403 Forbidden

Forbidden

You don't have permission to access /alertas-asturias/index.htm on this server.


Apache/2.2.22 (Debian) Server at www.lavozdeasturias.es Port 80

«El montañismo es antes cultura que deporte»

El escalador Reinhold Messner, primer hombre en conquistar sin oxígeno los catorce ocho miles, explica en Oviedo su impulso hacia las alturas

Reinhold Messner en el Hotel de la Reconquista de Oviedo
Reinhold Messner en el Hotel de la Reconquista de Oviedo

Oviedo

Aparece Reinhold Messner por el vestíbulo del Hotel de la Reconquista y las cabezas, que están pendientes de la llegada de los reyes, se van tras él. Haber sido el primer ser humano en poner el pie en la cumbre de los catorce ocho miles del planeta sin usar oxígeno, sin duda, impone respeto cuando uno se pasea entre una multitud. No es un gran admirador de los periodistas ni de su oficio, porque asegura que se han publicado demasiadas historias falsas («fake news», dice, usando la expresión de rigor en estos días) sobre él, pero ha aceptado el premio Princesa de Asturias y los ritos que conlleva y está dispuesto a pasar una tarde despachando entrevistas.

Como el encuentro ha de ser breve, todo va rápido. Sus querellas con los reporteros se remontan a los años 70. Se cansó de leer textos que describían su dolor y los sentimientos que albergaba tras la muerte de su hermano en 1970. Fue en el descenso del Narga Parbat, que habían coronado juntos, y, a pesar de sus esfuerzos durante años, solo en el 2005 pudo identificar sus restos en Pakistán. A Messner, sin embargo, nunca se le pasó la cabeza abandonar, porque alcanzar cumbres es su manera de entender la vida. «El montañismo es cultura antes que deporte», afirma. Entender un monte y preparar una expedición, explica, significa estudiar la historia, la geografía, la geología y las tradiciones de la región donde se levanta. Y eso es lo que le interesa.

Nacido en el Tirol italiano hace 74 años (muy bien llevados: a nadie que pase junto a él se le ocurre pensar en un hombre viejo), los Dolomitas fueron su patio de juegos. Ahí ha levantado su museo y sobre ellos planea películas y documentales. Le preguntan si podría haber otro museo Messner en Picos de Europa y se ríe, divertido. Ya tiene uno y no necesita más, aunque concede que, si España decide alguna vez dedicar un espacio a exponer los logros de sus montañeros, no hay un lugar mejor: hermoso, abrupto y no tan elevado como para impedir el acceso a los discapacitados. Fuera de Italia, en todo caso, sí ha aceptado la llamada del Gobierno georgiano para diseñar otro museo en el Cáucaso. «Es el lugar más hermoso que he visto en mi vida», se justifica. Lo hará gratis y los únicos honorarios del proyecto serán para el arquitecto que trabajará a tiempo completo en él.

Otro aspecto que aleja al montañismo del deporte y lo acerca a la cultura, añade, es la falta de competitividad. De ahí nace su otro agravio con el periodismo. Desde finales de los años 70 y hasta mediados los 80, mientras completaba sus ascensiones a los ocho miles, la prensa, acusa, intentó montar una rivalidad con el polaco Jerzy Kukuczka, que también estaba enfrascado en la persecución de los catorce picos más elevados del mundo. Los completó en 1987, dos años antes de morir, pero Messner sostiene que nunca tuvo posibilidades de acabar ese periplo antes que él. «Yo empecé diez años antes que él. Le llevaba mucha ventaja», se extraña. Kukuczka, es cierto, lo hizo en menos tiempo que él, pero la explicación, dice el italiano, no es técnica. «Las cosas cambiaron. Los permisos se conseguían con mayor rapidez en los 80. Por entonces, yo también hice tres ocho miles en una sola temporada», aduce.

Messner, en todo caso, expresa un gran respeto por Kukuczka y por los logros del alpinismo polaco de los 80. Fue una generación muy buena, reconoce, y esta semana comparte el premio con otro de sus representantes, Krzysztof Bielicki. También elogia la subida de nivel de los montañeros españoles en los últimos 40 años hasta igualar a los centroeuropeos y alcanzar el nivel de los mejores del mundo. Le impresionan menos Killian Jornet y los corredores de montaña, en general. «Les doy más algo más que un cero, porque son deportistas. Pero siguen pistas abiertas por otros, no crean nada. Hablaré de ellos en mis libros cuando abran nuevas rutas», dice. Su bibliografía sobre asuntos de montaña suma ya 40 títulos.

Puesto a compararse, Messner siente afinidad por los exploradores del siglo XIX que cartografiaron regiones enteras hasta entonces desconocidas. Eran hombres con capacidad física y con curiosidad intelectual. Por su herencia, parece lógico que fuera británica la primera expedición en alcanzar la cumbre del Everest. «No pudieron con el polo Norte y llegaron segundos al polo Sur. Así que se inventaron lo del tercer polo del planeta. Y ni siquiera eran británicos los que al final coronaron. Fue la Commonwealth, Hillary. Y no escogió por compañero a un inglés, porque ninguno quería de verdad, sino a un sherpa, una persona local que conocía el terreno, como debe ser», resume. Y levanta su cuerpo delgado para volver a atraer miradas mientras cruza de nuevo el hall hacia el miniplató de televisión donde le aguardan para otra entrevista.

403 Forbidden

Forbidden

You don't have permission to access /votacion/pixel_votos_responsive.php on this server.


Apache/2.2.22 (Debian) Server at www.lavozdeasturias.es Port 80
Comentarios

«El montañismo es antes cultura que deporte»