Así es el rompecabezas del protocolo

Un equipo de cinco personas coordina a la Fundación con las instituciones para ordenar la ceremonia y la entrega de los premios con la debida consideración a todos los asistentes


Después del examen tan exigente del año pasado, cuando el escenario del Teatro Campoamor se llenó de personalidades, ganadores colectivos y representantes de las instituciones y los organismos galardonados, la relativa simplicidad de la ceremonia del 2018 hace un poco menos complicado el trabajo del equipo de protocolo que organiza al segundo cada uno de los actos relacionados con la entrega de los premios Princesa de Asturias. Es una tarea que se renueva cada año y exige a la Fundación trabajar en contacto estrecho con la Casa del Rey y con las instituciones asturianas (Gobierno autonómico, Ayuntamiento de Oviedo y Delegación del Gobierno), además de escuchar las recomendaciones acerca de la seguridad que aportan las Fuerzas de Seguridad del Estado. Cinco personas ?la secretaria técnica, Luisa Álvarez, con sus dos expertos, Antonio Sancho y Antonio Guillén, más los responsables de Comunicación y Premiados, Rubén Vigil y Carlos Hernández-Lahoz? se ocupan de que todo funcione con precisión.

No siempre es fácil. Cada edición, cada premiado, cada invitado tienen sus características, su cultura y sus necesidades. Aquel año en el que Yasir Arafat e Isaac Rabin compartieron un premio fue necesario un ajuste fino. Siempre hay que recordar cómo son los saludos para las autoridades chinas. Y tener al rey Hussein de Jordania en el Campoamor fue un honor pero también un rompecabezas protocolario. La Fundación, al menos, puede recurrir a la experiencia, ahora que los galardones andan ya por su cuarta década de vida, y al programa general que, cada año, aporta un punto de partida sobre el que luego se integran las necesidades específicas de cada edición. A veces, el desafío es logístico: la visita al Pueblo Ejemplar del 2016 fue triple, con paradas en todas las capitales de concejo en la comarca de los Oscos.

El escenario, según revela la Fundación, se organiza teniendo en cuenta varios factores y siempre se estudian varias propuestas. Dependen del espacio disponible en el escenario, del número de premiados (que es variable, según los premios colectivos que se entreguen cada año) y de cuántos de ellos van a pronunciar discursos en la ceremonia y a necesitar moverse para llegar al atril. En el patio de butacas, para la distribución de los invitados se tiene en cuenta el real decreto que regula las precedencias del Estado, pero no se sigue a rajatabla. La Fundación es una entidad privada y también debe atender a los miembros de su patronato o a las personas que integran los jurados de los premios a la hora de asignar las butacas. El protocolo, por si alguien lo duda, funciona. Hay en los premiados una disciplina que no se reconoce con el diploma y la estatuilla.

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