No tanto por ser cine de género adscrito al más genuino «entertainment» palomitero, como porque ni el propio Black se lo toma en serio
17 sep 2018 . Actualizado a las 07:43 h.De aquella década ochentera, tan feliz para el cine de acción, Depredador (1987) fue uno de sus hitos, en parte por su director, el muy sólido John McTiernam, que no levanta cabeza desde hace años, prisión incluida. Tenía a Schwarzenegger de protagonista y en su mejor versión. El filme acabaría en franquicia y en caída libre. Tres décadas después regresan al punto de partida, a lo que en el argot llaman reboot, una vuelta a empezar, aunque con la salvedad de tener al frente a Shane Black (1961), un tipo majo, que debutara en el 2005 con la divertida parodia Kiss Kiss Bang Bang, que acudió a presentar a la Seminci de aquel año, incluido coloquio con el público. Black, sobre todo guionista especializado en buddy movies -estuvo muy vinculado a las cuatro de Arma letal y muchas otras-, luce sentido del humor y gran capacidad de reírse de Hollywood y hasta de sí mismo. Por fuerza, Predator llevaría su sello. Otra cosa es que convenció a media parroquia, mientras el resto le llama de todo menos bonito.
No es para tomarla en serio, no tanto por ser cine de género adscrito al más genuino entertainment palomitero, como porque ni el propio Black -además coguionista- se la toma en serio. Ni Body Holbrock tiene el carisma de Schwarzenegger, ni el alienígena provoca la inquietud de aquel, más feroz pero también más primitivo en uso de CGI. Además, aquel iba en serio y aquí tenemos a un grupo de militares al mando de Holbrock, todos tarados, camino del psiquiátrico hasta que se cruza el del título en el camino.
Hay una bióloga que sabe mucho y se comporta como una Navy Seal, o casi; un crío autista, pero de coeficiente intelectual top; y una panda de intrigantes en una base secreta, que son realmente imbéciles. De propina aparece otro predator más cabreado que el primero. Más allá de que un apasionado del género disfrutará del modo destroyer y paródico del filme, que, muy al contrario de la reciente Megalodon, en donde las víctimas no tienen venas, aquí haya sangre a calderos, desmembramientos y otras lindezas, casi se agradece. Pero sobre todo es de coña.