Lydia Bosch: «En el momento que me tengo que cuadrar como madre, me cuadro»

Lydia sonríe tanto como parece. Desde luego, mucho más que su tocaya en «La Verdad», que no hace más que sufrir tras la desaparición de su hija: «Yo intento sonreírle a la vida y hacer fácil la de los demás, porque el buen rollo llama al buen rollo»


Es uno de los nombres por excelencia de la ficción televisiva. Pero más allá de eso, Lydia Bosch es una mujer fuerte, positiva y muy pasional. Recién cumplidos los 55 le resta importancia a la edad, aunque confiesa que gracias a ella «te vas aceptando más cómo eres tú, y ya quieres dejar de agradar a los demás para agradarte a ti misma». Ella nos gusta a todos.

-«La Verdad» está de vértigo...

-Sí, ja, ja, ja. La Verdad tiene 16 capítulos, ahora nos quedan pocos para terminar la segunda temporada, que tiene unos condimentos muy potentes, porque es como que todas las capas de la cebolla se están quitando y están saliendo las verdades o las mentiras, según como quieras llamarlas, de cada uno de los personajes.

-Te tienden todo tipo de trampas, vas cansada de sufrir.

-El personaje de Lidia McMahón yo creo que es uno con los que, emocionalmente, he tenido más desgaste, ¿sabes? Porque el hecho de tomar conciencia de que te pasase eso a ti... Pobre mujer. Primero desaparece su hija, nueve años después vuelve una chica y Lidia en un principio cree que es su hija. Después entra en el proceso en el que le dicen la causa de la desaparición, que ella no recuerda, y después descubre que no es su niña. Pues claro, es un choque brutal para ella. Por un lado porque tiene la guerra esa de sentir ya como una amenaza a esa chica, y por otro lado que es una niña. En capítulos anteriores tuvo la oportunidad de desenmascararla de una manera más agresiva y más fuerte, pero le pide a Lalo que no lo haga, porque en definitiva es una niña y el instinto maternal de ella hace a la vez que en un momento dado quiera protegerla. Pero es esa guerra de decir: por un lado eres una niña y por otro me has estafado. «No toques nada de lo que es de mi hija, y lárgate», le dijo.

-Os pusieron hasta el mismo nombre.

-Sí, sí, eso fue curioso. Yo nunca había interpretado a un personaje con mi mismo nombre. Bueno, ella es Lidia con i latina y mis padres me pusieron Lydia con i griega.

-¿Te sientes identificada con ella? ¿También te cuesta ver la maldad de las cosas?

-Me siento identificada en la característica principal, que es la de ser madre. Yo soy madre de tres... iba a decirte niños, pero la mayor me mata, ja, ja. Tengo tres hijos maravillosos. El plantearte determinadas cosas... Yo que sé, por ponerte un ejemplo, hubo una secuencia que fue muy dura pero muy bonita de hacer. Hasta el cielo nos acompañaba en Santander, cuando le dicen a Lidia que su hija está enterrada allí. Solo imaginarte el que ahí debajo pueda estar abandonado un hijo tuyo, puede ser el nexo más importante entre nosotras, el amor por los hijos y la importancia que se le da a la familia. Hay otras cosas que a lo mejor nos separan más, pero hay un punto, otra característica, que es la adoración que siente hacia su padre. Esos son los puntos en los que más me he podido ver reflejada. Lo importante del personaje es la evolución de una actitud más sumisa y de aceptación a un rol de querer volver a tomar un poquito las riendas de tu vida e ir perdiendo los miedos a una situación, o estar viviendo en un entorno social que pide una serie de cosas y dejas de ser un poco tú misma.

-Bueno, eso nos pasa a todos en algún momento por circunstancias.

-Sí, sí. El otro día lo estaba hablando con una amiga, que lo bueno que tiene hacerse mayor, entre otras cosas, es eso, que los miedos de los que te hablaba los vas quitando y ya te vas aceptando más cómo eres tú y quieres dejar de agradar a los demás para agradarte a ti misma y ser coherente con lo que piensas.

-Tienes muy buena relación con tu hija mayor. Una vez dijo: «El día que mi madre traiga a un hombre a casa le voy a pasar la ITV». ¿Qué te parece?

-¡Ja, ja, ja! Tengo una relación fantástica con mis tres hijos, y lógicamente con Andrea, al ser la mayor... Ella tiene 26 aunque a veces no lo parece porque... bueno, afortunadamente la genética en eso le acompaña, ¿no? Por parte de su padre y por mi parte. Los abuelos tampoco nunca han aparentado la edad que tenían. Hemos pasado muchas cosas juntas siempre, y hemos estado superunidas y con una relación de confianza absoluta. Aunque sí que es verdad que se respeta el estatus, en las situaciones que lo requieren, de madre e hija, ¿sabes? No puedes siempre ir de amiga. En el momento en el que me tengo que cuadrar como madre, me cuadro. Pero sí que tenemos la confianza absoluta, yo de contarle todas mis cosas y ella también las suyas. Nos respetamos mucho, que creo que es la base en cualquier relación, ya sea de amigos, de pareja o entre hijos, ¿no? El respeto y la admiración. Y yo admiro a cada uno de mis hijos.

-Cumpliste 55 años. ¿Dónde hay que firmar?

-La edad es un número, simplemente un número. Yo creo que lo importante es la actitud ante la vida, y eso es lo que te hace estar bien, y si te cuidas mejor que mejor.

-No, no, si está claro que tú te cuidas... Ya te he visto en algún entreno en Instagram, que además los compartes con algún compañero de la serie.

-¡Sí! Con José Luis García Pérez [que encarna al periodista Lalo Ruiz en la serie], que estoy encantada. Para mí se ha convertido en una necesidad. A ver, no es algo enfermizo, pero sí que soy consciente de que me hace estar muchísimo mejor, cuido la alimentación... Porque todo es una rueda, ¿sabes? Si nos cuidamos en todos los aspectos, en todos: físico, mental, espiritual... es un conjunto que te hace estar bien contigo misma, que en el fondo es como una tiene que estar. Y a quien no le apetezca hacer ejercicio, me parece fenomenal también. Lo importante es que cada uno esté bien y tenga la coherencia con uno mismo de hacer las cosas que a uno le apetezcan, siempre que no fastidies a nadie.

-En la serie rodaste un desnudo, creo que es la primera vez que te vemos en una de estas...

-No era un desnudo integral, lo que pasa es que estaba expuesto de una manera, sentados de una forma determinada... Yo llevaba mi braguita y el pecho estaba tapado, ¿sabes? Pero con los brazos y tal parecía que no. No, no he tenido muchas secuencias así porque no venían a cuento tampoco. Yo creo que esta era necesaria y estuvo tratada con mucha elegancia y muy bien. Las cosas cuando se hacen con sinceridad están bien hechas.

-No sé qué pasa que a lo largo de toda tu carrera siempre te han dado papeles de sufrir, de drama, de intensidad...

-Sí, es verdad, es verdad. Bueno, empecé con papeles a lo mejor un poquito más joviales por la edad, y de tener menos conflictos. Pero estos últimos años la verdad es que sí que son papeles muy de mujer sufridora. Estoy a gusto en ellos, pero bueno, me gustaría también hacer otro tipo de personajes. ¿Pero sabes lo que te digo? Lo que a mí me gusta es trabajar. ¿Que siguen tocando personajes de este tinte? Pues bienvenidos sean, y si tocan otros menos intensos dramáticamente y con otro tipo de riqueza, pues fenomenal. Lo importante es poder seguir trabajando en esta profesión que me da la vida.

-Son roles que contrastan un poco con la imagen que tenemos de ti, siempre con una sonrisa. Tú eres de sonreír.

-Sí, sí, ja, ja. Yo soy de sonrisa fácil y de lágrima fácil también. Yo veo una película de esas de llorar y soy de las que lloro, pero que me pongo a llorar así como de hipo, que se acaba la película y tengo que quedarme sentada porque si no me muero de la vergüenza de que me vean así. Pero soy una persona risueña porque yo creo que es la manera de que las cosas te funcionen. Creo que todos tenemos problemas, todos hemos pasado por sombras, por luces, pero hay que encarar la situación con positividad y aun viviendo situaciones dolorosas, intentar sacar la parte de enseñanza de lo que has vivido.

-De lo malo también salen cosas buenas, ¿verdad?

-En toda, en toda situación, hay una parte que te hace crecer, que te hace mover. Yo intento sonreírle a la vida y hacer fácil la vida de los demás, porque creo que el buen rollo llama al buen rollo, y el mal rollo y la parte negra también acaba rodeándote de energía así más oscura y yo... uf, yo no quiero eso. Yo quiero estar bien, quiero vivir y ver la parte positiva de la vida. Bueno, es que en realidad yo ya casi nunca veo las noticias, ¿sabes? Ves un mínimo porque sientes que tienes que estar informada, pero me da la sensación de que nos están siempre bombardeando con cosas malas y terribles, que las hay, pero es que también hay muchas cosas buenas que no se dicen...

-Pues precisamente estás en YES, aquí todo es positivo.

-¡Qué guay, qué bien! Es que es así, en realidad. Y si tú aprendes a mirar la vida a través de este color, a través del sí y no del no... Bueno, aunque hay muchas veces que hay que decir un no, ¿eh?, porque es importantísimo. Pero el sí me refiero a la actitud positiva y a aprender a ver la vida con el vaso medio lleno.

-Hace poco tuvisteis el reencuentro de «Médico de Familia». ¿Te sigue sorprendiendo la expectación después de tantos años?

-Sí, bueno, es que la verdad es que marcó un hito Médico de familia. Y hasta en la universidad de la profesión, o en Publicidad, Márketing e Imagen, se pone como ejemplo del bum que fue. Yo creo que fue una serie ?y eso que ya había más cadenas, no como al principio cuando empecé en el Un, dos, tres, que solo había dos canales y era más fácil que te vieran? innovadora en su época porque entró en el mundo cocina. Había distintos tipos: el abuelo, la persona que se encargaba de las tareas de la casa, interpretada por Luisa Martín, el amigo pillo, el chico, la chica, los hijos, la madre, la suegra... Era muy fácil que cada uno pudiera identificarse un poquito. Estoy absolutamente orgullosa de haber participado en una serie como Médico de familia. Pasamos cinco años maravillosos y la guardo en el corazón.

-Nunca dejaste de lado tu carrera, en ningún momento.

-Sí, ha habido algunos paréntesis, pero cuando a lo mejor lo dejaba aparecía en anuncios haciendo publicidad, entonces a nivel de imagen es como que no salías de las casas. Y siempre digo que también he tenido la suerte de granjearme el cariño de las personas, porque he estado en programas y en series que han marcado.

-Sí, como «Motivos personales». Otro dramón.

-¡Sí! Era una cosa... cuando abría el coche y aparecía ahí el muerto... Qué buena serie, ¿verdad? Si pudiese poner el pie en la tercera parte, que era maravillosa, sería genial. Es que Javier Holgado y Carlos Vila eran unos guionistas maravillosos, bueno, son los mismos que ahora hacen Presunto culpable. Y son unas personas con una capacidad de inventiva y un talento fenomenal. Estoy deseando y cruzando los dedos para poder hacer otra vez un personaje que escriban ellos.

-¿Seguirá girando entonces la rueda? ¿Tienes algo en cola para no detener la marcha?

-Firmado todavía no hay nada, pero sí que se están cociendo cosas, aunque todavía no puedo contarlas. Yo hasta que no lo veo escrito, firmado y te dicen: «Empezamos con los ensayos», nunca digo nada porque estas cosas, y más en nuestra profesión, algunas veces se caen.

-¡Y basta que lo digas antes para que se caigan!

-Bueno, no te creas... no soy muy supersticiosa. Yo empecé mi carrera en el teatro en un decorado amarillo, imagínate, dicen que es lo peor, que da mala suerte. No, no soy supersticiosa. Bueno, mentira. Cuando hay una escalera abierta no paso por debajo, eso sí que es cierto. Y me fastidia un poquito que se me cruce un gato negro. Pero por lo demás, lo de la sal y esas cosas, no ¡Ja, ja!

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