapercibida salvo para los más interesados; en otras -estas, por el contrario, al borde del trending topic- por los pintorescos pero espeluznantes desmanes cometidos por alguna mano aficionada con una pintura o una talla religiosa que no acababan de gustar a la feligresía. Son esos casos que han desempolvado el latinajo del 'ecce homo' y que hace una semana añadieron a su listado el de las ya celebérrimas tallas de Rañadoiro, en Tineo. Bajo el estruendo y la jocosidad que genera cada uno de estos casos, los profesionales asturianos de la restauración y la conservación del patrimonio se esfuerzan en transmitir a la ciudadanía el daño que llegan a causar estas acciones, el valor de lo que dañan, el peso de su cualificación profesional y la importancia crucial de la prevención y el control para anticipar cualquier deterioro, por obra del tiempo o por mano humana. Pero la opinión pública no es el único destinatario de su mensaje. También interpelan a las administraciones responsables directas del patrimonio.
Su petición es sencilla: quieren que se cuente con ellos en la propia estructura administrativa, de forma permanente y haciendo uso de su cualificación para desarrollar, sobre todo, planes estratégicos de conservación preventiva. Algo que, a pesar de las buenas palabras de los cargos políticos, parece lejos de cumplirse. La prueba no puede ser más reciente: el servicio de Patrimonio Cultural anunciaba ayer mismo una convocatoria para cubrir el puesto de Jefe de Sección de Conservación y Restauración en la Dirección General de Patrimonio Cultural de la consejería de Cultura. La titulación exigida: Arquitectura.
Marta Flórez, presidenta de la Asociación de Restauradores de Asturias (ARA) -y autora ella misma junto a Luis Suárez Saro de la restauración de las tallas de Rañadoiro- insiste en la necesidad de que ese desempeño debe corresponder a un restaurador titulado. Un arquitecto al final no sabe lo que es un estuco, lo que es un nodo, no sabe pensar un cuadro. Ni un arqueólogo o un geólogo que sabe de las piedras o de los huesos…», argumenta. Pero se da el caso de que en la administración autonómica «no hay ningún restaurador en plantilla como funcionario de carrera», y la administración parece optar por el camino menos engorroso para proveer la plaza: cubriendo la convocatoria mediante concurso interno, y para un plazo máximo de dos años, sin abrir la puerta a nuevas plazas específicas para restauradores o a contratos de obra para especialistas. Algo que los socios de ARA ya han solicitado y que pedirán nuevamente a la consejería en un escrito que prevén remitir a principios de la semana que viene. Como pedirán otra vez que se cree una comisión permanente de expertos en conservación y restauración.
Conservación antes que restauración
Flórez considera «fundamental» que eso se haga. «Desde ARA hemos animado al Principado a que se centre sobre todo en una labor de conservación preventiva en todo el territorio para ir paliando los daños en cualquier obra de arte o inmueble y su deterioro antes de que sea necesario restaurar», explica su presidenta. Han conseguido, no sin insistencia, que se les convoque de forma esporádica a las comisiones de Patrimonio; pero lo «ideal» sería consolidar un grupo de expertos que permitiese crear «un plan de conservación preventiva para el Principado con expertos en restauración de pintura, de escultura, de piedra, tejidos… que trabajase conforme a ese plan adelantándose a la restauración; por ejemplo, se trataría de ir haciendo mediante un trabajo sostenido que las pinturas románicas que tenemos no se deterioren más. No restaurarlas: ir iglesia por iglesia haciendo la evaluación de daños y tratando los deterioros»
Es algo que, aclara Marta Flórez, se hace en otras comunidades autónomas y sobre todo en otros países con un patrimonio especialmente rico, como Italia, donde «un grupo de personas que se encarga de ir por localidades evaluando y haciendo informes que luego se reúnen para elaborar un plan». Sin esa estrategia global, la restauración puntual es insuficiente: «De nada te vale meter 500.000 euros en un retablos si luego hay en el templo unas goteras o una humedad tremenda. Hay que acometer el entorno, intervenirlo para que se frenen los deterioros en las obras, y después restaurarlas. Yo he hecho pinturas murales en iglesias donde había grietas casi como mi brazo entero por donde se cuela el agua, los animales, el polvo, la humedad… Entonces, lo que haces de poco sirve», advierte Flórez. Es un método de trabajo que ha conocido de primera mano en Huesca y que resulta «fenomenal».
Los 'eccehomos' existen
Ese permanente trabajo de campo permitiría también que aflorasen -quizá con más discreción, quizá no tan extremos- casos como el del 'ecce-homo' de Rañadoiro. «Porque existir, existen, y debería haber un control», asevera la presidenta de ARA: «Este caso salió, pero ¿cuántos habrá que no salgan?» El caso de las coloristas tallas tinetenses le toca muy de cerca. Flórez sabe bien que esas figuras, en las que trabajó hace tres lustros, «estaban perfectamente restauradas y conservadas», gustasen o no a los vecinos, al sacerdote o a su intempestiva decoradora. E intenta hacer «algo de pedagogía» con ello.
«Hay que entender que la restauración no es creativa, que el restaurador no es creativo. Tienes formación artística porque has hecho Bellas Artes, pero cuando te metes en restauración, si falta el dedo tú no lo puedes hacer. No eres el autor, eres el restaurador. Solo tienes que respetar y conservar la obra después de un estudio previo bastante exhaustivo, artístico, histórico y científico. Nosotros no nos metemos en un cuadro así de repente. Antes de entrar en él estás una semana mirándolo, documentándote, haciendo pruebas… La gente piensa que es un trabajo muy bonito. Pero, ¿sabes lo que es estar horas encima de un andamio con una mascarilla, cayéndote polvo y productos en los ojos…?»
Teme Marta Flórez que esa información no acabe de llegar y las noticias más leídas sobre patrimonio se queden en la chanza. «A lo mejor es como lo de los másters, y al final ni se castiga al culpable ni la gente que habla de ello habla con la seriedad que debería», aventura. Mucho más concreto es el mensaje que espera que llegue el lunes a la consejería de Cultura. Y mientras se pregunta: «¿Para qué montar una escuela de restauración del Principado si luego no dan trabajo a los restauradores?»