Daniel Doña: calificación flamenca

La compañía del granadino presenta en Danza Xixón «Retrospectiva 2.0», un compacto a modo de resumen de lo más granado de «Hábitat», su producción estrella

Un momento de «Retrospectiva 2.0», de Daniel Doña
Un momento de «Retrospectiva 2.0», de Daniel Doña

Gijón

Va para dos décadas que el flamenco, como expresión artística bailada, está inmerso en lo que podríamos llamar tercera ola: una fiebre incesante que llena pequeños y medianos aforos, bienales y muestras anuales de otros modos y modelos de entender el baile y el cante flamencos; una fiebre que, eso sí, a veces tiene más que ver con mezclas y relecturas que con marcas e innovación. El flamenco, así en bruto, es danza que se presta a hibridación solo por el hecho de haber salido de la calle, pero también por el peso que han ido adquiriendo otros estilos que acompañan la definición del límite en el que ahora se trabaja: la influencia de Oriente (India, Japón), la del musical (incluida la maestría del claqué de los años treinta y cuarenta del pasado siglo) o la del break dance y el hip hop. Israel Galván, Rojas y Rodríguez, Olga Pericet, Sara Cano, Sara Calero o Marco Flores son algunos otros nombres destacados de esta nueva expresión, cada uno en su muy diferente modo de decir y decirse.

Y en medio de esta fiebre tan cosmopolita y variada de andar por la casa flamenca sacude la tabla la compañía del Daniel Doña (Granada, 1977), con bastante más de innovación que de mezcla o relectura. Un aporte de mirada propia que pudimos ver, de forma resumida, en el Centro de Cultura Antiguo Instituto (CCAI) de Gijón el pasado martes, en su presentación dentro de la XVIII edición de Danza Xixón: una visión nueva y ensoñada de raíces flamencas con verdadera añadidura lírica y dramática.

Lo que se vio fue un compacto de su obra Hábitat (2016), montado en buenas transiciones cantadas, musicadas y bailadas, que dejaron ver el completo al que este coreógrafo y su compañía nos tiene acostumbrados. Retrospectiva 2.0 es una pieza que se organiza a partir de esa otra y se compendia en algo más pequeño, de una hora de duración, pero no en un resumen de sus últimas piezas, tal como como se ha publicado en algunos medios de comunicación. En el CCAI lo que se ha visto es eso sin la escenografía de la obra. No hizo falta.

Empezamos acompañando el acordeón como la solución en sala para contestar al aire otras muchas cosas: la pose, el cuadro y la amanecida. Así comienza Retrospectiva 2.0, una obra de estudiada cadencia que adensa la premisa de la danza de raíz flamenca y la mete directamente en la metamorfosis de un lenguaje más personal cuya idiosincrasia nos lleva a otro mundo: el de la ensoñación bailada; es como morar en otro sitio.

¿Qué danza esta danza, dónde se apoya, qué dice para que enganche lo que de nuevo traiga si no parece nada reconocible y, en caso de verlo, lo vemos fugazmente en los pies? La morería, el embrujo de la temperatura de la música, su origen zíngaro, la otra latitud, siempre presente por vernácula. Dice todo por evocador, sin resguardo de haber nacido de la reminiscencia de eso que antaño se llamó clásico español, de ver la escuela bolera en cierto modo reformada. Y qué gusto, qué buena intención de palabra bailada. Ahí es nada.

Tanto se desadorna el flamenco, tanto se desamanera, para adornarse de otra cosa, que se tributa honor al enrejado de la mezcla que surge del encuentro de otras colocaciones, de otros brazos y manos, de unas flexiones que, aunque taurinas, no van de toro, sino que se yerguen para dilucidar el desarreglo del habla contemporánea y su temblor. Un habla pausada, pero también enérgica, que experimenta con todos esos registros ya mencionados: la danza moderna, el break dance, la incursión en el folklore indio, incluso el ballet contemporáneo de aura más clásica; por ver, hasta vimos giros en attitude o pasos de vals. Una gozada bien incrustada. Y cuando eso fluye natural, sin encajes artificiosos ni a calzador, nos dejamos seducir tranquila y armónicamente: la danza penetra.

Y de que buen compañero puede presumir Daniel Doña; no podía haberlo encontrado mejor. Cristian Martín se alterna a la perfección con el coreógrafo y en buena parte de la obra no hay roles, ni masculino ni femenino. Navega todo al punto, al punto de la música, la enlatada, la de la voz en directo, la del pandero y la del acordeón. Y todo lleva su filigrana de estudio: el trabajo de clase de ensayo es visible en todo momento, incluso se nota cierta querencia por él.

Así que, con todo, ver cómo y a dónde va la danza de la compañía de Daniel Doña en directo siempre es un plus, cuyo transporte nos hace pensar en otras formas de baile español fuera de España. Y eso, en sí mismo, no es poca cosa. Arte mayor.

Ficha artística:

Daniel Doña Compañía de Danza

Restrospectiva 2.0

Idea original, coreografía y dirección escénica: Daniel Doña

Bailaores: Cristian Martín y Daniel Doña

Cante (voz): David Vázquez

Acordeón: Alfredo Valero

Iluminación: Álvaro Estrada

Música original: Héctor González y Alfredo Valero

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