«In Fabric», formidable puzle de terror en profundo rojo

Coixet avanza, fuera del certamen, unos minutos de «Elisa y Marcela», sobre la boda entre mujeres, en la Galicia de 1901


San Sebastián / E. La Voz

Por fin ayer se despejó la atmósfera descargada sobre nuestros hombros por un encadenamiento de cine trucho o fulero que iba empantanando este festival. Con el arsenal de inventiva y la munición de alto riesgo que contiene In Fabric, el británico Peter Strikland te reanima y hace que la pantalla del Kursaal se revivifique poseída de esos profundos rojos de un traje maldito que engalana primero y corroe a continuación la piel de las mujeres o los hombres que lo lucen.

Strikland venía ya de una película de poder transgresor como pocas, la historia de dominación sexual entre las dos protagonistas de El duque de Burgundy. Pero aun mis altas expectativas las supera en este puzle de pánico insondable y genial, esa idea de una pequeña tienda de los horrores en la cual el departamento de rebajas deviene trampa para incautos. In Fabric construye -con esa fascinante composición escénica de Strickland del kitsch como arma erótica y también como dispositivo de terror- un argumento sobre elementos del fantastique y otros pertenecientes al onirismo más perturbador. Un espejo oscuro, cóncavo o convexo, siempre macabro, de una personalidad indomeñable. Y sobre él refleja una historia que es un díptico, el de los personajes, la mujer negra y el apocado varón, a los que les toca en desgracia el tortuoso regalo de ser poseedores de esa prenda depredadora que no solo les carcome la piel, sino que centrifuga sus mentes hacia el vacío o la muerte.

Al tiempo que relato de horror, In Fabric funciona también como feroz discurso contra la sociedad de consumo -las rebajas como canibalización de la working class- y la explotación del ser humano en toda cadena de mando. Y en ella Strickland mueve, hace temblar el suelo del género, a través de una estética y una planificación de las secuencias revolucionarias, como en su día lo lograron Hitchcock con Psicosis, Polanski con La semilla del diablo o John Carpenter en La noche de Halloween.

En Le Cahier Noir, la chilena Valeria Sarmiento retoma -como precuela- el folletín sublimado de Misterios de Lisboa, obra maestra que fue último hurra creativo de su marido, el inimitable Raúl Ruiz. Sarmiento vuelve a basarse en el relato de mil ramificaciones de Camilo Castelo Branco para irnos envolviendo en una trama de amoríos y conspiraciones cortesanas a comienzos del siglo XIX e ir desentrañando historias, casi como muñecas rusas, unas dentro de otras, llevándonos, en la onda de febriles pasiones amorosas de mujeres libérrimas, de la girondina asesina del revolucionario Marat a un Napoleón desmitificado, emperador desnudo. Y Le Cahier Noir se eleva como decantación poética, como ácrata e ilustrado culebrón de arte mayor, con la Sarmiento permitiendo que aquel espíritu provocador de Ruiz siga latiendo en esta película tan bella.

Isabel Coixet, por libre

No aparecía en ninguna agenda oficial de este festival, pero Isabel Coixet debe de haber considerado buen negocio venirse a San Sebastián por libre para realizar una algo inopinada promoción de su inminente película firmada con la trituradora de Netflix, Elisa y Marcela, en la cual relata el primer matrimonio entre mujeres del que se tiene memoria, en A Coruña de 1910, entre dos maestras, una de las cuales se hizo pasar por un primo fallecido y se travistió para que el ritual de la boda fuera viable. A tenor de la textura visual de los minutos exhibidos aquí, del amaneramiento de la luz, de la niebla, de los planos, de los rostros, de los cuerpos, cabe pensar que, indudablemente, este material argumental es potencialmente arrebatador. Pero también nos queda algo más que la sombra de la duda de que el hecho de que quien reparase en él fuera Coixet haya sido artísticamente una feliz noticia. Por si acaso, más allá del flash temible, atentos.

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