«El humor no puede ser inofensivo. Tiene que rascar donde pica»

Luis Piedrahita y sus amígdalas llegan este sábado 29 de septiembre a Pola de Siero para compartir risas con los asistentes

Luis Piedrahita
Luis Piedrahita

Redacción

Un humorista puede encasillarse y hacer chistes sobre temas de actualidad, puede optar por tirar de tópicos o puede hacer como Luis Piedrahita, que en cada uno de sus espectáculos busca que el humor, además de obtener la risa hasta de la persona más seria, sea universal. De España a Argentina, Piedrahita hace que los asistentes a sus espectáculos muevan los músculos de sus rostros de la mejor manera posible. De carcajada en carcajada, Las amígdalas de mis amígdalas son sus amígdalas, su último espectáculo, llegan a Pola de Siero este sábado 29 de septiembre, al Teatro Auditorio de Siero, para que el público se adentre en el humorístico mundo que rodea a los pequeños objetos. Cuidado, porque se dice de este espectáculo que es una de las obras más ingeniosas, brillantes y poéticas del siglo XXI. La cuestión es, ¿quién lo ha dicho?

-La gira de Las amígdalas de mis amígdalas son sus amígdalas ya lleva un tiempo recorriendo los teatros. ¿Están cansadas sus amígdalas después de presentarse a tanta gente?

-¡Todavía son amígdalas muy jóvenes! ¿Te refieres a si me canso de hacerlo? Imposible. Las amígdalas de mis amígdalas son mis amígdalas es el mejor show de humor que he hecho hasta ahora. Será porque lo he escrito en colaboración con un asturiano ilustre, el gran Rodrigo Sopeña. Gran amigo y gran guionista. 

Me gusta tanto este espectáculo que no me pierdo ninguna representación. Voy a todas. No quiero ocultar que de este show se ha llegado a decir que es una de las obras más ingeniosas y poéticas del siglo XXI. Lo que sí quiero ocultar es que he sido yo el que lo ha dicho.

-Dice que «el humor es un arma de construcción masiva». ¿Puede ser que el humor destruya? ¿En qué casos y con qué consecuencias?

-El humor siempre es rebelde. Pero hay dos maneras de rebelarse contra la realidad. Una es destruir lo que no nos gusta y la otra es construir lo que sí nos gusta. Yo practico esto último. Mi trasgresión va por ahí: un humor surrealista, de aspiración tierna y poética. Un humor de la imaginación.

Mira que frase leí el otro día: «Uno de los signos que más acusan cambio de clima espiritual es la constante degradación de lo cómico y su concomitante embrutecimiento de la risa. La verdad es que nunca ha habido en el mundo, como hay en nuestros días, tantas gentes que parezcan rebuznar cuando ríen». Es de Machado. Me gusta que lo diga un poeta. Cuando el humor pierde poesía, la risa se convierte en un rebuzno.

«El humor ha de rascar, y ha de rascar fuerte, aunque irrite»

-¿Debería ser inocuo el humor?

-El humor no puede ser inofensivo. Siempre tiene que ofender pero la ofensa ha de ser justa. El humor ha de rascar, y ha de rascar fuerte, aunque irrite, pero ha de rascar donde pica. Rascar donde pica, alivia. Rascar donde no pica, solo irrita.

-¿Dónde se divisan los límites? Porque parece ser que hoy, en España, con muy poco puedes pasar de ser humorista a presidiario.

-Sabía que me preguntarías por eso. Cada día en el mercado, cuando me cortan el pelo o cuando robo cebollas en un huerto, no falta alguien que me pregunta por «los límites del humor». Unos dicen que los límites del humor han de estar en el respeto. Otros responden que la libertad de expresión es sagrada y enseguida salta otro que todos tenemos derecho a ofendernos, después otro le rompe una silla en la espalda porque eso le ha ofendido… Yo opino que los límites del humor están en el talento del humorista. El humorista talentoso, así como el poeta, sabe qué temas ha de tratar y cómo ha de tratarlos para ofender solamente a aquellos que se lo merecen. Insisto. El humor no puede ser inofensivo, pero la ofensa ha de ser justa.

«Ahora vivimos una época en la que parece que se puede hablar de todo pero en realidad no se puede hablar de nada»

-¿Se puede convertir en chiste cualquier aspecto de la vida? Porque luego te puede pasar lo que a Rober Bodegas.

-Nunca me he censurado. Escribo el humor que me gustaría escuchar a mí y por ahora no ha habido quejas. Pero es cierto que atravesamos años de susceptibilidades. La gente está más sensible que el glande de Stendahl. No se si te acuerdas, pero 40 años atrás hubo una época en la que no se podía hablar de nada. Luego vinieron años en los que se podía hablar de todo y ahora vivimos una época en la que parece que se puede hablar de todo pero en realidad no se puede hablar de nada. Estamos mejorando a peor.

-Ha tenido la oportunidad de llevar a sus amígdalas también a Argentina. ¿Es el humor universal o existen diferencias, en este caso, entre el argentino y el español?

-Existen las dos cosas. Existe un humor exportable y existe un humor local. Ese humor local es muy eficaz en su lugar de origen pero pierde potencia según se aleja de casa. Suele ser un humor cosido a los rasgos distintivos de la zona, habla de los famosos del momento, de los políticos y de los personajes de la actualidad... Yo no suelo trabajar ese humor. Intento hacer humor con los temas que todos tenemos en común. Raras veces menciono a un político, a un famosos o a un personaje de actualidad. Me obligo a renunciar a esa bala tan eficaz. A cambio, no tengo que sufrir el hecho de que los chistes me caduquen en las manos. Gracias a esto he podido hacer en Argentina los mismos textos que hago aquí en España, cambiando apenas diez palabras de todo el guión.

-¿Cuán importante es la improvisación para un ser polifacético como Luis Piedrahita?

-La improvisación consigue que el espectador tenga la sensación de vivir algo único. Los asistentes son conscientes de que eso que ha sucedido, no volverá a suceder. Sienten que han sido los testigos privilegiados de algo irrepetible. Eso es importante. Y, aunque yo suelo preparar mucho mis guiones, siempre me gusta soltar el timón de la nave un ratito para ver a dónde nos llevan los vientos de esa noche.

-Se le conoce también por ese afán por inventar palabras en la radio. ¿Le falta riqueza al castellano o sigue siendo un idioma loable, lo hable quien lo hable?

-El reto de mi sección en la radio no es inventar palabras sino rastrear situaciones reconocibles, que todos hayamos vivido, y que no tengan una palabra que les dé nombre. Un ejemplo: cuando discutes con un compañero del trabajo, él te dice algo y tú te quedas callado. Y dos horas después, ya camino a casa, se te ocurre la contestación perfecta. Urge una palabra que dé nombre a esa ocurrencia impuntual. ¿Cómo podemos llamar a esa respuesta brillante que se nos ocurre cuando el estímulo que la provocó ya se ha desvanecido? Yo propongo «Despuesta». Mi sección está llena de juegos de este tipo. El reto no es encontrar la palabra. El reto es encontrar la situación reconocible que no tiene palabra que le dé nombre. El reto es buscar ese significado huérfano de significante.

Al castellano no le falta riqueza. Mi sección de la radio no busca enmendar la plana a los académicos. Mi sección de la radio solo tiene pretensión humorística.  

«No es que la gente renuncie a sus pasiones, es que todos necesitamos un sueldo»

-Se le podría considerar afortunado porque dedica su tiempo a todo lo que le apasiona: el humor, el cine, la escritura, la magia. ¿Por qué cree que la gente renuncia a sus pasiones por el primer trabajo estable que le surge?

-No es que la gente renuncie a sus pasiones, es que todos necesitamos un sueldo. Es muy reducido el numero de personas que tienen la suerte de recibir un salario por hacer algo que gustosamente harían gratis. Esos somos los raros.

-Este 29 de septiembre sus amígdalas llegan a Pola de Siero. ¿Qué espera del público asturiano?

-Espero que sigan tan guapos, tan aseados y con tan buen gusto como la última vez que nos vimos. Siempre es un placer pasar por Asturias.

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«El humor no puede ser inofensivo. Tiene que rascar donde pica»