Julieta Serrano, Premio Nacional de Teatro

Cultura destaca su «ejemplo de vocación sostenida» en su carrera de más de 60 años


Madrid / COLPISA

Con «enorme gratitud» y «legítimo orgullo» recibe Julieta Serrano (Barcelona, 1933) el Premio Nacional de Teatro. Para la veterana actriz este galardón pone «un broche de oro» a una larga y sostenida carrera de más de seis décadas. Es «un estímulo» en la trayectoria de una gran dama de la escena que pensaba «casi» en quedarse en casa ya, y a quien se distingue «por su incansable búsqueda artística e intelectual». También por «el compromiso y la generosidad en el trabajo» y por «su cercanía y su incalculable talento interpretativo».

Así lo destacó el jurado que le otorgó ayer el premio, dotado con 30.000 euros y que concede el Ministerio de Cultura. Las razones del jurado enorgullecen a esta actriz curtida en mil batallas interpretativas, capaz de fajarse con los clásicos griegos, con el Shakespeare más exigente, destilar la esencia de teatro de Lorca y ser la más madura y tragicómica de las chicas Almodóvar. Lamenta, con todo, que «la cultura siga postergada en España», pero cree que el teatro «sigue teniendo una mala salud de hierro».

Nacida en la convulsa España republicana, Serrano es hoy una de las figuras indiscutibles de la escena. Se inició en la interpretación asistiendo a las clases de teatro del Liceo de Barcelona. Se forjó en grupos aficionados y debutó en Madrid en 1958 con La rosa tatuada, de Tennessee Williams.

A lo largo de sus seis decenios de carrera ha protagonizado más de una treintena de montajes de Lope de Vega o Valle. Creó su propia compañía y participó en clásicos como Medea y Electra en Mérida. El jurado la distingue ahora por su labor en Ricard III, para el Teatro Nacional de Cataluña, y Dentro de la tierra, para el Centro Dramático Nacional.

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