El cuerpo femenino en la música: ¿cosificación o empoderamiento?

Expertos debaten en A Coruña sobre el sexismo en los videoclips dentro de unas jornadas de feminismo e industria musical


redacción / la voz

El cuerpo se usa como reclamo en la música y ello adquiere su máxima expresión en el terreno del videoclip. «Es una herramienta poderosa que va reproduciendo los estereotipos de género y cosificando a la mujer». Lo dice Angels Bronsoms, periodista e investigadora en género y música de la UAB, como punto de arranque del debate sobre el uso del cuerpo de la mujer en la música. Es una de las múltiples mesas redondas que conforman las Xornadas sobre Feminismo e Industria Musical promovidas por Mujeres de la Industria Musical (MIM) en A Coruña.

En la mesa del Centro Cívico Cidade Vella se encuentran además la cantante viguesa Sofía Trigo (Wöyza), el director audiovisual Xaime Miranda y la presidenta de MIM Carmen Zapata. La primera lo tiene claro: «La sexualidad atrae al público. Y la industria te está obligando a que adoptes ese papel. Tú sabes que si sacas pierna en un vídeo tienes más posibilidades de tener más likes o visionados que si no las sacas».

¿No elige libremente entonces el artista pulsar el botón de esa sexualización? Carmen Zapata cree que no: «Usar un atajo para lograr el éxito mediante la sexualización de esa propuesta es muy tentador. Cuando te lo ponen más fácil si eliges determinado camino te están forzando de alguna manera a hacer eso. Para mí no se elige libremente. Lo más complicado es situar las líneas rojas. Cuesta mucho saber dónde acaba la cosificación y dónde empieza el empoderamiento».

Pronto surge una figura de doble filo: Beyoncé. La actual reina del pop ejemplifica a la perfección cómo esas líneas rojas pueden llevar a una u otra apreciación fácilmente. Sofía Trigo lo explica: «Lo que hizo en el festival de Coachella este año es brutal. Era la primera mujer en no sé cuántos años de festival que lideraba el evento y va y sube a todas esas mujeres al escenario. Es impresionante. Ahí le está pegando un toque de atención al mundo. Pero, por otro lado, sus canciones no dejan de hablar del romanticismo típico y no deja de sexualizarse para todo». Hace una sugerencia a los asistentes: «Es mucho mejor el feminismo de su hermana, Solange».

Beyoncé durante su actuación en el festival de Coachella
Beyoncé durante su actuación en el festival de Coachella

Xaime Miranda arranca su intervención diciendo que no piensa que «exista un plan perverso» para cosificar a las mujeres. Pero, al mismo tiempo, sostiene que se siguen «unos estándares y unas tendencias sobre las que muchas veces no se reflexiona». Él firma un videoclip impactante, Nunca máis de Oh Ayatollah.

Da la vuelta a la tortilla: un hombre aparece desnudo mientras dos mujeres tiran billetes sobre él. «Eso lo vemos en un hombre y nos parece gracioso. En una mujer ya no nos lo parece», reflexiona. Sus palabras sirven, para Carmen Zapata, de test definitivo: «Cuando tienes dudas de si algo es machismo, dale la vuelta. Pon un hombre en el lugar de esa mujer. Si parece una parodia, no lo dudes: es machismo».

Zapata resalta el caso de Clara Peya como un ejemplo de empoderamiento con el uso del cuerpo. «Ella tiene aspecto andrógino y una belleza no normativa. En su último disco sale con una foto de su torso descubierto y los pechos borrados». También se quiere hablar del hombre como objeto sexual. «Hay una diferencia sustancial -puntualiza Miranda-. El ejemplo es el vídeo de C. Tangana y Becky G. Se podría decir que los dos están sexualizados, pero hay una diferencia. Cuando se presenta a C. Tangana siempre está él en una postura de superioridad o aparece rodeado de muchas más chicas. Para ellas los hombres no son un elemento de estatus».

Al final, parece existir un consenso sobre el origen de este panorama. «La industria la manejan hombres que imponen una mirada masculina», resume Carmen Zapata. «Incluso apelan al lesbianismo lipstick, el que suele gustar más a los hombres», añade.

¿Cuánto sexismo cabe en un videoclip de reggaetón? En la música, la moda, la publicidad... e incluso la previsión meteorológica. La mujer reducida a un objeto en multitud de mensajes dirigidos a audiencias millonarias. Ni siquiera la canción del momento, «Despacito», escapa a esta circunstancia

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