«La editorial que rechazó mi libro me pidió disculpas»

Aunque confiesa que no se leyó sus libros, ya hablan de él como el nuevo Moccia. Roberto Emanuelli quiere enamorar a España con su novela «La vida son dos días, entonces bésame»


Planeta, la editorial que ha lanzado su libro en España, le presenta como el hombre por el que suspira media Italia y por el que, la otra media, se tatúa sus frases. También se habla ya de él como el nuevo Moccia, un paralelismo que podría no ser desacertado teniendo en cuenta que lo suyo es la novela romántica. Sus comienzos, como ocurre casi siempre, no fueron fáciles. La editorial italiana que publicó su libro fue la misma que en un principio lo rechazó, pero él se hizo oír autopublicándola hasta que recibió la llamada soñada. «Me sentí orgulloso», dice recordando ese momento. Ahora llega a nuestro país con La vida son dos días, entonces bésame.

-Te presentan como el hombre por el que suspira media Italia y por el que, la otra media, se tatúa tus frases. ¿Cómo se lleva eso?

-Yo creo que es una descripción muy generosa, me describo tan solo como un escritor, como un hombre que intenta volcar en sus novelas sus emociones, sus miedos, sus sueños… y que quiere o pretende contar historias que pueden ser más o menos bonitas, aunque eso lo decidirá quien las lea. Luego el hecho de que alguien decida tatuarse mis frases es una cosa que me honra, que al principio me hacía sentir responsable, pero luego entendí que las palabras, una vez que salen al mundo, ya no son nuestras, sino de quien se las apropia y las lee.

-Muchos se las tatúan, pero ¿cuál es la frase de la que más orgulloso te sientes?

-Seguramente Siamo solo per pochi [Estamos solo por unos pocos], porque sé que traducida al español tiene un significado distinto, pero en Italia significa que logramos sentir cierta complicidad y compartir ciertos sentimientos solo con determinadas personas a lo largo de nuestra vida, y creo que es tal cual.

-«La vida son dos días, entonces bésame» es un canto al amor, a no perder el tiempo. ¿Eres así? ¿Te vemos reflejado en esta historia?

-Absolutamente, sí, no hay que perder el tiempo, la vida apremia, es breve. No hay que desperdiciar el amor, porque desperdiciar el amor es el gesto más grave de falta de reconocimiento hacia la vida que podemos llevar a cabo.

-Creo que has tenido que currártelo mucho en la vida, ¿eso da un plus a la hora de escribir?

-Digamos que más que una ventaja es un elemento que paradójicamente puede jugar a tu favor, el sufrimiento no se lo deseamos a nadie, porque ya que es parte integrante de la vida, y es bueno transformarlo en algo constructivo y positivo.

-La editorial que te publicó el libro en Italia lo rechazó primero. ¿Qué sentiste cuando te dijeron no y qué sentiste cuando rectificaron?

-Cuando dijeron que no experimenté un sentimiento clásico en mí: la rabia, así que reaccioné vigorosamente y en lugar de buscar otras editoriales, lo autopubliqué. Y tras haberlo autopublicado y publicado con una pequeña editorial, la primera volvió a buscarme y a hacerme una propuesta. Al fin y al cabo me pidieron disculpas, me sentí orgulloso y honrado de firmar un contrato con la editorial más grande de Italia.

-El primer texto de tu libro es este: «Me han preguntado por qué, a veces, siento todavía tanta rabia. He contestado que solo es porque, a veces, todavía pongo demasiado corazón». ¿Hacia qué sientes aún tanta rabia?

-Siento rabia por todo aquello que me atribuyo a mí mismo de manera errónea, hacia mis errores del pasado e imperfecciones. Siento rabia hacia mí mismo, que a veces se traduce en rabia hacia los demás. También siento rabia cuando alrededor de mí hay poca pasión hacia la vida.

-Lo segundo que vemos es que se lo dedicas a tu madre. ¿Estás muy unido a ella?

-Sí, porque cuando murió mi padre yo tenía catorce años y mis hermanos se habían casado, se habían ido de casa. Entonces en ese momento experimentamos el dolor del luto juntos, y ese luto generó mucho amor entre nosotros, más que el que ya teníamos, y se generó un vínculo muy importante. Ya con una madre siempre es un vínculo importante, pero fuimos un paso más allá. Quiero mucho a mi madre como ser humano.

-¿Qué te parece que te comparen con Moccia?

-No he leído los libros de Federico Moccia, pero le tengo máximo respeto y estima. Pero es una persona que no conozco, así que no tengo opinión. De lo que sí estaría feliz es de tener su éxito de ventas.

-El amor es una obsesión, casi una enfermedad para Leo, el personaje protagonista de tu novela. ¿Existe un único amor verdadero?

-No, pero el amor de verdad con mayúsculas es rarísimo, tal vez sentimos uno o dos, pero no más.

-Él se sumerge en la vida de su hija. ¿Cuesta darse cuenta de que uno ya no es tan joven?

-Hay un momento exacto en la vida en la que te das cuenta de que ya no eres un adolescente, porque te percatas de que algunas dinámicas propias de los adolescentes ya no las compartes. Y yo me doy cuenta en redes a través de lo que escriben que ya no las entiendo, las cosas cambian… Si tuviera una hija hoy en día tendría dificultad de entenderla profundamente, y creo que tendría problemas para encontrar un territorio común, pero con esfuerzo por parte de ambos sería posible.

-Leo lucha por reencontrarse con su único amor y tú has luchado por cumplir el sueño de publicar este libro. ¿Hay mucho de ti en él?

-Hay mucho de mí desde un punto de vista emocional y psicológico, hay esas ganas de creer en el amor, de conquistarlo y reconquistarlo, y hay mucho de mí en Laura, de esa pasión y rabia suyas, y de sus ganas de vivir.

-Siempre hablan de tus lectoras. ¿Tus lectores no te hacen llegar ninguna crítica? ¿Te diriges específicamente a un público femenino?

-En realidad, en Italia, e imagino que también en España, la mayoría de personas que leen son mujeres, y que leen romántica más todavía. Deberíamos hacer una sensibilización para que estos libros los leyeran hombres. Los hombres tienen miedo a leer novela romántica o novelas donde se trate el amor, porque esto les obliga a mirarse por dentro.

-Dicen de ti que tienes el romanticismo de otro tiempo, pero traducido a clave moderna. ¿Te sientes identificado con esa descripción?

-Sí, es una buena definición. Me gusta. Porque creo que ha cambiado la manera en que describimos el amor, pero no ha cambiado la manera que hace latir nuestro corazón.

-Tu forma de escribir es simple, que no es lo mismo que banal, ¿no?

-El único lenguaje del amor es la simplicidad, me gustas, te amo, te quiero, te extraño, no hay otra manera de decir estas cosas de manera efectiva. Esto nunca es banal, nunca.

-Parece que hay una nueva generación de escritores que primero escribís al mundo desde los blogs. ¿Lo dejarás ahora que has dado el salto a los libros?

-El blog lo cerré antes de publicar porque me pasé a las redes sociales, porque en el blog escribía entradas muy largas, que eran casi como capítulos, y era como si hubiera estado escribiendo la novela por partes. Con la primera novela tenía sentido, pero ahora me las guardo para mí y publico algunos extractos en las redes, sobre todo por respeto también a quien compra el libro.

-¿Qué les dirías hoy a todos los que no creían en ti?

-Hay una frase que colgué en redes que creo que lo define muy bien: «Te mirarán de arriba abajo creyéndose superiores a ti, y tú ponte de pie, lentamente, y con una sonrisa recuérdales que tan solo estabas sentado».

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