Efecto DX, contemporáneo internacional en Gijón

La XVIII edición de Danza Xixón trae a La Veronal de Marcos Morau, la coproducción de Sidi Larbi Cherkaoui y a la compañía de danza española de Daniel Doña, importante innovador, sobre todo desde su pieza Habitat

Un momento de 'Voronia', de La Veronal
Un momento de 'Voronia', de La Veronal

No es cosa de sorprender, tampoco de artificio mediático o avance informativo en los medios digitales y plataformas de redes sociales. Eso es una parte de lo que le pasa este año a la programación de Danza Xixón, que acumula para su XVIII edición un programa que se sujeta solo. Un buen número de espectáculos significativos e importantes, artísticamente hablando, que reúnen para esta ocasión el mejor equilibrio posible de obras y compañías seleccionadas.

Hablar de danza contemporánea y diagramarla es una cosa, y que encajen los programas y, por tanto, las exhibiciones dentro, digamos, de una misma órbita, otra. La edición anterior, que también alcanzó gran nivel, fue, por eso, algo más ecléctica: había más danza de raíz, estilos más polarizados.

Este año se ha logrado más unidad temática, más homogeneidad, con producciones escénicas de gran nivel y calidad; y, eso, para un ciclo como este, con el tirón que vive el estilo contemporáneo en los últimos años, es importante. Sobre todo, porque los entendidos y aficionados a la danza ven en eso una idea muy clara de confianza y profesionalización. A día de hoy no es poca cosa, entre otras consideraciones, porque la danza, así como producto a programar, se desenvuelve más en el mundo de lo que toca (moda) que de lo que merece la pena. Es con mucho con lo que menos riesgos se corre.

Distinto es, desde el punto de vista coreográfico y creativo, todo lo que se mete en ese saco, a veces mal definido (argumentado y llamado), de danza contemporánea. Y es distinto, también, cómo está y qué podría hacerse con la programación de danza en Asturias desde un margen más amplio, y a qué ideario de programación, como territorio con identidad propia, sin olvidar otras procedencias, debería obedecer. Pero esa, de momento, es otra historia.

Volvamos, pues, al ruedo de Danza Xixón, la DX de contemporáneo de marcado carácter internacional, y abordemos parte de lo que se verá en los principales centros escénicos, entre el 8 y el 28 de octubre, a cargo de 19 compañías. Algunas de ellas también harán profesión de fe con enseñanzas en diversos talleres y clases integrados en el propio ciclo. Pauta habitual: exhibir y también enseñar.  

Sutra, la etnia y su religión

De la mano del coreógrafo belga Sidi Larbi Cherkaoui, del escultor y diseñador británico Antony Gormley y del compositor Szymon Brzóska, se unen en Sutra, coproducción ya de 2009, otros mundos bailados muy relacionados con el ascetismo y la espiritualidad asiática, cargada de aportaciones artísticas a tres bandas. En la pieza participan 21 monjes del Templo Shaolin (declarado Patrimonio de la Humanidad en 2010) y confluyen principios estilísticos perfectamente reconocibles para el público; así, la importancia de las creencias, el orden vital y la amplitud del viaje, el que va desde el nacer hasta el morir.

En la pieza es plausible el principio más espesante de la marcialidad bailada que se vuelve secuencia a base de puesta en escena, justa gestualidad y movimiento sincrónico; un combinado que resulta de una disposición sustraída entre la gimnasia y el arte performativo mejor preparado. La naturaleza del hueco, de los huecos; los de dentro y los de fuera. Los aspectos formales y espirituales de esos huecos, su misterio y la evolución de su pensamiento. El principio está en la madera, una idea mística, un incensario; el rito interior como parte diaria y primera de la vida. Todo eso de los principios budistas.

En España, Sidi Larbi Cherkaoui es conocido por haber participado junto a María Pagés en la creación y producción coreográfica de Dunas, una obra también de 2009 y estrenada por la compañía de la sevillana en el Danse Festival de Singapur en octubre de ese mismo año. Sutra y Dunas comparten compositor, el citado Brzóska. Cita escénica para agendar. Es la que abre el paseíllo en el Jovellanos el día 8, el día que empieza el ciclo dancístico.

Voronia de La Veronal

Aunque en parte sobrevuele la idea de que las compañías catalanas se han visto afectadas por la inestabilidad social y política de su tierra (Cataluña siempre ha sido punta de lanza en artes escénicas, un ciclo que caducó hace bastante más tiempo que el que ya dura la crisis política, y de eso vive todavía), La Veronal siempre será La Veronal y Marcos Morau, Marcos Morau; no hay de otra, al menos de momento.

Voronia es una pieza de 2015 que se adentra directamente en la idea del mal como forma, camino e idea de pensamiento, para llegar a todo tipo de violencia. La obra trata de hablar de lo indecible, de lo que no se puede pronunciar. Con este tremendismo, y a la vez con la soltura que proporciona el cuerpo en movimiento para suavizar cualquier alegoría sobre el mal, por más fatal que parezca, llegamos a leer esos aspectos con cierta bonhomía, con aire de gracia bailada y comprensión mental. Ese es el tema y el objetivo.

Ni que decir tiene que la dramaturgia, el planteamiento escénico y parte de la masa temática central están directamente traídas de la Divina Comedia de Dante. Es una de la citas importantes del ciclo dancístico gijonés, sino la más. Se podrá ver el día 19 en el teatro Jovellanos y también para agendar.

Home 2.0

Los portugueses que integran Vortice Dance Company llegan a Gijón con el ánimo de sorprender y conquistar al público con lenguaje robótico, audiovisuales y tecnología. Home 2.0, una pieza de más de una hora de duración, está basada en la obra At home in space, de Phyllis J. Johnson, y trata de explicar la relación del hombre del futuro con nuevos espacios, nuevos territorios y nuevas formas de emoción, afecto y habitabilidad. Habrá que ver qué nos dicen los portugueses y cómo. Eso será el día 27 de octubre, también en el Jovellanos.

El Centro de Cultura Antiguo Instituto (CCAI) será el otro gran escenario de este Danza Xixón, con montajes más modestos, pero no por eso menos interesantes. La compañía murciana UpArte nos trae una troupe acrobática en la que portores y ágiles se alternan en vuelos y turnicidad. Tiempo para ver la mejor acrobacia secuenciada, que siempre es muy estimulante. Para ir con niños a los que les atraiga el deporte gimnástico, ideal.  Eso será el día 20 y seguro que Todo encaja, como asegura el nombre del espectáculo.

El día 21 los barceloneses de Iron Skulls nos ofrecerán No sin mis huesos, con el break-dance o el hip-hop (habitual en ellos) para traducir al presente el contexto social en el que vivió Cervantes en la España de los siglos XVI y XVII y de qué manera influyó en él como persona y escritor.

Al día siguiente, y también en el CCAI, los vascos de Ertza nos ofrecen Hariak, un espectáculo de teatro, danza y títeres donde los hilos de la escena son hilos de vida, metáforas para revelar cómo una vida cortada se puede volver a hilar. Representación recomendada por la Red Española de Teatros y Auditorios y Festivales de Titularidad Pública y por la Red Vasca de Teatros.

MiraMiró y la innovación de Daniel Doña

La obra del pintor Joan Miró es el elemento basal del espectáculo de la Compañía Baal, que nos trae el montaje MiraMiró, una composición de danza y animación en vídeo para gente menuda a partir de 4 años. En DX se han organizado pases escolares y exhibiciones para la familia en horario de colegio y también de tarde. Para hacer y formar público. Recomendable.

La compañía de flamenco y danza española Daniel Doña es de esas luces en verde fijas en el programa que también hay que meter en agenda. El CCAI acogerá la última de sus creaciones, Restrospectiva 2.0, que viene a ser un compacto de parte de las piezas más emblemáticas e importantes de su repertorio. Con el excelente sabor de boca que dejó su Hábitat (2017), perfecta combinación de vanguardia y tradición en una pieza técnica de altísimo nivel que merece mucho la pena programar, el granadino Doña viene a exponer el poderío de su creatividad, igual que lo hiciera el año pasado la muy interesante Sara Cano. Cita de las importantes. A ver el compacto.

El 24 octubre, turno en el patio del CCAI para Acrometría de PSiRC y, al día siguiente, para la compañía de la israelí Dana Raz, con sede en Asturias, que vuelve a exponer en Gijón su Wolves, una obra creada en la región, de la mano de bailarines y creadores de la tierra como Manu Badás y Paula Álvarez, entre otros. El día 26 abre con los valencianos de Maduixa y la pieza Mulier, y el 27 llega Impromoves del grupo Improviso.

Por último, el siempre atractivo y sugerente Espacio Escénico El Huerto de Gijón acoge el arte de una de las grandes damas del contemporáneo español, la obra de la madrileña Carmen Werner, referente indiscutible de Provisional Danza, que también participa en este ciclo con la Compañía Nómada. Dos piezas para dos días: sábado 27, De parte de ella; y, el domingo 28, Una vez más.

Hablar de mediano formato y poder proveer un ciclo de contemporáneo con la densidad suficiente de piezas y obras que redunden con solidez en un hilo de nivel y calidad parejo es muy meritorio. Los otoños siempre desbordan de citas culturales de muy diverso calado y argumento artístico: música, danza, teatro, cine…  Es cuestión de escoger de cada cosa qué, pero usar cada cosa. Hagamos un guiño profesional a los organizadores de este DX: esperamos que este año, a última hora y por no se sabe muy bien qué, no falten sillas en el Centro de Cultura Antiguo Instituto, pues, además de algún periodista, nunca se sabe quién puede haber entre el público.

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