«Somos la primera generación de las cuencas que no trabaja en la mina y la última que lo podemos contar porque la vivimos directamente»

La periodista Aitana Castaño se estrena en el ámbito literario con «Los niños de humo», una colección de 37 relatos, todos ellos con un componente de realidad y vinculados a las comarcas mineras y sus gentes, que Alfonso Zapico se ha encargado de ilustrar

Aitana Castaño con su obra «Los niños de humo»
Aitana Castaño con su obra «Los niños de humo»

Redacción

Aitana Castaño (Langreo, 1980) se estrena en el ámbito literario después de dejar aflorar y convertir en relatos algunas de las vivencias, conversaciones o sentimientos que ha tenido y experimentado durante años en su trabajo como periodista y, por supuesto, por haber nacido y vivir en las comarcas mineras. Los niños de humo, título que lleva el libro y el último de los 37 relatos que lo componen, es una recopilación de historias, todas ellas con un componente de realidad, que tiene por «humilde» objetivo explicar esa parte de las cuencas que normalmente no se cuenta para, de alguna forma, ayudar a mantener la «identidad propia» que se ha creado en estos territorios en un corto periodo de tiempo y también para que las personas que no están vinculadas a ellos «las conozca y las quiera un poco más». El coautor de esta publicación es el ilustrador Alfonso Zapico, quien con sus dibujos cargados de detalles ayuda al lector a imaginar cada una de las historias. «Alfonso siempre dice que somos la primera generación de las cuencas que no bajamos a la mina y no tenemos un trabajo vinculado a la mina, y yo siempre añado que somos la última que lo podemos contar porque lo vivimos directamente», comenta Aitana Castaño. El libro saldrá a la venta el lunes 19 de noviembre y para la presentación el día 23 ha elegido el emblemático pozo San Luis de La Nueva. El acto será a las siete de la tarde.

- Para que los lectores de esta entrevista se ubiquen ¿quiénes son Los niños de humo?

- Los niños de humo son en realidad todos los que vivieron y viven en las cuencas. El título de Los niños de humo tiene su origen en una historia que me pasó: yo trabajo en la televisión autonómica y fui a grabar un reportaje a Mieres con unos paisanos que habían recolectado fotos de la maquina del Vasco-Mayacina, que era la que llevaba el carbón de Mieres a San Esteban de Pravia y pasaba por Oviedo. Tenían muchísimas fotos antiguas y uno de los señores me dijo: nosotros, los guajes de Mieres, cuando íbamos a Mieres en ese tren no teníamos que decir que éramos de Mieres, ya lo sabía todo el mundo porque nuestra ropa olía a humo. Me hizo mucha gracia esa historia y a partir de ella escribí un relato que es el que cierra Los niños de humo y me parecía que era un título que podía dar nombre a la recopilación de todos los relatos porque sí que es verdad que los que vivimos en los años 80 y 90, hasta que la minería empezó a dejar de funcionar, somos un poco niños de humo, porque es cierto que había humo y ceniza en el aire por las chimeneas de las cocinas de carbón y cuando había tantos camiones. Yo me acuerdo que cuando era cría que cuando te duchabas te salía el agua, como poco, gris. Por tanto, yo creo que con Los niños de humo puede sentirse identificado cualquiera que haya vivido aquí o en cualquier otra zona.

- Historias de esos niños/as ya convertidos en hombres y mujeres son las que recopilas en este libro pero ¿qué tipo de historias cuentas?

- Hay un poco de todo. Son todo historias que tienen un anclaje en la realidad. No todas las historias son reales de los 37 relatos que tiene el libro. Diez son las historias reales, que en el libro se identifican porque tienen un marco negro, y el resto son historias de ficción, pero todas y cada una de las 27 historias de ficción tienen un anclaje en la realidad bien por una conversación, bien una sensación que tuve o una historia que conocí que después la ficcioné, y son de gente de las cuencas o relacionadas con las cuencas. Entonces se cuenta un poco de todo. Todos los relatos están ambientados en diferentes épocas del siglo XX: se habla de la guerra civil, de la postguerra, del trabajo en las minas, de las mujeres que tuvieron que emprender vidas con el carbón o en paralelo al carbón… En definitiva, son relatos de memoria histórica, de lucha minera, de trabajo en las minas… Hay historias muy particulares que yo creo que tienen una novela o películas, como es el de Los deportados, gente que en los años 60, después de las grandes huelgas, el franquismo eligió al azar entre gente que era más o menos destacada en temas políticos o sindicales dentro de los pozos y los deportó, se los llevó de Asturias y no podían volver. Hay un relato que se llama Xicu que es sobre esa historia, pero en realidad tiene un novelón, no sé si lo voy a hacer yo o no, pero lo tiene.

- En la sinopsis del libro se dice que en sus páginas se funde realidad y ficción ¿cuánto hay de cada?

- Como decía, todos tienen algo de real, por el comentario o la historia en la que se basó. Yo vivo en las cuencas y, como dice una amiga, lo de vivir en las cuencas es una especie de militancia, y puede que sea verdad, entonces al final convives con mucha gente que trabajó en la mina y como el origen de la colección de relatos fue eso, elegir los que tenían que ver directamente con las cuencas, pues es fácil que cuando sales a la calle y en los bares conozcas a paisanos. También hay que tener en cuenta que aquí tenemos un humor muy particular, entonces al final estás atenta por curiosidad. Yo creo que los grandes guionistas de cine, televisión o los escritores de teatro tienen claro que hay que poner la oreja, y en las cuencas poner la oreja significa conocer muchas historias relacionadas con el carbón. Siempre lo dice Elvira Lindo, que los mejores diálogos los escuchas en un autobús o en una cafetería. Entonces, al final esa es la realidad y todos los relatos de Los niños del humo salieron de algo que yo escuché o que vi.

- ¿Crees que habrá muchos niños de humo que se vean reflejados en estas páginas?

- Igual no tanto reflejados en las historias, pero yo creo que algunas cosas o en algunos detalles creo que sí, y que hasta pueden sonreír, porque al final no dejan de ser cosas que aunque no las hayas vivido directamente, porque hay muchos relatos que están ambientados en la primera parte del siglo XX, o en los años 50, pues sí escuchaste a hablar de ellos. Hay gente que tiene abuelos o padres que no son de aquí, y también se habla de ellos, y al final te puedes sentir identificado en que tienes un padre gallego y una madre andaluza y sale la vinculación. Yo creo que en cierto modo si que puede haber algún detalle, y a mí me encantaría, que a todos les hiciera sentirse identificados con lo que cuenta la historia.

- Y quienes no sean niños de humo ¿sabrán entender el trasfondo de un libro que desnuda a las comarcas mineras y a sus habitantes?

- Todos los escritores escriben sobre lo suyo: Chéjov escribió sobre su zapatero, García Márquez escribía sobre las locuras que tenía en el Caribe a su alrededor. Al final los sentimientos no dejan de ser universales y después sí creo que esta es una zona minera, pero obreras como tal de cualquier tipo de industria, en el mundo hay muchísimas. Pero yo, porque me gusta viajar y conocer la historia de otras zonas mineras de Europa o de América, sí que reconozco rasgos en común con ellos. A lo mejor tiene que ver con crear una sociedad donde la solidaridad y la lucha está presente, aunque se gane o se pierda. Entonces, no hace falta ser de las cuencas para entender y sentir estos relatos, o eso espero, y mi experiencia por lo que me dicen mis amigos que no son de Asturias y ya leyeron este libro es que efectivamente les llega, lo que pasa que de otra manera, aunque también es una manera muy guapa de que les llegue. Todos acaban con la sensación de que conocen un poco más esto y, sobre todo, que quieren un poco más a las cuencas. Y es el objetivo, no tiene ningún objetivo más, el libro tiene un objetivo así de humilde, como es explicar una parte de las cuencas que no se refleja porque la realidad refleja muchas otras cosas pero esas no. Las cuencas mineras, o cuando había minas, no sólo eran accidentes o luchas y reivindicaciones. Era todo eso y además mucho humor, mucho humor negro. Y alegría, porque aquí otra cosa no, pero nos gusta la fiesta que vamos… Intentamos reflejar toda esa telaraña que son las cuencas.

- En este libro tú eres la autora de los textos y Alfonso Zapico el autor de las ilustraciones ¿cómo surgió un libro así?

- Alfonso y yo nos conocemos desde hace muchos años y colaboramos en alguna publicación juntos, como por ejemplo en el periódico de tirada gratuita La Cuenca del Nalón, y las veces que trabajamos juntos, siempre tuvimos mucha conexión. A veces hacíamos alguna viñeta juntos y como que las ideas nos surgían muy rápido, somos muy parecidos en carácter, y llevamos años diciendo que teníamos que hacer algo juntos. Llegamos a pensar la locura, y lo cuento en primicia para La Voz de Asturias, de hacer una guía turística de las cuencas pero peculiar, con detalles y esquinas que la gente debería conocer, pero bueno, eso bueno se quedó en algo que pensábamos… Tal que un día surgió la idea de coleccionar los relatos estos sobre minería, se lo plantee a Alfonso y no me dejó ni acabar la frase, me dijo que sí. Entonces fue muy fácil, porque estaba cantado que algo íbamos a hacer juntos, no sabíamos que iba a ser pero al final fue esto, y casi mejor que la guía turística. Y después el trabajo fue muy fácil pese a la distancia, porque él vive en Francia y yo en Sama. Debimos quedar dos o tres veces anda más y lo demás por mensajes. Yo tengo claro que, por lo menos, la mitad del libro es de Alfonso. Igual hasta más, pero por lo menos, la mitad porque es muy importante el trabajo que hizo. Y yo que soy muy fan de él, estoy encantada. Me parece que nos salieron unos niños muy guapos, tiznados de carbón, pero muy guapos.

- ¿Piensas que un libro así puede servir para contener la pérdida de identidad que desde luego afectará a las generaciones futuras por el declive de la minería y, por ende, de las cuencas?

- Tanto como pensar que sirva… pero si ayuda una milésima parte, pues bienvenido sea. En realidad este libro surge precisamente por eso, porque una de las cosas que siempre dice Alfonso es que somos la primera generación de las cuencas que no bajamos a la mina y no tenemos un trabajo vinculado a la mina, y yo siempre añado que somos la última que lo podemos contar porque lo vivimos directamente, éramos muy críos cuando lo vivimos, pero vivimos que el padre de algún compañero se matara en la mina, vivimos las manifestaciones gordas y empezamos a vivir el cierre de las minas ya de adolescentes, conscientes de lo que estaba pasando, a lo mejor no demasiado conscientes, pero algo éramos. Entonces, yo creo que igual no sirve para mantener la identidad de las cuencas pero sí a explicar las cuencas tal como fueron cuando surgieron que, además, es un universo muy particular que viene derivado del hecho de que se formaron como tal en un periodo de tiempo muy corto para la historia, unos 50 años o menos; que se formó con gente venida de toda España: de Andalucía, de Extremadura, de Galicia, de Cataluña, de las Castillas… aquí vino gente de todo el mundo y en muy pocos años, en unas décadas, se consiguió crear una identidad propia, y es una pena que se pierda, no se puede perder. Bajará mucho porque baja población, pero no creo que se pierde porque forma parte de nuestra esencia y seguimos teniendo padres y abuelos venidos de muchos lugares… A mi me gusta decir que es un universo que se creo de la nada por un aluvión de gente en algún momento de después de la guerra. Me gustaría pensar que por lo menos de algo servirá.

- El libro contiene 37 historias, algunas entrelazadas entre ellas ¿hay una preferida?

- Tengo preferidas pero por semanas, la verdad que no hay una preferida. Estos días lo estuve releyendo porque después de enviarlo a la editorial estuve un tiempo sin mirarlo, y ahora estoy volviendo a ellos y me gustan todas. Es más, las que no me gustaban no las incluí, entonces preferida no tengo aunque pueda parecer que lo es el relato que se titula Los niños de humo porque da nombre al libro, pero no es así.

- ¿Y se han quedado historias en el tintero?

- Si, si, se han quedado, y no es que no las quisiéramos poner, se quedaron fuera porque igual no tenían tanto que ver con las cuencas, pasaba por ellas más de refilón, se hablaba de temas que podían estar ubicados en las cuencas o en otro sitio, y como queríamos que fueran historia de humo se quedaron fuera.

- ¿Alguna que no hayas sido capaz de contar?

- Creo que no, pero lo que me pasa es que hay veces que no las puedo contar en el momento. Por el trabajo que tenemos los periodistas estás en contacto con muchas historias que hay veces que se quedan dentro sin que tú te des cuenta y te ves volviendo a ellas en la memoria, sobre todo accidentes o historias un poco más trágicas, entonces yo diría que no, que no hay ninguna historia que no haya podido contar, pero si digo que tengo historias guardadas. Existe una parálisis temporal y al final me acaban surgiendo, aunque a veces tardan años. Lo que sí hay son historias de las cuencas mineras que yo no escribo pero porque no me sale del cuerpo escribir, pero ya me saldrá…

- Todas las historias van acompañadas de ilustraciones de Alfonzo Zapico ¿qué papel buscabais que jugaran las imágenes?

- La idea que teníamos es que aportaran algo al texto, y si lo aporta, porque Alfonso con una manera de dibujar que parece muy sencilla, en realidad dibuja muchísimos detalles. Buscábamos que fueran parte del texto aportando lo suyo, como aportan los adjetivos, o las fotografías a un texto periodístico, porque hay cosas que no cuentas que lo dice la foto. Pues en este caso, que te ayude a imaginar la historia que estás leyendo y yo creo que hay ilustraciones que son una auténtica maravilla.

- Es típico de aquí de las cuencas que cuándo tienes mozu o moza te pregunten cuándo te vas a casar; cuando te casas, qué para cuando los guajes; y si tienes el guaje o guaja, qué para cuándo la parejina. Siempre sin que dé tiempo a asimilar las novedades. Por tanto, siguiendo nuestra propia idiosincrasia ¿hay un nuevo libro en mente? ¿para cuándo otra publicación de Aitana Castaño?

- Esta es mi primera incursión en el mundo de la literatura y estoy flipando un poco con el tema, porque yo suelo hacer las preguntas y no contestarlas, pero a mí me encantaría, y no está descartado otro libro con Alfonso Zapico. Por tanto, yo creo que sí habrá otro, pero no voy a poner fechas.  Y por supuesto, me encantaría es que fuera sobre las cuencas porque aquí quedan muchísimas cosas que contar. Como los relatos los podemos localizar entre mediados y finales del siglo XX, lo que queda por contar es el dispendio que tuvimos en las cuencas entre finales del siglo XX y principios del XXI, y cuando digo dispendio, digo muchas cosas… que aquí nos pasa un poco como en Argentina, que llevan en crisis 40 años, pues nosotros igual, y creo que hay que contar esa crisis, aunque igual no soy yo la persona adecuada para novelar el cambio de siglo en las cuencas, el cierre de la minería y el fin de muchas cosas.

- ¿Te ves con paciencia para escribir un libro largo?

- Si me llegas a preguntar hace un año, no me veía ni con paciencia para hacer un libro corto, por tanto voy a decir que sí, porque yo no contaba con tener Los niños de humo en la mano nunca y lo tengo, entonces es ponerse… La escritura es como cualquier otro trabajo, te tienes que poner, y que te pille la inspiración escribiendo es importante.

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